domingo, 23 de febrero de 2014

La violencia en el deporte ≪Sobre la Mesa≫ o el lente desenfocado hacia el género

Un hecho violento ocupó la atención de los medios de comunicación cubanos en días recientes. El jugador de beisbol Ramón Lunar fue agredido físicamente (con un bate de pelota en la cara) por el pitcher Demis Valdés en pleno estadio.
Las manifestaciones violentas en los estadios cubanos no son nuevas. Deportistas y público asistente han mostrado comportamientos violentos, sin que nuestros medios de comunicación puedan impedir su impacto, pues se tratan de transmisiones en vivo que escapan de la censura mediática acostumbrada.
Con el deporte se ha abierto la caja de pandora, pues deporte en Cuba y en especial el beisbol, significan identidad nacional. Históricamente hablando muestran un ascenso preocupante, a tono con los cambios operados en el tejido social cubano, que tuvo su acmé durante la profunda crisis económica y social que sufrimos desde la década de 1990. 
De todo eso se habló en la última edición de la Mesa Redonda de los viernes ≪Sobre la Mesa≫. El espacio se ha convertido en tibio y sostenido asomo de la cabeza del debate entre expertos y  también se hacen escuchar las opiniones y el disenso de la ciudadanía.Las y los expertos, también el público entrevistado, reconocieron que se trata de un asunto complejo, con muchas aristas. Se habló de educación, de valores, de medidas disciplinarias más severas y de prevención. También se destacó el encomiable trabajo comunitario de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades -coordinada por Julio César González Pagés, quien también fungió como panelista en el programa- en la prevención y sensibilización contra la violencia en el deporte.
Algunos hombres entrevistados dijeron que ≪el deporte es de hombres, es tener sangre en las venas≫. Lo que este cubano dijo se llama ≪naturalización  de la violencia≫ y tiene una marcada influencia de las normas de género impuestas por nuestra cultura machista. Hasta donde sé las mujeres también tienen sangre en las venas, a lo mejor el compañero quiso decir ≪el deporte es de hombres, es tener testosterona en las venas≫.  Ni siquiera es exacta esta última afirmación, pues las mujeres también tienen testosterona en sangre, aunque con niveles inferiores. Perdone la lectora o lector tal digresión, solamente quiero señalar que aquí se ponen en juego los mandatos culturales que aprendemos desde muy temprano sobre los significados de las masculinidades hegemónicas. Por lo tanto el asunto de la violencia pasa también por un asunto de género, no es natural ni biológico.
Para ser un ≪verdadero hombre, un macho≫ se requiere ser violento, competitivo, temerario, agresivo e hipersexual. En el beisbol cubano, algunos deportistas se tocan los genitales antes de batear, también escupen y muestran gestos groseros cuando cometen un error. Pero eso, en tanto simbólico, nos resulta natural y no requiere debate. No por gusto, nuestros psicólogos conductuales prescribían (¿prescriben aún?) la práctica del beisbol a los niños afeminados, como si fuese un remedio masculinizante.
Otro ejemplo sobre la violencia simbólica, que no advertimos, que opera ante nuestros ojos de forma fluida y acrítica: hace poco tiempo se produjo una discusión en pleno juego de beisbol y las cámaras de la TV nacional desviaron su enfoque a las nalgas de una de las porristas (versión tropical de las cheerleaders estadounidenses). De esta manera se legitima el cuerpo de la mujer como objeto sexual, como ente dispersor de la atención y en ello no advertimos violencia alguna.
Julio César opinó que no se debe culpar a la masculinidad de la violencia, pues las mujeres también la practican. Coincido con él parcialmente, las relaciones de género se basan en el poder asimétrico. Se piensa en género y se evoca el papel de las hegemonías en las relaciones humanas. Las mujeres violentas también son hegemónicas y producen violencia mediante el discurso, los comportamientos y la gestualidad que son afines y constitutivos al poder del patriarcado.
También existen masculinidades no hegemónicas. Son ≪raras≫ en nuestro contexto y miradas sospechosamente por las normas culturales, pero sin dudas útiles en el desaprendizaje de las relaciones hegemónicas entre los seres humanos.
El experto dijo que la violencia es aprendida y de inmediato pensé en la educación que recibimos en nuestras familias y las escuelas, ambas tan restringidas a las relaciones asimétricas de poder.  Me preocupo, pues de manera general, la educación escolar en Cuba sigue siendo bancaria (modelo de experto, pobremente dialógica), promueve la homogenización de las personas en nombre de una falsa unidad y no estimula el desarrollo del pensamiento crítico. Todo ello es violento en sí mismo y genera violencia. Este es a mi juicio uno de los aspectos que debemos modificar, además de la necesidad de aplicar un enfoque de género no binario (que no reconoce solamente a lo masculino y lo femenino) y equitativo en todos los niveles de enseñanza. Este enfoque debe hacerse extensivo hacia otros ámbitos del espacio público: familiar, laboral, etc.
Creo fervientemente en que se puede jugar buen beisbol –o cualquier otro deporte-sin necesidad de reafirmarnos constantemente como masculinos. Creo en la competencia cordial, solidaria y que nos haga disfrutar de un buen espectáculo. La conductora del panel televisivo cerró el programa con una pregunta a las y los panelistas: ¿qué hacer? Me encantó eso, pues hemos perdido ya demasiado tiempo haciendo diagnósticos y catarsis sin soluciones prácticas. [Centro Habana, 23 de febrero de 2014]

jueves, 13 de febrero de 2014

Amores que importan o que no se atreven decir sus nombres

Aunque pueda parecer ridículo por la obviedad –para algunos puede que hasta cursi-  este post tratará, un día como hoy, sobre el amor. Mejor dicho, sobre los amores, pues hay muchas maneras de amar, aunque algunos se empeñen en establecer normas, decretos, políticas y hasta producir conocimientos sobre y en nombre de las relaciones amorosas.

Los medios de comunicación, en particular la televisión, empezaron temprano con su avalancha de mensajes por el Día de los Enamorados. Cubavisión, "El canal de la familia cubana" [nótese el uso normativo del singular, pues siguen empeñados en que hay un solo tipo de familia o al parecer los demás canales de TV no se dirigen al clan familiar], entre otros, anuncian, sin que falten los corazones rojos, a las relaciones de parejas heterosexuales y a la familia –otra vez el singular- nuclear y heteronormativa.

El insistente mensaje, como un performance de ocurrencia anual, borra una vez más la existencia de otros amores, esos prohibidos y condenados por siglos, percibidos como abyectos y no productivos. Contradice sin cesar la verbalizada voluntad política de construir una nación ≪unida en la diversidad≫.

A mi mente vienen la demonización y patologización de las relaciones amorosas entre hombres por nuestra cultura hetero- machista, que las reducen a puro sexo licencioso, a mera diversión y desorden, donde no median afectos. Se dice gay y se piensa de inmediato en promiscuidad en que somos fornicadores empedernidos.

Aunque las frases apelan a sujetos que pasamos más del noventa por ciento del día pensando en sexo, no es así. Disculpen la ironía: ≪desafortunadamente≫.

También construimos relaciones amorosas otras, aunque algunas no muy diferentes a las normas heterosexistas. Enfrentamos conflictos, alegrías y placeres similares, como cualquier ser humano. Hemos aprendido a sobrevivir con el estigma y algunos lo utilizamos como afronta al poder de las hipócritas normas que pretenden regular nuestros cuerpos y sexualidades.
 
Hablo desde mi propia experiencia de quince años junto a un hombre maravilloso, imperfecto en tanto humano. No es la mía una relación modélica, evito semejante término que adoran los psicólogos cuando se refieren normativamente a los "ideales de pareja" (heterosexuales, claro está")
 
Los desafíos son diarios y grandes, tanto en el ámbito público como en el privado. Nadie legitimará por nosotros las relaciones entre personas del mismo género ni otras prácticas afectivo-eróticas también válidas. Esa es nuestra responsabilidad absoluta. Parafraseando a Judith Butler y a Oscar Wilde: somos cuerpos y amores que importan, que no tememos decir –alto y claro­­- nuestros nombres. [Centro Habana, 14 de febrero de 2014]

jueves, 6 de febrero de 2014

¡No a la violencia! ¡Protección a las personas LGBT vulnerables a los crímenes de odio!

Hace unos días supe, durante una visita de un amigo, que habían asesinado el pasado 29 de enero al director de teatro y diseñador escenográfico Tony Díaz. La noticia se diseminó por correos electrónicos. Aunque no lo conocí personalmente, Tony fue una persona que asumía públicamente su homosexualidad.

En mi cuenta de correo electrónico recibí una nota escrita por el destacado académico, amigo y activista Julio César González Pagés, publicada en el blog del Observatorio Crítico de Cuba.

En la nota (que he decidido anexar a este post, tal y como la recibí en mi buzón) leo con alarma que el posible móvil del asesinato fue un crimen de odio por homofobia. También me horrorizó leer que se produjeron más de cuarenta (40) asesinatos a homosexuales en Cuba en iguales circunstancias en el 2013.

Tomo nota del hecho de que las víctimas sean homosexuales. Sin dudas, la orientación sexual es un factor que hace vulnerable a las personas a actos de violencia. También se han asesinado personas trans cubanas, por sus parejas o en extrañas circunstancias que no se han hecho públicas.

Sin embargo, interpreto con cautela la etiqueta de crimen de odio. En un post anterior que publiqué en esta bitácora lo citaba como ≪cualquier tipo de agresión a una persona o grupo específico de personas (agresión física y verbal, homicidio, amenazas) motivado por un estigma identitario (color de la piel, religión, origen étnico o nacional, orientación sexual e identidad de género). ≫

Mi prudencia obedece a la complejidad que subyace en la tipificación de un crimen de odio. A mi entender interactúan los siguientes factores:

  • .Nuestros agentes del orden, y las y los expertos en criminalística no tienen tipificado los crímenes de odio.
  • .Ausencia de leyes penales específicas que consideren como agravante al odio por estigmas identitarios.
  • .Ausencia de una institución con políticas transparentes que monitoree los crímenes de odio por orientación sexual e identidad de género y otras causas, que también pudiera hacerse cargo de la coordinación de las estrategias para su prevención, la investigación científica, la formación de recursos humanos y las acciones de abogacía que fortalecerían el papel del estado cubano como garante del derecho a la vida y a la convivencia pacífica. En fin de cuenta ¿de dónde proviene la estadística mencionada en la nota del Observatorio Crítico?
  • .Deficientes políticas educativas que promuevan la prevención, reconocimiento y enfrentamiento a los crímenes de odio. Como brillante excepción se cuentan aquí las campañas de bien público por la No Violencia Hacia la Mujer, con el  acompañamiento de las agencias de las Naciones Unidas. El propio Julio César ha sido un destacado líder de opinión sobre este tema y lo ha extendido más allá de la violencia hacia las mujeres. Se requiere de  mayor participación ciudadana y del establecimiento de políticas de estado en relación a esta problemática.
  • .Prejuicios homofóbicos, transfóbicos, misóginos y racistas de los agentes del orden, los médicos legistas, los operadores del Derecho y de las y los expertos que de una manera u otra se involucran en la investigación criminalística. Personalmente he escuchado que cuando víctima o victimario son personas con sexualidades no heterosexuales o con identidades trans,  algunos investigadores les llaman ≪caso paloma≫. Quizás por mi incultura etnológica no me queda clara la relación entre la ornitología y la orientación sexual (recuérdese que en nuestro etnos macho-homofóbico también se usan las voces pájaro, pato y ganso para referirse a las personas homosexuales). Algunos criminalistas también verbalizan en público otras lamentables lindezas: ≪los homosexuales cuando se enamoran matan≫.

La discriminación por orientación sexual e identidad de género que impera en nuestra cultura sitúa en la diana de la violencia principalmente a hombres homosexuales en la edad madura, que viven solos y que usan los servicios sexuales de maleantes, pingueros y asesinos. En ocasiones el o los victimarios asesinan no sólo por odio sino también para robar o por muchos otros motivos interrelacionados.

Michel Foucault escribió hace más de cuarenta años que en el siglo XIX los seres humanos que vivimos en eso que llamamos ≪civilización≫ occidental nos convertimos en homo criminalis (después de una transición de homo sapiens a homo economicus  y a homo legalis). La criminología surgió como ciencia destinada a vigilar y a castigar, estigmatizó y ninguneó a las sexualidades no heterosexuales. Es tiempo ya de que cambie sus derroteros y campos de acción hacia una sociedad construida sobre los fundamentos de una cultura de paz. En Cuba no sólo es posible, es también perentorio.

Me sumo a la denuncia realizada por Julio César y rechazo cualquier acto de violencia, sobre todo cuando atenta contra uno de los derechos humanos más sagrados: la vida. ¡No a la violencia! Venga de donde venga, así sea psicológica, física o simbólica e independientemente de la identidad de género, la orientación sexual, la edad o el color de la piel de la(s) víctima(s). [Centro Habana, 6 de febrero de 2014]


A continuación la nota de Julio César González Pagés:

 
Asesinan a Tony Díaz

Publicado en febrero 1, 2014 de luchatuyucataino

Un duro golpe para el teatro cubano y la comunidad LGBT
Por Julio César González Pagés
Historiador, Profesor de la Universidad de La Habana, Escritor


Con mucha tristeza recibí la muerte el pasado 29 de enero del destacado director y diseñador escenográfico Tony Díaz. Al momento de su muerte preparábamos una versión de "Escándalo en la trapa" de José R. Brene, basándonos en mi libro Por andar vestida de hombre sobre la vida de la suiza Enriqueta Favez.
Nació en la ciudad de Cienfuegos el 9 de octubre de 1944. En cuatro décadas de trabajo Tony Díaz acumuló una vasta experiencia como diseñador escenográfico, vestuarista e iluminador. Fundó Mefisto Teatro en el 2005, compañía que dirigía y con la cual estrenó obras como "Huevos", del escritor matancero Ulises Rodríguez Febles; y los musicales "Chicago" y "Cabaret".
El asesinato de Tony Díaz sucedió en circunstancias que aún están por esclarecer por parte de la policía. Todo parece indicar que será un nuevo crimen de odio hacia la comunidad LGTB en Cuba, la cual ha visto un aumento de este tipo de flagelo en los últimos tres años. El homicidio es uno más en una lista de crímenes de odio hacia la comunidad LGTB en Cuba que en el 2013 reportó más de cuarenta asesinatos a homosexuales en iguales circunstancias. Figuras públicas como el bailarín y coreógrafo guantanamero Alfredo Velázquez y el economista Eduardo Pérez de Corcho, fueron parte de una amplia lista de muertes, algunas aún no aclaradas.
Tu voz es fundamental en la condena.
¡Yo digo NO a la violencia contra la comunidad LGTB en Cuba!
¡No a la Homofobia!
Tony Díaz descansa en paz, los sueños de llevar a Enriqueta Favez en otra dimensión al teatro no podrán

sábado, 1 de febrero de 2014

A la memoria de Cary

 
No me agrada escribir obituarios. Quizás por ser intensivista y mi constante relación directa con la muerte y con momentos extremos en la vida de las personas. Sin embargo, desde hace varios días he sentido la necesidad de dedicar unas líneas a la memoria de Caridad García Hernández, o simplemente Cary, como la llamamos todos.

  La noticia de su muerte me llegó de golpe, mientras me encontraba hospitalizado. De la triste sorpresa pasé de inmediato a recordar cuando la conocí en el año 2011 durante una actividad por el Día de la Salud Sexual en la intercepción de las calles G y 23.
 
El grupo Hombres por la Diversidad (HxD) había aumentado al doble su membrecía y ya no era un colectivo exclusivo de hombres blancos, urbanos y casi todos universitarios. Me fascinó conocer a aquella singular mujer que pasando los sesenta años usaba gorra deportiva y quería formar parte de HxD.
 
Desde entonces jamás faltó a ningún encuentro. Siempre dispuesta a aprender y aportar sus experiencias, humilde, optimista, capaz de relacionarse con personas con sexualidades y credos tan diversos.

  Nunca olvidaré aquella capacitación, en la que tanto aprendí desde la facilitación, cuando debatimos sobre las identidades sexuales y de género, sus significados y sus limitaciones. Cary, desde su heterosexualidad, nos enseñó sobre el respeto a la dignidad de los seres humanos.

Siempre me dijo ≪profe≫. Creo que fue a una de las pocas personas que se lo permitía. Quizás, por su venerable edad y su autenticidad, no me atreví a prohibírselo.

  Aún después de mi renuncia a la coordinación del grupo y en los momentos más difíciles que prosiguieron a tantos acontecimientos desagradables, no olvidaré sus llamadas a mi casa brindándonos su apoyo y su humilde solidaridad. La lealtad de Cary la hacía singular. Sólo la muerte detuvo a un ser humano con tantas ganas de hacer y de aportar. [Centro Habana, 1 de febrero de 2014]