domingo, 8 de febrero de 2009

El erotismo masculino desde la homosexualidad y la bisexualidad

Por: Alberto Roque Guerra
(Versión de la conferencia impartida en el Hemiciclo de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes, el 30 de enero del 2009, en el Panel “Pregunte usted lo que quiera: Expresiones de la sexualidad y el erotismo” como parte de la exposición “Erótica, erotismo y sexualidad en el arte”)

Homoerotismo

¿Existe el homoerotismo? ¿Existen diferencias entre el comportamiento erótico de hombres homosexuales, bisexuales y heterosexuales?

El homoerotismo se ha contemplado ampliamente en el contexto de las artes y la literatura científica, imprimiéndole un papel identitario cuando se aborda la sexualidad entre personas del mismo sexo. Sin embargo, la respuesta sexual humana es inherente a cada cuerpo, independientemente de su orientación sexual. Todas y todos tenemos potencialidades eróticas que son descubiertas, y explotadas en mayor o menor medida, en cada etapa de nuestras vidas. Los matices del erotismo tienen lógicas diferencias anatómicas entre hombres y mujeres; además de las múltiples influencias familiares, educativas y culturales.

Subrayo entonces el hecho de que el homoerotismo es una construcción social, que ha sido útil denominarlo de esta manera para abordarlo y comprenderlo mejor.

Desde el punto de vista psicológico y corporal, la capacidad de sentir placer erótico en los hombres homosexuales no difiere en lo absoluto a la de los hombres heterosexuales. Las diferencias radican en el contenido de las fantasías eróticas y en las maneras de expresar e intercambiar estas sensaciones.

Desafortunadamente, los hombres bisexuales han sido poco estudiados y extremadamente incomprendidos tanto por homosexuales como por heterosexuales. La orientación erótica y afectiva natural de estas personas hacia ambos sexos, resulta extremadamente interesante y muy rica en expresiones. El erotismo de estas personas rompe con los estereotipos impuestos de que nuestros cuerpos masculinos han sido “diseñados”, biológicamente o “por creación divina”, para sentir placer sexual exclusivamente con cuerpos femeninos.

Autoerotismo

La capacidad de obtener y disfrutar el placer sexual, a punto de partida de la estimulación propia de las zonas erógenas de nuestro cuerpo, constituye una práctica sexual saludable. La exploración de nuestro cuerpo es, sin dudas, la única manera de conocerlo a plenitud. Nos permite descubrir innumerables sensaciones de placer y desatar la capacidad de evocar fantasías eróticas que enriquecen la sexualidad como parte inseparable del desarrollo de la personalidad humana. Se practica el autoerotismo cuando se evocan representaciones visuales, auditivas, olfatorias, entre otras, que producen placer sexual.

La masturbación constituye una forma sana y placentera de expresar el autoerotismo. En las sociedades occidentales aún existen mitos y prejuicios relacionados con las prácticas masturbatorias. Es lamentable que la masturbación se focalice, fundamentalmente, en el área genital, cuando existen otras zonas del cuerpo capaces de desencadenar el placer sexual.


Erotismo en parejas homosexuales y sus variantes

El erotismo en parejas de hombres homosexuales incluye una serie de códigos que permiten una identificación entre estas personas y, en gran medida, se expresan de forma oculta, pues pasan desapercibidos por la mayoría de las personas heterosexuales. En mi opinión, esto es el resultado de la discriminación y exclusión de la vida pública que sufren los individuos homosexuales.

El “flete” o “fleteo”, que es como se conoce popularmente en Cuba el “flirteo” entre hombres, es una de las formas más frecuentes en que los varones homosexuales se reconocen entre sí. Esto incluye inflexiones de la voz, intenciones, gestos y miradas que pueden ser captadas a distancias inimaginables, sobre todo en los espacios públicos.

El intercambio erótico que ocurre entre dos hombres homosexuales se focaliza en la búsqueda del placer sexual mediante la estimulación mutua de zonas erógenas muy similares entre sí. Cabría preguntarse si esta forma de manifestar el erotismo garantiza de antemano alguna ventaja en comparación con el intercambio erótico entre personas de diferentes sexos. Si se toma en cuenta que muchas de las disfunciones sexuales entre parejas heterosexuales obedecen a la falta de conocimiento de la respuesta sexual o de las potencialidades eróticas del otro sexo, pienso que el erotismo entre personas homosexuales pudiera significar alguna ventaja, aunque se requiere de investigaciones científicas que lo demuestren.

La masturbación mutua -que incluye la práctica del sexo oral (buco-genital y buco-anal), las caricias de los genitales, la frotación del pene en diferentes regiones del cuerpo de la otra persona, entre otras- constituye una de las formas más placenteras y seguras del erotismo.

La penetración anal es también una fuente de intenso placer, siempre y cuando se realice por consentimiento mutuo. Se recomienda practicarlo con la lubricación y la dilatación necesarias que eviten lesiones en esta región del cuerpo. Esta práctica erótica no es exclusiva de los hombres homosexuales. En los intercambios eróticos de parejas heterosexuales también se practica esta forma de erotismo: las mujeres pueden ser penetradas por vía anal e, incluso, ellas pueden utilizar juegos eróticos en la zona anal de su pareja masculina, sin que esto se considere una práctica homosexual.

Los intercambios eróticos y afectivos en grupos –entiéndase entre más de dos personas- son formas válidas de expresar la sexualidad. En culturas antiguas se le daba un valor trascendental a estas prácticas. En esta exposición (“Erótica: erotismo y sensualidad en el arte”) podemos encontrar muestra de ello en los bellos jarrones de arte griego que exponen los llamados symposium.

En nuestros tiempos se conoce de la existencia de las triejas, relaciones poliamorosas estables donde el intercambio afectivo-erótico y sentimental se produce entre tres o más personas, sin que por ello se afecte la voluntad o los derechos de sus integrantes. También existen variantes denominadas “swinger”, que se aplican en relaciones homosexuales. Todo ello cuestiona los rígidos fundamentos en los que se han enmarcado tradicionalmente las relaciones sexuales entre los seres humanos; es decir, el único reconocimiento de una relación “sana y normal” a la pareja heterosexual monógama.

Bajo ningún concepto estoy promoviendo la poligamia, la promiscuidad ni el desenfreno sexual. Simplemente me limito a exponer variantes de la sexualidad humana, que se incluyen dentro de la variopinta diversidad del erotismo, siempre y cuando sea entre personas adultas y que expresen su pleno consentimiento a practicarlas.


Eros y sus mitos en la homosexualidad

El tamaño del pene se considera, al menos en nuestra cultura occidental, un asunto de importancia mayúscula. Los significados del falo, en el imaginario popular de nuestra tradición machista, dirigen la atención a centralizar la sexualidad en los genitales. Esta expresión falocéntrica se observa también entre hombres homosexuales, que reproducimos los patrones culturales aprendidos en el seno de nuestras propias familias y que generan múltiples comentarios y apreciaciones desde las primeras horas del nacimiento.

Las dimensiones en grados extremos, fundamentalmente en aquellas concebidas como pequeñas por el imaginario popular (un pene se define como pequeño cuando es menor de 6 cm., según las opiniones de los especialistas), condicionan la aparición de trastornos psicológicos también en los hombres homosexuales y bisexuales, que en ocasiones conllevan a disfunciones sexuales por la terrible angustia y descalificación que generan. Tener un pene de dimensiones “enormes” ofrece garantías de poder y dominación del macho sobre la persona poseída. Sin embargo, también estas personas corren el riesgo de ser rechazadas, por las molestias que pudieran producir durante la penetración, sobre todo anal.

Pienso que es necesario desarticular esta tradición falocéntrica en la educación sexual. Los cambios fundamentales deben realizarse en el contexto de la propia familia -donde apenas se habla de sexualidad- con el fin de lograr un disfrute más pleno del erotismo. En la enseñanza escolar debiera expandirse la educación sexual en estos temas, mucho más allá de las clásicas y anquilosadas definiciones biológicas, adecuadas a cada grupo de edades.

Debe desterrarse de una buena vez de nuestras mentes la falacia de que la sexualidad humana es instintiva. La sexualidad debe ser enseñada, para garantizar que se practique de forma plena y sana.

El sexo anal entre hombres generalmente se expresa en el imaginario a través de tres papeles fundamentales: pasivo –si se es penetrado o “poseído”-, activo –si se penetra o se “posee” al otro-, y versátil –si se practican ambos papeles. La figura del “macho dominante” se reproduce con el papel activo, quienes generalmente imponen un poder de dominación psicológica sobre el otro, lo cual no difiere en lo absoluto del comportamiento machista de muchos hombres heterosexuales.

Independientemente de las preferencias eróticas de cada individuo, esta construcción de roles de género es meramente social y se contrapone con la capacidad potencial que tenemos todos los varones de sentir placer mediante la penetración anal. También produce rechazo y discriminación contra las personas etiquetadas como “pasivas” y es fuente de disfunciones en las relaciones de pareja y en los intercambios eróticos fortuitos entre personas del mismo sexo.


Erotismo, homosexualidad y salud sexual

Las prácticas eróticas pueden conllevar a un riesgo para la salud. Los hombres que tienen sexo con hombres (HSH), constituyen uno de los grupos más vulnerables a las ITS, debido a que el 80% de las personas infectadas por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH/Sida) ocurre entre estas personas.

Las prácticas eróticas realizadas sin protección son las responsables de la transmisión de las ITS y el VIH/Sida, al permitir el intercambio de fluidos corporales. Las prácticas del sexo oral, con depósito de líquido seminal o semen en la boca, y del sexo anal desprotegido son las de mayor riesgo. De ahí la importancia de priorizar el trabajo de prevención.

En este sentido, se hace necesario dirigir aun más el contenido de las campañas de prevención contra la transmisión de las ITS y el VIH/Sida hacia los HSH. Los medios de difusión masiva son un poderoso instrumento para lograr este objetivo.


Homoerotismo desde los derechos sexuales

El derecho a la privacidad y también a expresar públicamente las relaciones afectivo-eróticas entre personas del mismo sexo, son derechos sexuales inalienables. La Asociación Mundial de Salud Sexual (WAS, por sus siglas en inglés) estableció en 1997 la “Declaración de los derechos sexuales”, entre los que destaco los siguientes:

1. El derecho a la libertad sexual. La libertad sexual abarca la posibilidad de la plena expresión del potencial sexual de los individuos. Sin embargo, esto excluye toda forma de coerción, explotación y abuso sexuales en cualquier tiempo y situación de la vida.

2. El derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexuales del cuerpo. Este derecho incluye la capacidad de tomar decisiones autónomas sobre la propia vida sexual dentro del contexto de la ética personal y social. También están incluidas la capacidad de control y disfrute de nuestros cuerpos, libres de tortura, mutilación y violencia de cualquier tipo.

3. El derecho a la privacidad sexual. Este involucra el derecho a las decisiones y conductas individuales realizadas en el ámbito de la intimidad siempre y cuando no interfieran en los derechos sexuales de otros.

4. El derecho a la equidad sexual. Este derecho se refiere a la oposición a todas las formas de discriminación, independientemente del sexo, género, orientación sexual, edad, raza, clase social, religión o limitación física o emocional.

5. El derecho al placer sexual. El placer sexual, incluyendo el autoerotismo, es fuente de bienestar físico, psicológico, intelectual y espiritual.

EL Código Penal cubano no contempla en ninguno de sus artículos la limitación del derecho de las personas homosexuales y bisexuales a disfrutar de sus relaciones afectivo-eróticas en privado, ni de mostrar sus afectos en público. Tampoco se cuenta con leyes en el Código Civil que protejan sus derechos.

El reconocimiento de estos derechos debe partir, en primer lugar, de cada uno de nosotros –no sólo de las personas homosexuales, sino también de las personas heterosexuales sensibilizadas con esta problemática. Independientemente del trabajo realizado por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y otras instituciones cubanas en este propósito, cada individuo tiene la responsabilidad de producir cambios en su contexto local, es decir en la familia, el vecindario, el centro de trabajo y la escuela. Esto permitirá los logros paulatinos de los cambios globales o macro sociales que garanticen el reconocimiento de la dignidad plena de los seres humanos y el disfrute de una sexualidad basada en la igualdad y el amor.

Derechos Homosexuales en Cuba: por el respeto a la dignidad humana

Alberto Roque Guerra
27 de mayo del 2008

El complejo proceso de formación del imaginario homófobo tiene marcados antecedentes religiosos que surgieron en gran parte de los países occidentales por la influencia del credo judeocristiano. De esa manera, con el paso de los siglos, se empoderó férreamente el pensamiento patriarcal, machista y heterosexual en las relaciones entre los seres humanos y se perpetuaron la discriminación y la marginalización de las mujeres y de toda aquella persona que se apartara de esas rígidas normas impuestas por la Iglesia. La Inquisición persiguió y eliminó a todo ser humano que desafiara estas relaciones de poder. Con el debilitamiento de la Iglesia y el aumento del papel gobernante del Estado en las formaciones sociales occidentales, el delito de pederastia se incluyó en los códigos penales de los países europeos y de sus colonias de ultramar.

El término homosexualidad surge en el siglo XIX con los aportes de la Medicina. El sexólogo inglés Havelock Ellis denominó entonces a estas personas como invertidas, designación que se popularizó posteriormente. Sin duda alguna, la Medicina profundizó el estigma contra las personas homosexuales.

A finales del siglo XIX y principios del XX, el sexólogo judío alemán, Magnus Hirschfeld, realizó importantes aportes a la comprensión de la sexualidad humana en sus expresiones más diversas y fue un valiente luchador por los derechos de las personas homosexuales y transgéneros. Lamentablemente, gran parte de su obra se perdió por la persecución nazi durante las primeras décadas del siglo XX.

En los años 60 y 70 del pasado siglo, surge el llamado movimiento de liberación homosexual en los Estados Unidos. En 1973 la Sociedad Americana de Psiquiatría concluía que “La homosexualidad, de por sí, no implica ningún impedimento en el juicio, la estabilidad, la confiabilidad ni las capacidades sociales y vocacionales en general…”. Sin embargo, no fue hasta el 17 de Mayo de 1990, que la Organización Mundial de la Salud eliminó del Manual de Enfermedades Mentales a la Homosexualidad.

Consecuentemente, la homofobia transitó por enfoques religiosos, jurídicos y científicos. Estas influencias fueron determinantes en la formación de la nación cubana y se complementaron con los aportes de los cultos africanos. El triunfo de la Revolución Cubana representó un avance en eliminar la discriminación racial y de género, sin embargo, no fue así con el reconocimiento de las personas homosexuales. De hecho, se cometieron injusticias y arbitrariedades avaladas por criterios médicos, políticos y jurídicos. La ostentación pública de la homosexualidad siguió siendo penada por la Ley hasta la década de 1980.

Los últimos 18 años han sido favorables en la evolución del imaginario social en este sentido, sin embargo, la sociedad cubana actual continúa permeada de ideas y concepciones machistas y patriarcales, a pesar de los esfuerzos realizados por la Revolución por eliminar esta herencia cultural de casi 500 años. La familia, como núcleo fundamental de la sociedad, es el marco fundacional de estas relaciones de poder. Las personas homosexuales nacen y crecen, en la mayoría abrumadora de los casos, en el seno de una familia heteroparental, es decir, son hijos de padres heterosexuales y crecen, por lo tanto, bajo códigos heterosexistas y machistas.

La orientación erótica hacia personas del mismo sexo –homosexualidad- o hacia ambos sexos- bisexualidad- se forma natural en inconscientemente a lo largo de la niñez y se consolida al final de la adolescencia. La dura tarea de ser “macho”, de la cual tampoco escapan los varones heterosexuales, conlleva a una alta carga de responsabilidad para los padres. La simple insinuación o muestra de que la homosexualidad o la bisexualidad será una de las maneras de expresar la sexualidad se convierte en una tragedia para toda la familia. Nadie escapa a ese sufrimiento.

La invisibilidad de las lesbianas, discriminadas doblemente por el hecho de ser mujeres y homosexuales, así como el rechazo abierto a las personas transgéneros –travestis y transexuales- son una realidad en la Cuba de hoy.

La marcada resistencia a comprender esta realidad deriva en la exclusión, la marginación y hasta el maltrato físico de los niños y adolescentes que comienzan a tener inclinaciones homosexuales. Ellos crecen con una marcada culpa ante la ingenuidad para entender el motivo de estas acciones. La familia se fracciona y ha provocado hasta la ocurrencia de suicidio de algunos de sus miembros.

Bajo estas mismas condiciones se esgrimen hoy día todas las razones para impedir que las parejas homosexuales formen una familia -en este caso homoparental-. Pero, ¿cual es el referente de la familia homoparental? Los estudios realizados en otras sociedades de occidente demuestran que las niñas y los niños que crecen bajo la tutela de padres del mismo sexo no presentan una mayor incidencia de trastornos psicológicos ni de problemas con el aprendizaje en comparación con las hijas e hijos de personas heterosexuales. El ejercicio de la maternidad y de la paternidad, además de ser un derecho, no guarda relación alguna con la orientación sexual ni con la identidad de género. La familia homoparental no representa una amenaza a la fecundidad ni a la reproducción humanas. Las personas homosexuales, bisexuales y transgéneros – de ambos sexos- desean ejercer una maternidad y una paternidad responsables y son capaces de transmitir valores morales.

El reconocimiento legal de las parejas homosexuales en nuestro país es también un asunto pendiente. Mientras perdure esta situación, seguirá siendo discriminatoria. Muchas personas de nuestra generación han adoptado el concubinato como forma de unión entre personas de diferentes sexos que es reconocida ante la ley con las mismas prerrogativas que el sacrosanto matrimonio. Las parejas de hecho son, al menos en Cuba, la forma más viable por el momento, de lograr el reconocimiento legal de estas uniones. Esto no representa tampoco una amenaza a la institución del matrimonio. La familia es el objetivo fundamental a sensibilizar sobre los temas de la diversidad sexual. Las instituciones y los actores de la sociedad civil tendremos que continuar desarrollando un intenso trabajo educativo que permita revertir los prejuicios relacionados con la sexualidad.

La educación en asumir una sexualidad sana y responsable debe formar parte de los programas educativos en todos los niveles de enseñanza mediante la implementación del Programa Nacional de Educación Sexual.

Los medios de difusión desempeñan un papel fundamental en la lucha contra la homofobia. La realidad de las personas homosexuales en Cuba aun tiene un pálido reflejo en los medios. El acercamiento a la espiritualidad de las personas homosexuales y transgéneros se realiza desde una perspectiva eminentemente heteroxesista, en la que se silencia a la persona homosexual y se profundizan los estereotipos que se tienen sobre ellos. No se debe pretender saturar respecto a este tema, ni de dar la idea de proselitismo sexual o de “homosexualizar” a la población. Los medios de comunicación deben trazarse estrategias inteligentes y dinámicas que eduquen y sensibilicen a la gente. No se trata de provocar un enfrentamiento entre homosexuales y heterosexuales, sino de promover el diálogo y la comprensión de todas las realidades de la diversidad humana. También deben eliminarse de una vez y por todas a los personajes humorísticos que se burlan del “diferente”. Esto nos llevaría a transmitir mensajes mucho más cercanos al respeto a la dignidad humana.

Resulta llamativo el contenido de un artículo que leí hace unos días, en el marco de la conmemoración de la Jornada Cubana contra la Homofobia, donde el autor -cubano él- evoca en un discurso invertebrado a Dios, la ONU. y a Martí para exponer su posición respecto a estos temas. Evocar a Dios, se explica por sí sólo en el marco de este escrito. Evocar al apóstol me pareció un golpe bajo, sobre todo por descontextualizar el pensamiento de Martí sobre las relaciones amorosas de la época en que le tocó vivir. Citar al Maestro es contradecir su profundo pensamiento emancipador, de igualdad y de apelación a la dignidad humana.

En cuanto al tema de los Derechos Humanos Universales reconocidos por la ONU, es evidente que el autor desconoce todo el movimiento que crece en el mundo por la defensa de los derechos de las personas homosexuales y transgéneros. La Asociación Mundial de Salud Sexual (WAS, por sus siglas en inglés), reconocen la existencia de los Derechos Sexuales y Reproductivos (1). Los especialistas del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (SOCUMES) son miembros de la WAS y participaron en la elaboración de esa Declaración. Los gobiernos miembros de las Naciones Unidas aun tienen que sensibilizarse en trazar políticas que reconozcan plenamente estos derechos. En el marco jurídico se redactaron en 2006 los Principios de Yogyakarta (2), en plena concordancia con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Prestigiosas instituciones científicas del mundo y las organizaciones no gubernamentales trabajan arduamente en buscar un espacio en el marco de las Naciones Unidas que permitan el reconocimiento de los derechos sexuales como derechos humanos universales.

Las cubanas y los cubanos, independientemente de nuestra orientación sexual, tenemos la responsabilidad ética y moral de eliminar cualquier forma de discriminación. Voltear la cara ante estos hechos desde la mayoría –no por ello dominante- es un acto de injusticia.

Notas:

Identidad gay y homofobia

(Palabras en el panel "Masculinidad y homofobia", durante la Primera Jornada Cubana contra la Homofobia, Pabellón Cuba, La Habana, 17 de mayo del 2008)
Resulta un privilegio y al mismo tiempo un reto hablar sobre homosexualidad masculina y homofobia. El privilegio, que tengo el gusto de compartir con ustedes, es precisamente el de contar con un espacio de reflexión y diálogo como este. El reto consiste en abarcar en su totalidad el problema de la homofobia ante las múltiples y diversas expresiones de la sexualidad humana. En consecuencia, intentaré realizar una aproximación a la homofobia basada en mi experiencia, en las ricas influencias de mi entorno social y en las útiles lecciones aprendidas en estos últimos 4 años de continuada colaboración con el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

La familia

La sociedad cubana actual continúa permeada de ideas y concepciones machistas y patriarcales, a pesar de los esfuerzos realizados por la Revolución por eliminar esta herencia cultural de casi 500 años. La familia, como núcleo fundamental de la sociedad, es el marco fundacional de estas relaciones de poder. Las personas homosexuales nacemos y crecemos, en la mayoría abrumadora de los casos, en el seno de una familia heteroparental, es decir, somos hijos de padres heterosexuales y crecemos por lo tanto bajo códigos heterosexistas y machistas.

La orientación erótica hacia personas del mismo sexo o hacia ambos sexos –permítanme hablar a nombre de los bisexuales- se forma paulatinamente a lo largo de la niñez y se consolida al final de la adolescencia. La dura tarea de ser “macho”, de la cual tampoco escapan los varones heterosexuales, conlleva a una alta carga de responsabilidad para los padres. La simple insinuación o muestra de que la homosexualidad o la bisexualidad será una de las maneras de expresar nuestra sexualidad se convierte en una tragedia para toda la familia. Ni ellos ni nosotros estamos ajenos a ese sufrimiento.

No somos homosexuales porque lo hemos elegido, ni es tampoco un comportamiento o una inclinación aprendida. Si todo fuera de esta manera, no fuéramos homosexuales, no existirían estos conflictos, y el CENESEX y el Centro de prevención del Sida probablemente se dedicarían a trabajar en otros temas. La marcada resistencia a comprender esta realidad deriva en la exclusión, la marginación y hasta el maltrato físico de los niños y adolescentes que comienzan a tener inclinaciones homosexuales, quienes crecen con una marcada culpa ante la ingenuidad para entender el motivo de estas acciones. La familia se fracciona y ha provocado la ocurrencia de suicidio de algunos miembros.

Bajo estas mismas condiciones se esgrimen hoy día todas las razones para impedir que las parejas homosexuales formemos una familia -en este caso homoparental-. Pero, ¿cual es el referente de la familia homoparental? Los estudios realizados en otras sociedades de occidente demuestran que las niñas y los niños que crecen bajo la tutela de padres del mismo sexo no presentan una mayor incidencia de trastornos psicológicos ni de problemas con el aprendizaje en comparación con las hijas e hijos de personas heterosexuales. El ejercicio de la paternidad, además de ser un derecho, no guarda relación alguna con la orientación sexual ni con la identidad de género.

El reconocimiento legal de las parejas homosexuales en nuestro país es también un asunto pendiente. Mientras perdure esta situación, seguirá siendo discriminatoria. Muchas personas de nuestra generación han adoptado el concubinato como forma de unión entre personas de diferentes sexos que es reconocida ante la ley con las mismas prerrogativas que el sacrosanto matrimonio. No me atrevo a decir que las personas homosexuales que disfrutamos de nuestras relaciones de pareja estables rechacen del todo la idea del matrimonio. Las parejas de hecho son, al menos en Cuba, la forma más viable por el momento, de lograr el reconocimiento legal de nuestras uniones. De aprobarse la nuevas y revolucionarias modificaciones del Código de Familia, se tendrán que realizar –cuando sea oportuno- los pertinentes cambios a nuestra Constitución. Si me lo permiten, deseo expresar que personalmente no pretendo acatar el modelo tradicional de familia heteroparental, solo quiero compartir mi vida , junto a otro hombre, con igualdad de derechos y en el respeto a cualquier otra forma de conformar familia que sea capaz de educar con valores humanos.

La familia es el objetivo fundamental a sensibilizar referente a los temas de la diversidad sexual. Las instituciones y los actores de la sociedad civil tendrán que continuar desarrollando un intenso trabajo educativo que permita revertir los prejuicios relacionados con la sexualidad. Nosotros, las personas homosexuales, también tenemos un papel crucial en este empeño, en la medida que seamos capaces de educar a todos los miembros de nuestras familias, con paciencia, mediante la persuasión, demostrando que somos seres humanos que no nos avergonzamos de nuestra orientación sexual y que valemos por las personas que somos.

La escuela

La escuela es el espacio canalizador de la homofobia, de hecho, la potencia a niveles insospechados en la medida que el niño “diferente” “no encaja” con el resto de sus compañeros. Estos niños, generalmente catalogados como “pajaritos” o “mariquitas”, por su gestualidad femenina, o por no participar en juegos violentos, son vejados y ridiculizados a la vista indiferente de sus maestros quienes a su vez no cuentan con las herramientas necesarias para tratar estos problemas. La educación en Cuba sigue reproduciendo e inculcando a los educandos profundos preceptos sexistas. Esto se expresa en la división del aula en varones y niñas para determinadas tareas, así como en una marcada definición de juegos apropiados para niñas y para niños.

La adolescencia es un periodo también complejo y extremadamente confuso. El varón adolescente que se sienta atraído por otros varones es también discriminado por su colectivo. En las escuelas donde se sorprenda a dos varones con relaciones afectivo-eróticas se les separa y se les traslada hacia otro centro, mientras que las relaciones entre personas de diferentes sexos son totalmente toleradas por ser consideradas “dentro de la norma”, aun cuando se expresen de forma inadecuada públicamente. Consideramos que la educación en asumir una sexualidad sana y responsable debe formar parte de los programas educativos en todos los niveles de enseñanza mediante la implementación del Programa Nacional de Educación Sexual.

Espacios e interacción macrosocial

Un aspecto casi unánime es el relacionado con los espacios para el esparcimiento y los llamados sitios de encuentro para personas homosexuales. A lo largo de décadas la Ciudad de la Habana ha contado con espacios públicos que abarcan socialmente a grupos de personas que comparten intereses comunes. La ausencia de sitios para el sano esparcimiento es un problema general que afecta a toda la población y en el que la autoridades deben pensar seriamente en la medida que mejoren las condiciones económicas del país. Opino que los espacios deben ser inclusivos y que permitan la coexistencia de personas de diferentes orientaciones sexuales. Debemos ser cuidadosos en que el reclamo de tener sitios de encuentro para personas únicamente homosexuales lleve a la aparición de especies de guetos y logremos con esto un mayor aislamiento social. De esta manera le estaríamos haciendo el juego a la homofobia.

Nos preocupa mucho la existencia de lugares donde la entrada es solo por parejas –hombre y mujer, por supuesto- o donde las administraciones se “reservan el derecho de admisión”. Estas regulaciones son arbitrarias y francamente discriminatorias. Pensemos en la posibilidad de crear sitios como el Mejunje en la ciudad de Santa Clara, donde coexisten en perfecta armonía la cultura, la diversidad humana y el esparcimiento.

Hacemos un llamado también a que se revise la manera en que las fuerzas del orden asedian a las personas homosexuales, únicamente por tener “apariencia gay” o por vestirse “raro”. Nuestro código penal no incluye la homosexualidad como figura delictiva y se hace necesario que todos conozcamos los derechos ciudadanos amparados por la Ley. El CENESEX cuenta con un departamento jurídico que tramita cualquier denuncia de las personas víctimas de esas arbitrariedades. Nuestros agentes del orden tienen que desarrollar su trabajo contra el delito y por mantener la tranquilidad ciudadana. Así mismo, los ciudadanos tenemos la obligación de cumplir lo establecido por la ley, independientemente de nuestra orientación sexual. Se requiere de una mejor educación e instrucción de la Policía en temas relacionados con la diversidad sexual.

Medios de Difusión

Los medios de difusión desempeñan un papel fundamental en la lucha contra la homofobia. Esta Jornada es un buen ejemplo de lo que puede lograrse en este sentido. La realidad de las personas homosexuales en Cuba aun tienen un pálido reflejo en los medios. El acercamiento a nuestra espiritualidad se realiza desde una perspectiva eminentemente heteroxesista, en la que se silencia a la persona homosexual y se profundizan los estereotipos que se tienen sobre nosotros. No se pretende saturar a los televidentes respecto a este tema, ni de dar la idea de proselitismo sexual o de “homosexualizar” a la población. Los medios de comunicación deben trazarse estrategias inteligentes y dinámicas que eduquen y sensibilicen a la gente. También deben evaluarse la eliminación de una vez y por todas de los personajes humorísticos que se burlan del “diferente”. Esto nos llevaría a transmitir mensajes mucho más cercanos al respeto a la dignidad humana.

Homofobia Internalizada

Antes de concluir quisiera a hacer mención a la discriminación entre gays, lesbianas y transgéneros. Resulta lamentable y muy frecuente el uso de frases despectivas en boca de los gays contra las lesbianas y las personas transgéneros. El hecho de ser más visibles en la sociedad obedece al hecho biológico de nacer varones y de reproducir en cierta medida, los estereotipos machistas. Reflexionemos seriamente sobre este tema y busquemos dentro de nosotros cuanto podemos mejorar en este sentido. Sintámonos orgullosos de lo que somos, de nuestra orientación sexual y del ejercicio de una sexualidad digna y plena.

Siempre recuerdo lo que escribiera a comienzos del pasado siglo, Margarite Yourcenar, en su obra “Alexis o el Tratado del Inútil Combate” y que define muy bien la esencia de la homofobia:

(…) No se figuran que los actos que juzgan reprensibles puedan ser al mismo tiempo fáciles y espontáneos, como los son la mayoría de los actos humanos. Echan la culpa a los malos ejemplos, al contagio moral y sólo retroceden ante la dificultad de explicarlos. No saben que la naturaleza es más diversa de lo que suponemos: no quieren saberlo porque les es más fácil indignarse que pensar. (…)

Cambiemos eso mediante el diálogo paciente y seremos todos mejores seres humanos. Muchas gracias.

Cuba y la Noche: Una Sola Patria

Por: Alberto Roque Guerra
19 de diciembre del 2007

“Dos Patrias: Cuba y la Noche”, documental escrito, producido y dirigido por el alemán Christian Liffers, fue una de las obras presentadas durante la 29 edición del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, que trató el tema de la diversidad sexual en Cuba.

La pasada década de los 90 el séptimo arte tuvo un acercamiento especialmente notable a este tema. El filme de ficción “Fresa y Chocolate” (Tomás Gutiérrez Alea, 1993) así como los documentales “Y Hembra es el Alma Mía…” (Lisette Vila, 1994), “Gay Cuba” (Sonja de Vries, 1994) y “ Mariposas en el Andamio” ( Margaret Gilpin y Luis Felipe Bernaza, 1995) entre otros, iniciaron y potenciaron un debate público, aunque entonces tímido, sobre el reconocimiento y el respeto a la diversidad sexual en nuestro país. Obras recientes como “Suite Habana” (Fernando Pérez, 2003) y “Sexualidad, Un Derecho a la Vida” (Lisette Vila, 2004), abordaron con respeto y alto vuelo artístico el tema de las personas transgénero (transformistas, travestis y transexuales).

“Dos patrias…”, coproducción germano-cubana, deviene en retrato más fresco y en ocasiones novedoso de la compleja realidad de los hombres homosexuales y los transgéneros cubanos. El documental nos muestra el mundo interior o parte de las historias de vida de seis personas: un trabajador social, un escritor, un fotógrafo, un transformista, un ex bailarín y un transgénero que se autodefine como transexual.

De cada una de las historias Liffers extrae excelentes testimonios que impactan al espectador. Cada persona cuenta con profundidad y franqueza sus frustraciones, sueños y esperanzas. El documental muestra las diferentes expresiones de la homosexualidad masculina, aunque ignora por completo el también complejo y subterráneo mundo de las lesbianas y de los bisexuales.
Entre sus principales valores está el abordaje de la problemática homosexual en zonas suburbanas y rurales, la necesidad de espacios públicos para las personas homosexuales en perfecta armonía con los sitios tradicionalmente reconocidos para heterosexuales, la discriminación dentro de la propia familia, la marginalidad, así como la exclusión de la vida pública y de los escenarios sociales en épocas pasadas a estas personas y, como contrapartida, la situación cada vez más favorable en los últimos 10 años.

Resulta impactante y justa la historia del transformista seropositivo al VIH que reconoce la calidad de la atención médica totalmente gratuita a estas personas, así como su reclamo de crear sitios legales, que pudieran estar incluso regulados por el Estado, donde el transformismo tenga un lugar para la manifestación artística y de entretenimiento.

El acercamiento a la relación entre religión afrocubana y diversidad sexual es otra cuerda favorablemente pulsada por el director. El testimonio de un babalawo, que habla sobre la apertura de la religión yoruba a las personas con orientación sexual homosexual, es más que elocuente.

En el desarrollo del documental la música, interpretada por un trovador callejero, conduce y articula eficazmente cada uno de los testimonios.

Sin embargo, el documental “Dos Patrias…” es un filme engañoso y manipulador. Desde el primer plano hasta el último, cada personaje lee fragmentos de la obra del escritor cubano Reinaldo Arenas (Holguín 1943-Nueva York 1990), con referencia a los momentos más oscuros de su quehacer literario. Su obra literaria inicial, publicada en Cuba, es reconocida dentro de las letras cubanas contemporáneas de los años 60 y de comienzos de los 70 del pasado siglo y algunos especialistas la enmarcan dentro del neobarroco cubano.

La utilización de Reinaldo Arenas resulta en gancho fácil para la comercialización de este filme y remarca la asociación perniciosa y casi refleja que se tiene sobre la homosexualidad en Cuba y la figura de este personaje retorcido, inadaptado y sociópata, que se ha hecho tristemente célebre desde la publicación de su autobiografía “Antes que Anochezca” . Para muchos es conocida la versión cinematográfica de este bodrio panfletario y pseudoliterario (“Before Night Falls”, Julian Schnabel, 2000), empeño aún más fallido y mentiroso de convertir a Reinaldo Arenas en una especie de “loca mártir anticastrista”.

Resulta así mismo repulsivo e inaceptable que el documental tenga un título como este. Puede que su director no sepa, allá en Europa, el significado del poema original de nuestro apóstol José Martí “Dos Patrias”, escrito en el destierro en los tiempos de la dominación colonial española y que Reinaldo Arenas tomó para escribir, en 1986, otros versos, esta vez sórdidos y antipatrióticos, cuya última estrofa se explica por sí sola:

“(…)Si ésa es la patria (la patria, la noche)que nos han legado siglos de egoísmo, yo otra patria espero, la de mi locura.

Pero, ¿es Reinaldo Arenas el punto de referencia de la discriminación a la homosexualidad en Cuba? Sin negar en lo absoluto la compleja época que le tocó vivir a este malogrado escritor, como en muchas otras regiones del mundo, en Cuba se discriminó a muchas personas homosexuales. El contexto internacional a finales de los años 1960 nos lleva a recordar los sucesos de Stonewall en la ciudad de Nueva York, con el precedente en la década de 1950 cuando muchos homosexuales sufrieron persecución durante el Macartismo.

En nuestro país se cometieron errores en el tratamiento a los homosexuales por la aplicación de políticas sexistas y machistas además de que en esa época la homosexualidad era considerada un trastorno y una enfermedad psiquiátrica por las ciencias médicas. Muchos de los escritores y artistas sufrieron los efectos del llamado “quinquenio gris”. En un amplio debate realizado recientemente con los intelectuales se analizaron las condiciones y contradicciones que llevaron a este problema. Muchos de los artistas y escritores que tuvieron estas vivencias permanecieron en Cuba y hoy sus obras gozan de reconocimiento nacional e internacional. ¿Nos preguntamos por qué no resulta de interés conocer sobre estas personas, muchos de los cuales aun brindan lo mejor de sí?

La saga de “Antes que Anochezca” no es más que un intento de seguir politizando el tema de la diversidad sexual en Cuba. Es un sustrato útil para las campañas políticas anticubanas.
El tratamiento de la homosexualidad en Cuba en nuestros tiempos no es un problema político, es un fenómeno sociocultural que, en consecuencia, evoluciona lentamente pero con resultados palpables y con una situación mucho más favorable que en otros países de la región con antecedentes históricos similares.

Es lamentable que los elementos positivos del documental, expuestos al inicio de este trabajo, se malogren con una reiterada referencia a este personaje, totalmente fuera de contexto en nuestra realidad. Nuestro país tiene aún mucho que avanzar en materia de respeto y reconocimiento a la diversidad sexual y, aunque algunos se empeñen en negarlo, tenemos instituciones y personas trabajando arduamente por lograrlo.

Afortunadamente para muchos de las cubanas y los cubanos que formamos parte de la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros, Reinaldo Arenas no es un ícono. Para nosotros Cuba es una sola patria.

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Dos Patrias
José Martí

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche.
¿O son una las dos? No bien retira
su majestad el sol, con largos velos
y un clavel en la mano, silenciosa
Cuba cual viuda triste me aparece.
¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento
que en la mano le tiembla! Está vacío
mi pecho, destrozado está y vacío
en donde estaba el corazón. Ya es hora
de empezar a morir. La noche es buena
para decir adiós. La luz estorba
y la palabra humana. El universo
habla mejor que el hombre.
Cual bandera
que invita a batallar, la llama roja
de la vela flamea. Las ventanas
abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo
las hojas del clavel, como una nube
que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa...