sábado, 12 de abril de 2014

Algunas notas sobre "Cuba: ¿crímenes de odio?"

Por Alberto Roque Guerra
Publicado en HomoSapiens@Cuba
El pasado miércoles, 9 de abril, se publicó en el portal digital CubaSí el artículo Cuba: ¿crímenes de odio?, firmado por el periodista Yuris Nórido.
Además de lo ya dicho en mi posts: “¡No a la violencia! ¡Protección a las personas LGBT vulnerables a los crímenes de odio!” y “Crímenes de odio por homofobia: “Impunidad cero” y la necesidad de romper el silencio”, me referiré concretamente a algunos aspectos sesgados, triunfalistas y heteronormativos en el artículo de Nórido.
Sobre la Nota Informativa del  Ministerio del Interior (MININT) por el asesinato de tres personas en La Habana Vieja

Me parece excelente que nuestras instituciones ejerzan una política de transparencia, tal y como lo establece la Constitución de la República. Sin embargo, la redacción de la nota de marras es preocupante por múltiples motivos: no menciona por su nombre las relaciones entre los ciudadanos Francisco José García Peña (víctima) y Adrián Abelarde Varela (victimario). El eufemismo “relaciones estrechas” deslegitima a las relaciones amorosas, sexuales o eróticas entre personas del mismo género. Sin embargo, la nota dice en el penúltimo párrafo que el móvil del crimen fue pasional, sin más comentarios.
Me pregunto si la pasión amorosa también conllevó a asesinar a una anciana y a un niño. Me pregunto si la pasión por sí misma genera actos criminales, ¿es eso pasión o violencia extrema?, ¿es pasión o sentido de posesión y odio?, ¿tienen claridad nuestros criminalistas y operadores del derecho sobre las implicaciones de estos términos? Adicionalmente, en nuestra Ley Penal no existe el crimen pasional. La nota puede hacer presuponer que  “las personas homosexuales matan por pasión” y es, en sí misma, discriminatoria.

Sobre  los crímenes a la comunidad homosexual cubana

El uso del término “comunidad homosexual” es un implante de los modelos neoliberales que dividen y clasifican a los grupos humanos sin acceso pleno al poder y que se ha utilizado políticamente por los propios grupos para legitimarse. Así se encuentran hispanos, afrodescendientes, indígenas, nativos, latinos, italianos, chinos, lobby judío, entre muchos otros.
De ser correcto el uso dado por el autor al término, implicaría que existe una toma de consciencia política de las personas homosexuales cubanas sobre sus cuerpos y sus sexualidades, más allá de la convivencia y visualización pública en sitios de “homosocialización”, cuestión que no percibo con claridad en el escenario social y político cubanos actuales.
También excluye a otros personas con identidades/roles de género, prácticas sexuales y tipos diversos de parentesco que conforman grupos humanos discriminados en Cuba en la actualidad.
Además, Nórido no realiza un análisis de los móviles de los crímenes donde han sido homosexuales las víctimas ni cita la fuente estadística que le permite llegar a algunas conclusiones. Si no cuenta con elementos objetivos y comprobables (a los cuales apela en todo su escrito), ¿sobre cuáles bases afirma que la mayoría de los ataques denunciados por miembros del colectivo LGBT cubano no pueden ser considerados delitos de odio?, ¿cómo se atreve a afirmar que no hay una oleada de de estos crímenes en Cuba al concluir su artículo?
En resumen, afirmar que existe una oleada de crímenes de odio hacia personas homosexuales es pura especulación, negarlo también lo es. No obstante, hay un hecho alarmante expresado por los servicios de consultoría jurídica del CENESEX: en 2013 un porciento importante de las víctimas de homicidio eran homosexuales.

Sobre  la promiscuidad como un estilo de vida

El término promiscuidad es uno de los estandartes más hipócritas de las normas heterosexistas, percibido como un privilegio de las hegemonías masculinas y como un estigma para las sexualidades que se le subordinan jerárquicamente. Ya las ciencias biomédicas superaron este concepto discriminatorio y lo definen (políticamente correcto) desde el punto de vista epidemiológico como relaciones sexuales frecuentes y recurrentes con diferentes personas.
Coincido con Nórido sobre el peligro que implica que muchas personas homosexuales lleven desconocidos a su casa, en tiempos donde el dinero y lo material ensucia de forma creciente las relaciones humanas. Sin embargo, tomo nota de que en el caso de La Habana Vieja, Frank y Adrián tenían “relaciones estrechas” hace mucho tiempo y el homicida convivía prácticamente con la familia.
Por lo tanto, no son los tipos de prácticas sexuales el problema, sino los valores que se ponen en juego en toda relación humana. Si se continúa desconociendo, desvalorizando o revictimizando las múltiples causas que generan estos crímenes en grupos vulnerables, no se resolverá el problema.
Sobre el choteo nacional y la homofobia
Me parece peligroso, farragoso y poco serio relacionar el choteo nacional con la homofobia verbal. La historia de la Nación en todos sus periodos (colonial, república burguesa y república socialista) ha mostrado --- con una tendencia a la modificación favorable del discurso en los últimos 15 años--- discursos y prácticas homofóbicas, que, como expresión de la cultura  se ha legitimado en los espacios institucionales.
Muchos son los ejemplos lamentables de agresiones físicas a personas trans, a homosexuales masculinos y femeninas y a las propias mujeres heterosexuales, quienes sufren violencia de género, doméstica y sexual (la violación por sus propias parejas no es reconocido un delito en nuestra ley penal).
Puede que no sean actos violentos alarmantes, pero me despiertan muchas dudas el silencio que las cubre y la poca disposición a reconocer al espacio público como continuidad íntimamente relacionada con el espacio privado. Por lo tanto todo lo que se afirme en este sentido es pura especulación.
Sobre la “condición” homosexual y su reconocimiento institucional
¿Acaso existe la condición heterosexual?, ¿existe algo llamado condición de negritud o de blanquitud?  “Condición” es un término peligroso que ha generado mucho sufrimiento. De hecho se usa por la medicina para hablar de un estado morboso o enfermedad. Muchas de las categorías, etiquetas o “condiciones” han sido un invento humano ubicadas por  las políticas de identidad  como constructos subjetivos. Todas las categorías identitarias de género, raciales, por orientación sexual y étnicas son invenciones de grupos humanos que ostentan el poder de nombrar a la otredad, a lo diferente y han tenido un macabro éxito en hacerlos naturales y “productos de la cultura”.
Nuestras instituciones aún tienen mucho que avanzar en la producción de políticas que reconozcan a la sexualidad y al género (no binario) como consustanciales a la ciudadanía. No es posible disfrutar de personalidad jurídica, de derechos políticos, civiles, sociales y culturales, de una verdadera fraternidad y solidaridad entre los seres humanos si no se integra a la sexualidad y al género junto a cuestiones raciales, étnicas, religiosas, entre otras. D­­­­­­eben revisarse urgentemente las bases del contrato social ---y del contrato sexual--- en una sociedad como la nuestra, en plena transición al socialismo. (Cayo Hueso, 12 de abril de 2014)
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Miércoles, 09 Abril 2014 06:10
Cuba: ¿Crímenes de odio?
Escrito por  Yuris Nórido / CubaSí

La prensa nacional se ha hecho eco del asesinato de homosexuales. Algunos creen ver en esos casos crímenes de odio. Pero los móviles dicen otra cosa…
 La prensa nacional, normalmente parca en estos asuntos, ha referido la muerte violenta de algunos homosexuales en los últimos meses. En dos de los casos, la publicación tuvo que ver fundamentalmente con el reconocimiento público de las víctimas: eran destacados artistas. En las notas (escritas en las redacciones culturales de los medios) no se mencionó su orientación sexual (no era necesario, francamente), en buena parte de ellas ni siquiera se aludió la causa de la muerte (en nuestro caso sí lo especificamos).
Sobre el tercer caso, hace pocas semanas, el Ministerio del Interior (MININT) divulgó una nota informativa donde tampoco se explicita la orientación sexual de una de las víctimas y del victimario, aunque se sugiere. En un párrafo se dice que el autor del crimen “mantenía relaciones estrechas” con la víctima, hombre de 49 años de edad. En otro párrafo se afirma que “durante los interrogatorios (el victimario) confesó que su actuación estuvo condicionada por un móvil pasional”. 
Sin caer en los excesos de la crónica roja, la divulgación de estos hechos resulta prudente. La ciudadanía necesita estar informada de acontecimientos tan graves. No hay que convertir estos crímenes en un morboso espectáculo, pero tampoco conviene ignorarlos  en los medios: los rumores terminan siempre por desvirtuar los hechos. Y en las redes  sociales el rumor se difunde sin que medien comprobaciones. 
Precisamente en algunas redes sociales se ha afirmado que estos hechos y otros contra homosexuales que no han sido reseñados por la prensa forman parte de una ola de crímenes de odio que sacude a la sociedad cubana ahora mismo. Nunca antes habían asesinado a tantos homosexuales —dicen algunos, y otros hasta sugieren que se trata de una especie de conspiración en contra de la diversidad. 
Algunos medios extranjeros —particularmente los más críticos con el sistema en Cuba— se han hecho eco de estas denuncias, sin profundizar en las causas de los crímenes ni en el verdadero cariz de los delitos de odio. 
Con buenas, regulares y malas intenciones, se ha achacado a un odio militante a los  homosexuales buena parte de las agresiones que ha sufrido esa comunidad en los últimos  años. Es probable que algunos de los delitos contra ese grupo estén motivados por ese  odio; pero lo cierto es que la mayoría de los crímenes tiene móviles comunes, que poco o  nada tienen que ver con la orientación sexual de las víctimas. O quizás sí tengan que ver,  pero por razones más tangenciales. 
El delito de odio, según la convención, es aquel que se comete contra individuos de  determinado grupo social, por su edad, raza, religión, etnia, nacionalidad, ideología,  discapacidad, género, identidad de género u orientación sexual. O sea, el móvil del  ataque es precisamente el odio hacia esas características, desde los prejuicios o la  incapacidad de tolerar al diferente. 
No es lo mismo asesinar a un homosexual para robarle que asesinarlo por el mero hecho de ser homosexual. El segundo caso es un crimen de odio. El primero es un crimen  común. Obviamente, muchas veces es difícil establecer fronteras. Es posible que el  individuo que mate para robar también rechace a los homosexuales, pero en todo caso esa será una causa secundaria.
 La mayoría de los ataques denunciados por miembros del colectivo LGBT cubano no pueden ser considerados delitos de odio. Ni siquiera cuando medie en alguna medida cierto rechazo a los homosexuales. Es más, asumir que lo son implicaría cierto matiz discriminatorio o “victimista”. Si una persona agrede a una mujer o a un anciano para robarles —o incluso, por mera manifestación de violencia— no hay que asumir necesariamente que esa persona odie a las mujeres o a los ancianos. 
Algunos se preguntan: ¿por qué casi siempre son homosexuales las víctimas? Lo primero que hay que establecer es que no siempre son homosexuales. 
Y en segundo lugar habría que añadir que ese grupo es mucho más vulnerable que otros colectivos sociales. Por la discriminación, los prejuicios o por pura elección personal (que es perfectamente legítima), los homosexuales pueden asumir la promiscuidad casi como estilo de vida. No pocos llevan a sus casas a personas que apenas conocen. La falta de lugares establecidos para los encuentros íntimos (y también la elección personal) los hacen frecuentar sitios de encuentro poco convencionales (apartados, poco iluminados,escabrosos), que suelen ser campo de acción de delincuentes. 
Cuba sigue siendo uno de los países más seguros del continente. Y en buena medida, uno de los más pacíficos y “bien llevado”. El tan llevado y traído “choteo” nacional ha mostrado también una vocación discriminatoria contra el homosexual, pero en pocas ocasiones se ha traducido en agresiones físicas graves. Es más, la lógica de que “cada cual haga de su vida lo que quiera” ha primado por encima de actitudes más beligerantes. 
De acuerdo, hace falta más educación, hace falta más sentido de la solidaridad, hace falta más sentido cívico, hace falta más reconocimiento institucional a la condición homosexual. Y hace falta también más sensibilidad y conocimiento por parte de las fuerzas públicas. 
Pero lo cierto es que por el momento no sufrimos ninguna ola de crímenes de odio, ni contra los homosexuales ni contra otras minorías. Ojalá no la padezcamos nunca.   

domingo, 23 de febrero de 2014

La violencia en el deporte ≪Sobre la Mesa≫ o el lente desenfocado hacia el género

Un hecho violento ocupó la atención de los medios de comunicación cubanos en días recientes. El jugador de beisbol Ramón Lunar fue agredido físicamente (con un bate de pelota en la cara) por el pitcher Demis Valdés en pleno estadio.
Las manifestaciones violentas en los estadios cubanos no son nuevas. Deportistas y público asistente han mostrado comportamientos violentos, sin que nuestros medios de comunicación puedan impedir su impacto, pues se tratan de transmisiones en vivo que escapan de la censura mediática acostumbrada.
Con el deporte se ha abierto la caja de pandora, pues deporte en Cuba y en especial el beisbol, significan identidad nacional. Históricamente hablando muestran un ascenso preocupante, a tono con los cambios operados en el tejido social cubano, que tuvo su acmé durante la profunda crisis económica y social que sufrimos desde la década de 1990. 
De todo eso se habló en la última edición de la Mesa Redonda de los viernes ≪Sobre la Mesa≫. El espacio se ha convertido en tibio y sostenido asomo de la cabeza del debate entre expertos y  también se hacen escuchar las opiniones y el disenso de la ciudadanía.Las y los expertos, también el público entrevistado, reconocieron que se trata de un asunto complejo, con muchas aristas. Se habló de educación, de valores, de medidas disciplinarias más severas y de prevención. También se destacó el encomiable trabajo comunitario de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades -coordinada por Julio César González Pagés, quien también fungió como panelista en el programa- en la prevención y sensibilización contra la violencia en el deporte.
Algunos hombres entrevistados dijeron que ≪el deporte es de hombres, es tener sangre en las venas≫. Lo que este cubano dijo se llama ≪naturalización  de la violencia≫ y tiene una marcada influencia de las normas de género impuestas por nuestra cultura machista. Hasta donde sé las mujeres también tienen sangre en las venas, a lo mejor el compañero quiso decir ≪el deporte es de hombres, es tener testosterona en las venas≫.  Ni siquiera es exacta esta última afirmación, pues las mujeres también tienen testosterona en sangre, aunque con niveles inferiores. Perdone la lectora o lector tal digresión, solamente quiero señalar que aquí se ponen en juego los mandatos culturales que aprendemos desde muy temprano sobre los significados de las masculinidades hegemónicas. Por lo tanto el asunto de la violencia pasa también por un asunto de género, no es natural ni biológico.
Para ser un ≪verdadero hombre, un macho≫ se requiere ser violento, competitivo, temerario, agresivo e hipersexual. En el beisbol cubano, algunos deportistas se tocan los genitales antes de batear, también escupen y muestran gestos groseros cuando cometen un error. Pero eso, en tanto simbólico, nos resulta natural y no requiere debate. No por gusto, nuestros psicólogos conductuales prescribían (¿prescriben aún?) la práctica del beisbol a los niños afeminados, como si fuese un remedio masculinizante.
Otro ejemplo sobre la violencia simbólica, que no advertimos, que opera ante nuestros ojos de forma fluida y acrítica: hace poco tiempo se produjo una discusión en pleno juego de beisbol y las cámaras de la TV nacional desviaron su enfoque a las nalgas de una de las porristas (versión tropical de las cheerleaders estadounidenses). De esta manera se legitima el cuerpo de la mujer como objeto sexual, como ente dispersor de la atención y en ello no advertimos violencia alguna.
Julio César opinó que no se debe culpar a la masculinidad de la violencia, pues las mujeres también la practican. Coincido con él parcialmente, las relaciones de género se basan en el poder asimétrico. Se piensa en género y se evoca el papel de las hegemonías en las relaciones humanas. Las mujeres violentas también son hegemónicas y producen violencia mediante el discurso, los comportamientos y la gestualidad que son afines y constitutivos al poder del patriarcado.
También existen masculinidades no hegemónicas. Son ≪raras≫ en nuestro contexto y miradas sospechosamente por las normas culturales, pero sin dudas útiles en el desaprendizaje de las relaciones hegemónicas entre los seres humanos.
El experto dijo que la violencia es aprendida y de inmediato pensé en la educación que recibimos en nuestras familias y las escuelas, ambas tan restringidas a las relaciones asimétricas de poder.  Me preocupo, pues de manera general, la educación escolar en Cuba sigue siendo bancaria (modelo de experto, pobremente dialógica), promueve la homogenización de las personas en nombre de una falsa unidad y no estimula el desarrollo del pensamiento crítico. Todo ello es violento en sí mismo y genera violencia. Este es a mi juicio uno de los aspectos que debemos modificar, además de la necesidad de aplicar un enfoque de género no binario (que no reconoce solamente a lo masculino y lo femenino) y equitativo en todos los niveles de enseñanza. Este enfoque debe hacerse extensivo hacia otros ámbitos del espacio público: familiar, laboral, etc.
Creo fervientemente en que se puede jugar buen beisbol –o cualquier otro deporte-sin necesidad de reafirmarnos constantemente como masculinos. Creo en la competencia cordial, solidaria y que nos haga disfrutar de un buen espectáculo. La conductora del panel televisivo cerró el programa con una pregunta a las y los panelistas: ¿qué hacer? Me encantó eso, pues hemos perdido ya demasiado tiempo haciendo diagnósticos y catarsis sin soluciones prácticas. [Centro Habana, 23 de febrero de 2014]

jueves, 13 de febrero de 2014

Amores que importan o que no se atreven decir sus nombres

Aunque pueda parecer ridículo por la obviedad –para algunos puede que hasta cursi-  este post tratará, un día como hoy, sobre el amor. Mejor dicho, sobre los amores, pues hay muchas maneras de amar, aunque algunos se empeñen en establecer normas, decretos, políticas y hasta producir conocimientos sobre y en nombre de las relaciones amorosas.

Los medios de comunicación, en particular la televisión, empezaron temprano con su avalancha de mensajes por el Día de los Enamorados. Cubavisión, "El canal de la familia cubana" [nótese el uso normativo del singular, pues siguen empeñados en que hay un solo tipo de familia o al parecer los demás canales de TV no se dirigen al clan familiar], entre otros, anuncian, sin que falten los corazones rojos, a las relaciones de parejas heterosexuales y a la familia –otra vez el singular- nuclear y heteronormativa.

El insistente mensaje, como un performance de ocurrencia anual, borra una vez más la existencia de otros amores, esos prohibidos y condenados por siglos, percibidos como abyectos y no productivos. Contradice sin cesar la verbalizada voluntad política de construir una nación ≪unida en la diversidad≫.

A mi mente vienen la demonización y patologización de las relaciones amorosas entre hombres por nuestra cultura hetero- machista, que las reducen a puro sexo licencioso, a mera diversión y desorden, donde no median afectos. Se dice gay y se piensa de inmediato en promiscuidad en que somos fornicadores empedernidos.

Aunque las frases apelan a sujetos que pasamos más del noventa por ciento del día pensando en sexo, no es así. Disculpen la ironía: ≪desafortunadamente≫.

También construimos relaciones amorosas otras, aunque algunas no muy diferentes a las normas heterosexistas. Enfrentamos conflictos, alegrías y placeres similares, como cualquier ser humano. Hemos aprendido a sobrevivir con el estigma y algunos lo utilizamos como afronta al poder de las hipócritas normas que pretenden regular nuestros cuerpos y sexualidades.
 
Hablo desde mi propia experiencia de quince años junto a un hombre maravilloso, imperfecto en tanto humano. No es la mía una relación modélica, evito semejante término que adoran los psicólogos cuando se refieren normativamente a los "ideales de pareja" (heterosexuales, claro está")
 
Los desafíos son diarios y grandes, tanto en el ámbito público como en el privado. Nadie legitimará por nosotros las relaciones entre personas del mismo género ni otras prácticas afectivo-eróticas también válidas. Esa es nuestra responsabilidad absoluta. Parafraseando a Judith Butler y a Oscar Wilde: somos cuerpos y amores que importan, que no tememos decir –alto y claro­­- nuestros nombres. [Centro Habana, 14 de febrero de 2014]

jueves, 6 de febrero de 2014

¡No a la violencia! ¡Protección a las personas LGBT vulnerables a los crímenes de odio!

Hace unos días supe, durante una visita de un amigo, que habían asesinado el pasado 29 de enero al director de teatro y diseñador escenográfico Tony Díaz. La noticia se diseminó por correos electrónicos. Aunque no lo conocí personalmente, Tony fue una persona que asumía públicamente su homosexualidad.

En mi cuenta de correo electrónico recibí una nota escrita por el destacado académico, amigo y activista Julio César González Pagés, publicada en el blog del Observatorio Crítico de Cuba.

En la nota (que he decidido anexar a este post, tal y como la recibí en mi buzón) leo con alarma que el posible móvil del asesinato fue un crimen de odio por homofobia. También me horrorizó leer que se produjeron más de cuarenta (40) asesinatos a homosexuales en Cuba en iguales circunstancias en el 2013.

Tomo nota del hecho de que las víctimas sean homosexuales. Sin dudas, la orientación sexual es un factor que hace vulnerable a las personas a actos de violencia. También se han asesinado personas trans cubanas, por sus parejas o en extrañas circunstancias que no se han hecho públicas.

Sin embargo, interpreto con cautela la etiqueta de crimen de odio. En un post anterior que publiqué en esta bitácora lo citaba como ≪cualquier tipo de agresión a una persona o grupo específico de personas (agresión física y verbal, homicidio, amenazas) motivado por un estigma identitario (color de la piel, religión, origen étnico o nacional, orientación sexual e identidad de género). ≫

Mi prudencia obedece a la complejidad que subyace en la tipificación de un crimen de odio. A mi entender interactúan los siguientes factores:

  • .Nuestros agentes del orden, y las y los expertos en criminalística no tienen tipificado los crímenes de odio.
  • .Ausencia de leyes penales específicas que consideren como agravante al odio por estigmas identitarios.
  • .Ausencia de una institución con políticas transparentes que monitoree los crímenes de odio por orientación sexual e identidad de género y otras causas, que también pudiera hacerse cargo de la coordinación de las estrategias para su prevención, la investigación científica, la formación de recursos humanos y las acciones de abogacía que fortalecerían el papel del estado cubano como garante del derecho a la vida y a la convivencia pacífica. En fin de cuenta ¿de dónde proviene la estadística mencionada en la nota del Observatorio Crítico?
  • .Deficientes políticas educativas que promuevan la prevención, reconocimiento y enfrentamiento a los crímenes de odio. Como brillante excepción se cuentan aquí las campañas de bien público por la No Violencia Hacia la Mujer, con el  acompañamiento de las agencias de las Naciones Unidas. El propio Julio César ha sido un destacado líder de opinión sobre este tema y lo ha extendido más allá de la violencia hacia las mujeres. Se requiere de  mayor participación ciudadana y del establecimiento de políticas de estado en relación a esta problemática.
  • .Prejuicios homofóbicos, transfóbicos, misóginos y racistas de los agentes del orden, los médicos legistas, los operadores del Derecho y de las y los expertos que de una manera u otra se involucran en la investigación criminalística. Personalmente he escuchado que cuando víctima o victimario son personas con sexualidades no heterosexuales o con identidades trans,  algunos investigadores les llaman ≪caso paloma≫. Quizás por mi incultura etnológica no me queda clara la relación entre la ornitología y la orientación sexual (recuérdese que en nuestro etnos macho-homofóbico también se usan las voces pájaro, pato y ganso para referirse a las personas homosexuales). Algunos criminalistas también verbalizan en público otras lamentables lindezas: ≪los homosexuales cuando se enamoran matan≫.

La discriminación por orientación sexual e identidad de género que impera en nuestra cultura sitúa en la diana de la violencia principalmente a hombres homosexuales en la edad madura, que viven solos y que usan los servicios sexuales de maleantes, pingueros y asesinos. En ocasiones el o los victimarios asesinan no sólo por odio sino también para robar o por muchos otros motivos interrelacionados.

Michel Foucault escribió hace más de cuarenta años que en el siglo XIX los seres humanos que vivimos en eso que llamamos ≪civilización≫ occidental nos convertimos en homo criminalis (después de una transición de homo sapiens a homo economicus  y a homo legalis). La criminología surgió como ciencia destinada a vigilar y a castigar, estigmatizó y ninguneó a las sexualidades no heterosexuales. Es tiempo ya de que cambie sus derroteros y campos de acción hacia una sociedad construida sobre los fundamentos de una cultura de paz. En Cuba no sólo es posible, es también perentorio.

Me sumo a la denuncia realizada por Julio César y rechazo cualquier acto de violencia, sobre todo cuando atenta contra uno de los derechos humanos más sagrados: la vida. ¡No a la violencia! Venga de donde venga, así sea psicológica, física o simbólica e independientemente de la identidad de género, la orientación sexual, la edad o el color de la piel de la(s) víctima(s). [Centro Habana, 6 de febrero de 2014]


A continuación la nota de Julio César González Pagés:

 
Asesinan a Tony Díaz

Publicado en febrero 1, 2014 de luchatuyucataino

Un duro golpe para el teatro cubano y la comunidad LGBT
Por Julio César González Pagés
Historiador, Profesor de la Universidad de La Habana, Escritor


Con mucha tristeza recibí la muerte el pasado 29 de enero del destacado director y diseñador escenográfico Tony Díaz. Al momento de su muerte preparábamos una versión de "Escándalo en la trapa" de José R. Brene, basándonos en mi libro Por andar vestida de hombre sobre la vida de la suiza Enriqueta Favez.
Nació en la ciudad de Cienfuegos el 9 de octubre de 1944. En cuatro décadas de trabajo Tony Díaz acumuló una vasta experiencia como diseñador escenográfico, vestuarista e iluminador. Fundó Mefisto Teatro en el 2005, compañía que dirigía y con la cual estrenó obras como "Huevos", del escritor matancero Ulises Rodríguez Febles; y los musicales "Chicago" y "Cabaret".
El asesinato de Tony Díaz sucedió en circunstancias que aún están por esclarecer por parte de la policía. Todo parece indicar que será un nuevo crimen de odio hacia la comunidad LGTB en Cuba, la cual ha visto un aumento de este tipo de flagelo en los últimos tres años. El homicidio es uno más en una lista de crímenes de odio hacia la comunidad LGTB en Cuba que en el 2013 reportó más de cuarenta asesinatos a homosexuales en iguales circunstancias. Figuras públicas como el bailarín y coreógrafo guantanamero Alfredo Velázquez y el economista Eduardo Pérez de Corcho, fueron parte de una amplia lista de muertes, algunas aún no aclaradas.
Tu voz es fundamental en la condena.
¡Yo digo NO a la violencia contra la comunidad LGTB en Cuba!
¡No a la Homofobia!
Tony Díaz descansa en paz, los sueños de llevar a Enriqueta Favez en otra dimensión al teatro no podrán

sábado, 1 de febrero de 2014

A la memoria de Cary

 
No me agrada escribir obituarios. Quizás por ser intensivista y mi constante relación directa con la muerte y con momentos extremos en la vida de las personas. Sin embargo, desde hace varios días he sentido la necesidad de dedicar unas líneas a la memoria de Caridad García Hernández, o simplemente Cary, como la llamamos todos.

  La noticia de su muerte me llegó de golpe, mientras me encontraba hospitalizado. De la triste sorpresa pasé de inmediato a recordar cuando la conocí en el año 2011 durante una actividad por el Día de la Salud Sexual en la intercepción de las calles G y 23.
 
El grupo Hombres por la Diversidad (HxD) había aumentado al doble su membrecía y ya no era un colectivo exclusivo de hombres blancos, urbanos y casi todos universitarios. Me fascinó conocer a aquella singular mujer que pasando los sesenta años usaba gorra deportiva y quería formar parte de HxD.
 
Desde entonces jamás faltó a ningún encuentro. Siempre dispuesta a aprender y aportar sus experiencias, humilde, optimista, capaz de relacionarse con personas con sexualidades y credos tan diversos.

  Nunca olvidaré aquella capacitación, en la que tanto aprendí desde la facilitación, cuando debatimos sobre las identidades sexuales y de género, sus significados y sus limitaciones. Cary, desde su heterosexualidad, nos enseñó sobre el respeto a la dignidad de los seres humanos.

Siempre me dijo ≪profe≫. Creo que fue a una de las pocas personas que se lo permitía. Quizás, por su venerable edad y su autenticidad, no me atreví a prohibírselo.

  Aún después de mi renuncia a la coordinación del grupo y en los momentos más difíciles que prosiguieron a tantos acontecimientos desagradables, no olvidaré sus llamadas a mi casa brindándonos su apoyo y su humilde solidaridad. La lealtad de Cary la hacía singular. Sólo la muerte detuvo a un ser humano con tantas ganas de hacer y de aportar. [Centro Habana, 1 de febrero de 2014]


lunes, 23 de diciembre de 2013

Género, sexualidad y derechos laborales en el Parlamento cubano o ≪lo que logramos y lo que nos falta≫

El parlamento cubano acaba de aprobar La Ley Código de Trabajo después de un amplio proceso de participación de las trabajadoras y los trabajadores. En el artículo 2 concerniente a la igualdad, se sustituyó la palabra sexo por género, raza por color de la piel y se incluyó la orientación sexual como causas de discriminación.
Sin dudas es un hecho histórico, pues es la primera ocasión que se incluye legalmente el reconocimiento y respeto de las personas con diversas orientaciones sexuales en Ley alguna en nuestro país.
También se percibe una incipiente comprensión desde el punto de vista jurídico de  las limitaciones de la categoría sexo y sobre la necesidad de reconocer al género y sus dimensiones como elementos claves para la generación e implementación de las políticas.
El documento final que se llevó a votación no incluyó a la identidad de género explícitamente, ni a la discapacidad o el seroestatus al VIH como causales de discriminación. Se consideró que caben dentro de la sombrilla de ≪cualquier otra lesiva a la dignidad humana≫.
Una vez más, estas categorías se ubican en una zona borrosa y ambigua que permite a los operadores del derecho interpretar la letra y el espíritu de la Ley de acuerdo lo que ellas o ellos consideren ≪lesivo a la dignidad humana≫.
Sobre este particular, la diputada Mariela Castro Espín explicó con claridad y profundidad la importancia de reconocer estas causales y también la inclusión del lenguaje de género y la violencia en el puesto de trabajo. Sus argumentos se adecuaron a la Legislación Internacional de Derechos Humanos, aplicada a la orientación afectivo-erótica del deseo y a la identidad de género.
Pero lo más significativo fue el apoyo que recibió Castro Espín de los diputados que representan a grupos religiosos y que centran su trabajo pastoral en el ser humano y en el respeto a su dignidad.
También se escucharon voces opuestas a la inclusión de la identidad de género, en su mayoría juristas, que aludieron a tecnicismos ya superados por la propia academia cubana referentes a los temas de género. El presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos del parlamento, José Luís Toledo Santander, consideró que la utilización del discurso de género crearía un cambio en todas las legislaciones cubanas de ahora en lo adelante y que no es la norma a nivel internacional.
No debe temerse en lo absoluto en que las leyes futuras, que  fortalezcan la democracia y el republicanismo cubanos deben tener enfoque de género. Por eso debe crearse el nombramiento de ministra y no exclusivamente de ministro, en oposición a lo expresado por el diputado Homero Acosta. No veo nada de malo en que seamos uno de los pocos países en el Mundo que aplique el enfoque de género. Nuestro proyecto social tiene muchas peculiaridades que lo hacen favorablemente singular.
Las normas jurídicas no son hormas. Las bases y tradición del Derecho son patriarcales, excluyentes de las mujeres y de todas las sexualidades que atenten contra el poder del patriarcado. La construcción de la Nación cubana no ha podido superar este enfoque ni siquiera desde que gozamos de los derechos contenidos en la Constitución de la República Socialista de 1976.
Las mujeres cubanas tienen garantizados sus derechos legalmente hablando, pero en la práctica cotidiana, a pesar de las favorables estadísticas, siguen siendo discriminadas en cuanto al acceso al poder y en sus relaciones con los hombres en el ámbito público. Ni hablar del ámbito privado con la consabida ≪doble jornada≫ y el estatus de subordinación al hombre, jefe de núcleo familiar. Aún siento un marcado tufo cómplice con la ideología patriarcal de algunas de nuestras ministras, que han llegado a ocupar sus puestos por sus méritos y trabajo personal, pero no se cuestionan esta realidad.
El discurso de género importa porque lo que no se menciona no existe. Coincido con la diputada Ofelia Ortega, quien dijera durante el debate que ≪el lenguaje es formativo≫, pero añadiría que el lenguaje es poder y naturaliza las relaciones asimétricas entre hombres mujeres. La lengua no es un ente estático, se enriquece y  se adecua a los cambios sociales, políticos e ideológicos que acontecen en un momento histórico dado. Si alguien tiene dudas le invito a reflexionar sobre los términos eufemísticos: ≪moneda libremente convertible≫, ≪cuentapropismo≫ y otros no aceptados -por ahora- por la Academia de la Lengua y que se utilizan ampliamente en los registros discursivos y las leyes cubanas.
Además, los gobiernos con más avances en igualdad social en Latinoamérica han fortalecido la participación ciudadana con la inclusión del discurso de género. En no pocas ocasiones percibo que el proyecto de la Revolución cubana experimenta un retraso con tintes conservadores respecto a muchos cambios sociales que ocurren en naciones hermanas de la región.
La inclusión de la identidad de género no obedece únicamente al enfoque reduccionista de reconocer a las identidades trans (transexuales, transgénero, personas en transición de género) sino también los derechos a la identidad de género que implique la construcción de otras masculinidades (no hegemónicas), otras feminidades u otras identidades que no se adscriban a las rígidas hormas jurídicas, sociales o culturales de lo que signifique ser masculino o femenino.
Si nuestros legisladores no son expertos en la materia, deben consultar a quienes han estudiado el tema, además de interesarse por adquirir estos conocimientos que producen un enfoque más amplio, justo y equitativo sobre las sexualidades y el hecho de ser humanos.
No comprendí, quizás por mis desconocimientos en materia de funcionamiento del propio Parlamento, que se aprobara la Ley de Código de Trabajo sin conocer el resultado final de la Comisión de Estilos, compuesta por muchos parlamentarios que se opusieron a la inclusión de las propuestas de la diputada Castro Espín. También quedan pendientes muchas modificaciones legales que atañen a la sexualidad y el género, por ejemplo, la discusión del Anteproyecto del Código de Familia, que según supe, fue sugerido por el diputado y Presidente del Consejo de Estado y de Ministros Raúl Castro Ruz.
Queda pendiente las modificaciones de la Ley Código Penal y la  eliminación del artículo de peligrosidad pre-delictiva que se sigue aplicando a personas gay, lesbianas y trans, además de no tener referentes en la legislación internacional, tal y como dijo el Diputado Toledo Santander en cuanto a los temas de género. En esa Ley también urge eliminar la figura de pederastia con violencia para referirse a la violación entre hombres. Pederastia era el término que se usaba en el Código de Defensa de la España Colonial para calificar a los homosexuales (antes la invención del término en 1869), por lo tanto continúa siendo discriminatorio.
Mientras tanto, me adhiero a lo dicho por el diputado Miguel Barnet, cuando en apoyo a la diputada Castro Espín dijera que ≪la Revolución no se ha anquilosado, por el contrario, se transforma constantemente≫. [Centro Habana, 22 de diciembre de 2013]

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Homoerotismo, Multiplicidad de Cuerpos y Biopoder*

Desde una perspectiva política, el cuerpo deviene en inscripción simbólica – y en muchas ocasiones físicas- de significados que definen el ser y el hacer de cada sujeto.

Hace tres años, durante un taller sobre «Identidades Sexuales», un grupo de activistas por los derechos sexuales, en su mayoría hombres, escribieron en tres pequeños papeles de colores diferentes una característica que definía su identidad sexual, para después pegarlos en partes visibles de su cuerpo. Posteriormente formaron un círculo y, de acuerdo a las características que les eran afines, se conectaban mediante una cuerda. Como resultado creaban una especie de red o telaraña basado en las múltiples coincidencias e interconexiones posibles, a pesar de las notables diferencias en la construcción de la identidad sexual y de género de cada participante. Durante la reflexión colectiva notamos una marcada tendencia de los hombres autodefinidos como «gays» a identificarse como «activo» o «pasivo». Las mujeres que se identificaron como «lesbianas», consideraron como parte de su identidad sexual ser «fogosas» y «apasionadas».

La repetición ulterior de estos resultados en otras experiencias formativas abre numerosas interrogantes sobre el lugar que ocupan la orientación erótica del deseo, los afectos, las prácticas y los discursos relacionados con la sexualidad en la construcción de las identidades sexuales y de género.

El homoerotismo es una construcción cultural e histórica que describe una pluralidad de prácticas, deseos y emociones de los sujetos que se orientan erótica y afectivamente hacia el mismo género. Surge de la medicalización de las prácticas sexuales que han formado parte a lo largo del desarrollo histórico de la normalización y disciplinamiento del cuerpo. Freud lo denominó «homoerótica del sujeto».(Espejo 2007)

El homoerotismo se basa en el determinismo biológico esencialista de la diferencia sexual, mediante el cual se inventó el término «homosexual» en el siglo XIX para clasificar y etiquetar estas prácticas como enfermas, morbosas,  improductivas, invertidas y perversas. Desde antes fueron condenadas por la religión y el derecho.

La homosexualidad precedió epistemológicamente a la heterosexualidad. Michel Foucault ubica en 1870 la utilización primera del término «homosexual» en la Biomedicina por el neurólogo Carl Friedrich Otto Westphal.(Foucault 2008) Desde entonces, se sancionaron las relaciones homoeróticas desde el dispositivo de poder biomédico. Se creó todo una parafernalia de nomenclatura diagnóstica y terapéutica psiquiátricas para el sujeto homoerótico. Emergió de esta manera el perfil positivista y normativo del «sujeto homosexual» que lamentablemente perdura hasta nuestros días, aunque con otras estrategias discursivas de dominación.

La medicalización del deseo y la invención del sujeto homosexual tienen profundas bases ideológicas en el control burgués del cuerpo y las sexualidades. Según John D´Emilio el rechazo moderno a la homosexualidad en sociedades afectadas por el capitalismo se radicalizó en la segunda mitad del siglo XIX debido a los dramáticos cambios producidos en el trabajo asalariado, donde la familia dejó de tener su rol tradicional y las relaciones heterosexuales se modificaron al perder la procreación la función económica que tuvo en la época feudal.(D´Emilio 1993) En ese contexto las relaciones de poder normalizadoras del sujeto homosexual perseguían su disciplinamiento para insertarlo en el sistema de producción. Los «cuerpos otros» se homogenizan, se silencian y se someten al poder heterosexista. Así lo considera Michel Foucault: «el control minucioso de las operaciones del cuerpo (…) garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y le imponen una relación de docilidad». (Foucault 2002)

Pero tal docilidad generó a lo largo del siglo XX una serie de hechos de resistencia contrahemónica que conllevaron a una creciente visibilidad pública del sujeto homoerótico, fundamentalmente en los países capitalistas industrializados. Un siglo después de la invención del «sujeto homosexual»,  las revueltas en el bar Stonewall Inn., en la calle Christopher de la Ciudad de Nueva York, fueron la chispa que propició una movilización masiva que permitió la creación del Gay Liberation Front. Con objetivos de lucha basados en una ideología de izquierda y progresista, las personas gays y lesbianas demandaron el derecho a su expresión sexual, a hacer legítimos sus deseos y prácticas e interpelaron el orden heterosexista hegemónico que los ninguneó como ciudadanos y ciudadanas.(Carter 2004)

 La salida del armario disciplinario se convirtió en una estrategia política que buscaba visibilidad pública y ciudadana. Como lo apunta Kosofsky Sedgwick en su brillante texto «Epistemología del Armario»: «hombres y mujeres gay como minoría identificable con derechos comparables a los de cualquier otra minoría».(Kosofsky Sedgwick 1998) Una de las proclamas más usadas en esas luchas fue: «Salgo del armario, luego existo».

Consecuentemente, durante el periodo que se ha dado en llamar post-Stonewall, numerosos hombres gay norteamericanos ocuparon espacios de poder en los ámbitos económicos y políticos neoliberales. Las luchas sostenidas por sus derechos ciudadanos lograron que la American Psychiatric Association retirara la homosexualidad de la clasificación de enfermedades mentales en 1973 y obligaron a la administración Reagan a implementar políticas para enfrentar la altísima mortandad que trajo la epidemia del Sida en la década de 1980.

Sin embargo, en las principales ciudades de Estados Unidos y Canadá -y en mucha menor medida en Europa- se produjo un proceso de gentrificación, caracterizado por la proliferación de barrios gay. En muy poco tiempo se experimentó un incremento del comercio y las ganancias y una notable mejoría de la infraestructura urbanística de esos espacios geográficos. Muchos hombres gay devinieron en empresarios y se produjo una mercantilización del deseo homoerótico que ha impuesto una tiranía homogeneizadora sobre el cuerpo. La expresión más visible de este fenómeno es la publicidad que vende el cuerpo masculino musculoso, de piel tersa y blanca, que celebra la eterna juventud. De esta manera se despolitizó un movimiento emancipador en ciernes mediante la proclamación de un «modo de vida gay» patriarcal y se universalizó el hedonismo y la apología a lo lúdico. Los mencionados efectos tienen en la actualidad un impacto global y nuestro país no escapa de ello.(Moya Richard 2004)

Los hombres gay que no cumplían con las normas y estilos de vida de los sujetos homoeróticos blancos, de clase media y anglosajones (WASP en Norteamérica), las mujeres lesbianas (feministas o no), las personas trans (transexuales, travestis, drag-queen, drag-king y transgénero), las personas migrantes y los pobres fueron desplazados a un nivel inferior de ciudadanía dentro del movimiento. De este modo, los propios oprimidos se convirtieron en opresores al reproducir los mecanismos de dominación de los que son víctima.

La subjetividad del sujeto homoerótico está sometida y atravesada por los modos de representación heterosexistas. Su construcción obedece a una relación binaria, de sujeción permanente, en la que frecuentemente se reproducen los mecanismos de opresión. Si retomamos los términos binarios «activo/pasivo» en la construcción de la subjetividad homoerótica de los participantes en el taller enunciado al comienzo de esta ponencia, notamos que al parecer se reproduce –fantasías eróticas aparte- el enfoque heteronormativo de una sexualidad genitalmente centrada, falocéntrica, donde el «activo-penetrador» posee y domina al «pasivo-penetrado». Estos roles trascienden el ámbito del deseo y se reproducen estereotipadamente en las relaciones de pareja y de familia. Pierre Bourdieu lo denomina violencia simbólica y señala que los dominados aplican a las relaciones de dominación categorías construidas desde el punto de vista de los dominantes, y así las hacen parecer naturales.(Bourdieu y Jordá 2000)

En la década de 1990 surgieron otras propuestas sociales y políticas que abogaron por la deconstrucción del enfoque esencialista de las identidades sexuales y de género. Numerosos activistas con sexualidades no heteronormativas que fueron relegadas y relegados del movimiento- principalmente las mujeres feministas-  abogaron por una interpretación flexible del deseo e interpelaron las rígidas normas binarias de género. La academia generó una producción epistemológica de segundo orden - compleja sin dudas- que se basa fundamentalmente en el feminismo de segunda ola, los aportes más radicales de los estudios lésbico-gay, el constructivismo social, el psicoanálisis post-lacananio y el post estructuralismo. Surgió de esa manera una propuesta post-identitaria que eligió el término anglosajón queer para aludir a una subversión permanente contra la opresión heterosexista.

Lo queer no reconoce a la diferencia sexual como punto de partida para comprender la sexualidad, de hecho enuncia que las normas de género operan como una especie de guión cultural que preceden al sexo y que este a su vez es una creación subjetiva y simbólica desde las diferencias estructurales del cuerpo. Estas normas –heterosexistas, claro está- son prescripciones que se aplican de forma repetitiva a través símbolos lingüísticos históricamente determinados. Son una especie de performance que se asigna culturalmente, que moldea los cuerpos, los etiqueta y niegan su compleja multiplicidad y diversidad.(Butler 2007; Nieto 2008)

Lo queer reinterpreta al género y al deseo despojados de sus significados clínicos. Considera al sujeto como un ente único, irrepetible, cuya construcción de la sexualidad es dinámica, inestable, maleable, dúctil, en constante cambio. Apela a una deconstrucción progresiva de las representaciones simbólicas del lenguaje sobre el cuerpo y el deseo y de las prácticas opresivas y asimétricas en relación a la sexualidad. Es por ello que no toma como referente estricto y normativo a lo gay, lo lésbico, lo bisexual, al hecho de ser hombre o mujer. Además, gran parte de la producción teórica se opone a considerar la existencia de una identidad transexual, término -utilizado medio siglo después de la invención del sujeto homosexual- para clasificar desde el punto de vista biomédico a las personas que realizan modificaciones de su cuerpo para «hacerlo congruente» con la construcción identitaria género.(Serano 2007)

La teoría queer se encuentra en desarrollo permanente. En la actualidad, las teóricas estadounidenses y europeas se han distanciado críticamente de sus propias formulaciones fundacionales y promulgan nuevos referentes. Su progresiva y tardía asimilación en América Latina no ha estado exenta de tensiones hacia el interior de un movimiento con profundas divisiones identitarias, además de la difícil interpretación y aplicación práctica de sus postulados en el contexto cultural, social y político de nuestra región. Adicionalmente, la literatura sobre el tema se ha publicado principalmente en idioma inglés. 

Ser queer implica una actitud ante la vida, que trasciende el discurso liberal, es cambio permanente, transgresión,  es subversión de las identidades opresivas; significa también desaprender los mecanismos de dominación y de violencia real o simbólica entre los seres humanos.

Una de las propuestas sociopolíticas más interesantes de lo queer es considerar la integración de otros determinantes en la construcción del género, como la racialidad, la etnia, el nivel económico, la discapacidad, el seroestatus al VIH, las creencias religiosas y la ciudadanía en la lucha por la emancipación sexual y de género.

Sin dudas, pudiera considerársele una formulación interesante hacia un paradigma verdaderamente transformador y emancipatorio, que interpela al biopoder y pretende superar al clásico pensamiento liberal burgués sobre la igualdad y la equidad, al ubicar a la subjetividad en un contexto holístico, integrador y complejo.

De esta manera lo que hasta ahora se interpreta como homoerotismo parece difuminarse para reconstituirse en un poderoso corpus epistémico y político que por el momento sigue siendo una utopía. Desde la multiplicidad de tantos cuerpos y deseos deberá apostarse por esas necesarias interconexiones subjetivas que propiciarían la creación de redes o telarañas equitativas y solidarias entre los seres humanos.

Bibliografía

Bourdieu, Pierre, y Joaquín Jordá. 2000. La dominación masculina. Anagrama Barcelona.

Butler, Judith. 2007. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Paidós.

Carter, David. 2004. Stonewall: the riots that sparked the gay revolution. New York, NY: St. Martin´s Griffin.

D´Emilio, John. 1993. Capitalism and Gay Identity. In The Lesbian and Gay Studies Reader, edited by H. Abelove, M. Borale and D. M. Halperin. New York: Routledge.

Espejo, Juan Cornejo. 2007. La homosexualidad como una construcción ideológica. Límite: revista de filosofía y psicología (16):83-108.

Foucault, Michel. 2002. Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. 1era ed. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.

———. 2008. Historia de la Sexualidad 1: la voluntad de saber. Buenos Aires: Siglo XXI.

Kosofsky Sedgwick, Eve. 1998. Epistemología del armario. Barcelona: Ediciones de la Tempestad.

Moya Richard, Isabel. 2004. Lo gay también vende. Sexología y Sociedad. Año 10 (26).

Nieto, José Antonio. 2008. Transexualidad, intersexualidad y dualidad de género. Barcelona: Edicions Bellaterra.

Serano, Julia. 2007. Whipping Girl: A Transsexual Woman on Sexism and the Scapegoating of Femininity. Emeryville, CA: Seal Press

*Ponencia presentada por el autor durante el coloquio «Erotismo y Homoerotismo en la Obra de Cabrera Moreno» en la Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 26 de noviembre de 2013.