martes, 14 de marzo de 2017

Cambio de estrategia legislativa LGBT en Cuba: no en mi nombre

La diputada Mariela Castro ha declarado en México que «el matrimonio
(igualitario) será resultado de un conjunto de derechos que trabajamos
para que se garanticen en nuestro sistema jurídico". Como casi
siempre, me entero por declaraciones en el exterior y publicadas por
medios de prensa —también extranjeros—, sobre lo que nos compete a
nosotros acá en Cuba.
La activista diputada, una de las pocas interlocutoras que nuestro
partido-estado-gobierno ha considerado para tratar las potenciales
agendas sobre los derechos de las personas lesbianas, gais,
bisexuales, trans e intersexo en Cuba, ahora anuncia un cambio de
estrategia sin que se haya consultado a las personas cuyos derechos
continúan siendo vulnerados.
¿A nombre de quién se dan tantos giros de timón en los discursos?
¿Cuál son las propuestas concretas en el trabajo sobre los derechos
que derivarán en la aceptación del matrimonio igualitario en Cuba?
¿Sobre qué bases nuestros servidores públicos establecen las
prioridades para la garantía de estos derechos como derechos humanos?
¿Dónde está el necesario ejercicio de ciudadanía que debe
desarrollarse fuera de los marcos institucionales y en el orden
legislativo?
Hace ya algunos años he venido señalando en mi bitácora que el tema
del matrimonio igualitario ha sido pospuesto y silenciado por
coyunturas políticas oscuras. La propia Mariela, en varias entrevistas
a medios internacionales pasó de reconocer las uniones de hecho a
hablar abiertamente de la necesidad de aprobar el matrimonio
igualitario en Cuba.
A diez años de celebraciones en el mes mayo de la Jornadas Cubanas
contra la Homofobia se ha ido diluyendo este tema, que es una demanda
bastante amplia de las personas con sexualidades y géneros no
heteronormativos. En las propias redes sociales numerosos activistas
hemos promovido este debate, que han sido cubiertos por agendas
mediáticas aliadas. Mientras tanto, la consulta y la participación
amplia con los grupos vulnerables siguen esperando.
La propia diputada ha dicho en un reciente entrevista al diario
mexicano La Jornada que durante las primeras cuatro décadas de la
historia de la Revolución cubana no se tenían todos los elementos de
juicio para reconocer los derechos de las personas LGBT en Cuba.
Independientemente de las justificativo que pudiese o no parecer esta
afirmación, ya llevamos más de 10 años en que tenemos todos los
elementos para considerarlo una injusticia. ¿Cuánto tiempo necesitamos
para actuar y demostrar que existe voluntad política?
Demando transparencia en las decisiones que nos atañen a un grupo
numeroso de personas que ni siquiera tenemos el reconocimiento en las
políticas para conformar familias, para el respeto de las identidades
de género, para el respeto a los derechos reproductivos de todas las
mujeres (trans y lesbianas), entre muchos otros.
Sin conocer no podremos participar. Aunque la incidencia política en
temas de derechos humanos se origina con lo que tenemos, demandamos
con urgencia el cumplimiento de la política del Partido Comunista, que
se hagan realidad los mecanismos de participación política y social
establecidos en la Constitución de la República, que se acabe de una
vez y por todas el nefasto secretismo que define la vida de la gente
desde exiguos grupos de poder. [Santos Suárez, 14 de marzo de 2017]

jueves, 9 de marzo de 2017

Mujeres e ideología de género

Hoy, cuando pasado el Día Internacional de la Mujer, se reproducen los
silencios en relación a las féminas en la mayoría de los espacios y
contextos, quiero referirme a la ideología de género.

El término en cuestión, enarbolado por la Iglesia Católica Apostólica
y Romana, se refiere a los principios ideológicos que inspiran las
luchas de los movimientos de derechos humanos feministas y de las
personas trans.

El Estado Vaticano y sus dispositivos de poder bien engrasados
pretenden asirse con la peregrina idea de que la dominación masculina
es parte de una Ley moral natural. Es decir, las bases del patriarcado
y toda su carga maligna, violenta y excluyente no es ideología, es
natural, inamovible y justifica los crímenes pretéritos y presentes
contra las mujeres.

En tiempos pasados, ellas no tenían almas y eran consideradas brujas,
categoría específica para denominar y condenar su herejía, ahora son
negadas y demonizadas cuando transgreden ese orden «natural», que
descaradamente pretenden presentarlo como desideologizado.

El aborto y la transexualidad son las zonas más delimitadas como
blancos de la ideología de género patriarcal. Son temas recurrentes y
obsesivos sobre los cuales se construyen nuevos regímenes de verdad.

El tema del aborto ocupó recientemente algunos espacios noticiosos,
cuando la rapera cubana Danay Suárez recibiera el premio especial
Gaviota en el Festival de Viña del Mar de Chile. Además de cambiar la
letra de su canción (por el que sería automáticamente descalificada)
amplió su posición en contra del aborto durante sus palabras de
agradecimiento.

Suárez tiene todo el derecho a expresar su opinión y aunque ha nacido
y crecido en un país donde el aborto es legal y se garantizan los
derechos reproductivos de las mujeres cisgénero (no transgénero)
heterosexuales, fue laureada extraordinariamente desde basamentos
patriarcales y conservadores. Si esto no es ideología que alguien me
explique la excepcionalidad de este premio y por qué en Chile y en la
mayoría de los Estados que se autoproclaman laicos en la región el
aborto sigue siendo ilegal.

Aunque el periódico Granma y algunos sitios digitales se pronunciaron
favorablemente sobre el premio a la cantante cubana, no hicieron
mención a sus palabras. Quiero pensar que no lo sabían, que fueron
superficiales, pero ahora que lo saben me preocupa profundamente: la
rapera Danay Suárez no está sola en Cuba, las posiciones Pro Vida
(antiaborto) son más frecuentes de lo que creemos y están en todos los
niveles del tejido social cubano.

Resulta llamativo que exista todo un marco conceptual desde la
Bioética personalista (estandarte de la ideología cristiana,
fundamentalmente católica) que considera el comienzo de la vida humana
desde la concepción y en consecuencia al aborto terapéutico como
moralmente inaceptable. Dicho enfoque es muy fuerte en América Latina.

Hablando de silencios y omisiones cómplices es necesario destacar que
los opositores a la llamada ideología de género a nivel global y local
hacen mutis en relación a las muertes maternas durante el embarazo y
al parto y no está clara su posición ética sobre aquellas que son
víctimas de la violencia machista.

Aunque hasta el mismísimo Papa Francisco y la Bioética personalista
muestran preocupaciones serias y profundas en cuanto a la conservación
de la vida y el medio ambiente, jamás se refieren al papel de la
ideología de género patriarcal en la depredación ambiental, tal y como
lo plantea el ecofeminismo y sus diferentes corrientes.

Que nadie lo dude, la lucha por la equidad y los derechos de las
mujeres es ideológica. Las féminas son más que una clase social y debe
desarraigarse de la academia, de la cultura y de la política de todos
los atributos y roles que impliquen su subordinación natural al
patriarcado.

Cuando digo mujeres se hace extensivo a las mujeres migrantes, a las
mujeres de piel negra, a las mujeres transexuales, a las mujeres
lesbianas, a las que se resisten fluidamente a las asignaciones
culturales dominantes de lo femenino, a las trabajadoras sexuales y
también a los hombres. Porque no habrá equidad de género si no se
producen cambios profundos y radicales en todos los seres humanos.

Más que flores y homenajes sindicales y mediáticos formales a las
mujeres por el 8 de marzo, se requiere de cambios en el plano de las
ideas. [Santos Suárez, 9 de marzo de 2017].

miércoles, 25 de enero de 2017

Prostitución, trata de personas y turismo sexual

Esta entrada será breve en virtud del poco tiempo que tengo con mis ocupaciones académicas y profesionales, pero no quiero dejar pasar por alto el tema tratado ayer en el programa Mesa Redonda de la televisión cubana.
Aunque en las páginas digitales Cubadebate (apéndice del programa televisivo de marras) y Cubasí y en el propio programa los titulares solamente mencionaron la palabra «violencia», el tema central fue la prostitución y la trata de personas.
Felicito a los panelistas y su conductora por poner «sobre la mesa» dicho tópico, tan evidente y la vez tan silenciado por los discursos políticos. Las reflexiones fueron serias, balanceadas y propositivas.
El tema de la prostitución, el tráfico humano y la trata de personas tienen implícito la violencia de género y coloca en situación de vulnerabilidad a las mujeres, a las niñas y también a los hombres que practican la prostitución.
Cuando el colega Manuel Vazquez Seijido se refirió a las cuestiones jurídicas sobre la prostitución en Cuba sonó bastante absoluto y farragoso cuando afirmó que en nuestro país no se criminaliza a quien ofrece el servicio. Esto es parcialmente cierto: no se penaliza en el Código Penal, pero en la práctica es una verdad escandalosa que criminaliza la práctica de la prostitución femenina.
En Cuba solamente se penaliza al proxeneta y  las féminas que practican la prostitución, se les envía a centros de rehabilitación para su “reinserción” social, es decir, se les limita su derecho al disfrute de su libertad por políticas que no tienen basamento legal y que se ejecutan desde estrategias consensuadas entre el Ministerio del Interior y ¡la Federación de Mujeres Cubanas!
Esta doble victimización es aún más seria cuando las propias autoridades son permisivas con la práctica de la prostitución masculina. A ellos lo regresan a sus provincias (cuando este sea el caso) mediante otro decreto también discriminatorio que permite la deportación de los migrantes internos que no tienen residencia oficial en la capital.
Tradicionalmente, los estudios académicos sobre prostitución son censurados sin ambages, como si fuese algo de otro planeta o como si su tratamiento científico atentase contra la seguridad nacional.
En lo personal respeto el derecho de  cualquier persona a utilizar el cuerpo para trabajar y para su sustento económico. Lo mismo hacemos con nuestras manos y otras partes del cuerpo, por lo que me parece hipócrita la condena moral cuando dicha actividad es sexual. En este particular deseo expresar que no siempre la persona que se prostituye no tiene acceso a un trabajo digno, pues conozco a profesionales y a trabajadores y trabajadoras que ejercen la prostitución. La Epidemiología le denomina eufemística y estratégicamente «sexo transaccional».
Sin embargo, existen límites sobre los cuales deben plantearse mínimos morales. La prostitución es una actividad organizada por y para beneficios de los hombres y se basan en la explotación violenta de mujeres cisgénero, mujeres trans y hombres (en nuestro contexto se les conoce como pingueros).
Dicha práctica se torna peligrosa por la vulnerabilidad que implica ser la única alternativa que tienen estas personas para subsistir y cuando se cercena la libertad, la equidad y la autonomía de quien ofrece el servicio.
No apoyo el término «trabajo sexual» propuesto por el movimiento feminista y adoptado en los discursos y narrativas de derechos humanos de las Naciones Unidas por pactar sospechosamente con las bases ideológicas del patriarcado, implementadas en un mundo crecientemente desigual y neoliberal.
Llamemos las cosas por su nombre, desmantelemos las relaciones patriarcales. Los Estados que legalizan la prostitución son Estados proxenetas. Apoyo la propuesta del Centro Nacional de Educación Sexual de penalizar al cliente y de ampliar el debate académico y popular en relación a las causas, impactos y el análisis franco de los valores morales y sociales que se ponen en juego cuando de prostitución se trata. [Santos Suárez, 25 de enero de 2017]

martes, 11 de octubre de 2016

Misoginia en Estados Unidos, Donald Trump y las trompetillas mediáticas

Desde el hotel donde pasé parte de mis vacaciones pude ver el circo mediático orquestado por CNN durante la campaña electoral en los Estados Unidos. El blanco de tanta alharaca fue Donald Trump y sus «nuevas» expresiones misóginas.

En 2005 el magnate, refiriéndose a las mujeres, dijo «Es como un imán. Las beso. Ni siquiera espero. Y cuando eres una estrella, te dejan hacerlo. Puedes hacer cualquier cosa. Lo que quieras. Agarrarlas en la [entrepiernas*]. Lo que sea».

La televisora CNN utilizó a comentaristas mujeres, predominantemente blancas y representantes del establishment,  para combatir o apoyar al candidato republicano. Ellas se manifestaron desde sus intereses políticos electorales, ninguna hizo mención alguna a la ideología patriarcal.

A fin de cuentas, no era la primera vez que Trump hacia declaraciones misóginas, sexistas, racistas y xenofóbicas. El empresario conservador es todo un compendio interseccional de odios y discriminaciones.

Lo que pasa es que la misoginia se ha verbalizado en una coyuntura electorera que no hace propuestas liberadoras en relación a las asimetrías de género.

Las narrativas mediáticas apelan de forma simplona y conservadora al respeto de las hijas y de las hermanas por parte del candidato republicano, mientras los propios medios cosifican los cuerpos de las mujeres en los anuncios comerciales, que representan el súmmum del poder patriarcal.

Minutos después de amplios análisis sobre la misoginia de Trump, la televisora pasaba comerciales donde la mujer es objeto de deseo, y se refuerza su papel de ama de casa y dueña del espacio privado. En fin, CNN lanzó trompetillas a Trump, nunca fue a la esencia real de este problema.

Tanto Trump como CNN ejercitan la violencia de género. La del magnate es verbalizada, la de los medios es simbólica.

¿Por qué CNN no presentó la perspectiva de las lideresas feministas radicales estadounidenses?, ¿por qué no se dio voz a las académicas y académicos estadounidenses para hablar sobre patriarcado, pobreza, racialidad, etnicidad y políticas públicas?

Se nos presenta a la alternativa demócrata, la enarbolada por una mujer inteligente, sagaz, pero peligrosamente veleidosa, pues cambia como una veleta cuando de dineros e intereses patriarcales se trata.

Sin embargo, la Clinton tiene un discurso que beneficia a las mujeres, de hecho representó a su país siendo primera dama en la Conferencia Internacional de la Mujer, celebrada en 1995 en Beijín, China.

Ella cuenta con el apoyo de parte de grupos feministas que se considera por muchas académicas como conservadores, muestra una posición de garantizar beneficios sociales en cuanto al sistema de salud, aún y cuando el lobby conservador y patriarcal de las farmacéuticas compró su silencio en la década de 1990.

El hecho de que sea electa presidenta no significa que logre cambios significativos en cuanto a la equidad de género. Lo mismo ha pasado con Obama, que durante su mandato se ha reactivado a niveles escandalosos los hechos discriminatorios hacia las persona de piel negra.

Quien sea elegido encuentra un país con un pago desigual a las mujeres en relación a los hombres con igual calificación, con violencia sexual hacia las mujeres en las universidades, con asimetrías en el acceso a beneficios sociales a las mujeres migrantes, negras y latinas; sin acceso gratuito y universal a los tratamientos médicos de transición a las personas trans, sin derechos reproductivos plenos a mujeres heterosexuales y lesbianas, entre otros.

El desmontaje de la ideología patriarcal también pasa por la carrera armamentista, la destrucción rapaz del medio ambiente y la imposición forzosa y violenta de valores culturales estadounidenses. Ojalá contemos con personas, que independientemente de su género, sean capaces de comprenderlo.

Evidentemente la libertad de prensa y de opinión tiene límites desde el poder pues existe todo un corpus narrativo invisible, cuidadosamente ocultado, que va al centro del problema, más allá de los deseos de Trump de ser presidente y de agarrar las entrepiernas femeninas. [Santos Suárez, 11 de octubre de 2016]

*Trump utilizó pussy, término vulgar para denominar a los genitales externos femeninos.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Humor y opresión: complicidad peligrosa

Hace ocho años, durante la celebración de la I Jornada Cubana contra la Homofobia, un destacado activista clamaba por la existencia de espacios de esparcimiento libres de discriminación. Su propuesta tuvo eco en otras personas allí reunidas y fue uno de los primeros cambios permisivos del Estado cubano en  cuanto a políticas no discriminatorias hacia las personas no heterosexuales.
Con altibajos dejamos de asistir a las fiestas clandestinas en las afueras de la ciudad para contar con espacios más seguros y de mejor calidad artística, libres de persecución policial, aunque con precios aún altos y no siempre felizmente inclusivos.
El fin de semana mi pareja y yo nos fuimos el proyecto El Divino en el Café Cantante. 
 
El artista invitado fue el actor humorístico Ángel Ramis, conocido como Cabo Pantera, personaje que surgió en el programa televisivo Jura decir la verdad.
En su desempeño el Cabo Pantera se ríe de todo, empezó con su propia fealdad, pero después la emprendió de forma grosera contra los orientales y frente a un público mayoritariamente gay, se explayó con chistes homofóbicos.
Nada nuevo, en la propia televisión nacional se hacen chistes como estos. No es la primera vez que muchos de nuestros humoristas, con su lamentable falta de talento, echan mano de la burla hacia grupos minoritarios, o para ser políticamente correcto: en desventaja social.
Lo lamentable fue ver cómo se sonreía el público. Uno de los chistes que más risas produjo tenía que ver con la homosexualidad del cantante Ricky Martin y la disposición del humorista «a meterse a homosexual» para acceder al dinero del cantante.
Resulta interesante — y también lamentable— ver cómo las personas a las que se les niegan muchos derechos por la orientación erótica de su deseo o por su identidad de género asimilen de forma acrítica chistes discriminatorios.
Al parecer solamente somos capaces de sentir y rebelarnos contra la opresión en determinados contextos, pero somos totalmente ineptos para denunciar las discriminaciones en el lenguaje. En definitiva, mientras paguemos y consumamos todo parece ir bien.
El humor juega con el poder del lenguaje y las imágenes. Puede ser liberador y es útil para derribar prejuicios. En nuestra historia ha sido arma de denuncia y de lucha por otras causas, pero ha sido igualmente utilizado para ejercer exclusiones y asimetrías sobre otros.
Me resisto a seguir siendo cómplice de la opresión en cualquier forma de expresión. Me opongo aceptar la maldición del choteo que enunciara Mañach hace más de 50 años cuando se refirió a la cubanía.
Ya bastante tenemos con el bombardeo audiovisual que legitima ideas racistas, machistas, misóginas y de lucro. Ni siquiera en un bar o en otro espacio de diversión uno escapa de esos códigos, pero como mínimo debemos asumir una actitud crítica ante ello.
No quiero que esta entrada sea vista como un ataque al proyecto El Divino, ni que algún oscuro poder decida cerrar el espacio, tal y como ha ocurrido en estos últimos ocho años.
Soy testigo de que su coordinador, Isaac, se esfuerza para ofrecer un espectáculo de la mayor calidad posible, dentro de lo que permite las reglas —no siempre escritas— del mercado. Además, se reconoce que en los segmentos del espectáculo se integran desde hace años mensajes contra el consumo de drogas y alcohol, contra las ITS, el Sida y la homofobia.
Solamente quiero llamar la atención sobre el hecho cómplice de aceptar contenidos discriminatorios que nos mantiene subyugados al poder heterosexual y machista. La igualdad debe lograse en todos los aspectos posibles. Mejoremos los espacios, gocemos, pero sin dejar de pensar. [Santos Suárez, 14 de septiembre de 2016]

domingo, 7 de agosto de 2016

SemLac: Uniones homosexuales en Cuba, contrapunteo a favor de los derechos

Carlos Alejandro Rodríguez
Alberto Roque
Nomi Ramírez

El activismo a favor de los derechos humanos de la población LGBTIQ en la isla ha puesto en el centro de los reclamos el reconocimiento legal de las relaciones no heterosexuales. El gobierno y la sociedad cubana no han resuelto a favor de las parejas homosexuales, pese a los adelantos que vive el mundo y la región latinoamericana con la aprobación del matrimonio igualitario, entre otras leyes. El debate Uniones homosexuales en Cuba, contrapunteo a favor de los derechos presenta las opiniones de Nomi Ramírez, activista trans integrante de la Red TransCuba; el joven periolosdista Carlos Alejandro Rodríguez y Alberto Roque, médico y activista por  derechos de las personas LGBTIQ.
¿Estaría a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo o del reconocimiento legal de las uniones consensuales? ¿Por qué?
Estoy a favor de cualquier solución, matrimonio o reconocimiento legal. Lo importante es que las personas encuentren un apoyo legal porque es una necesidad en nuestra comunidad. A mí me gustaría casarme, eso es algo bonito. Si encuentro a la persona ideal y se dan las condiciones lo haría, sería rico. Yo creo que es algo que ayuda a desmitificar un poco a las personas LGBTIQ, con el prejuicio de que son "promiscuas".
Estoy a favor del matrimonio entre personas del mismo. Por eso no creo que la legalización de las uniones consensuales resulte una vía legítima para reconocer el vínculo entre las parejas homosexuales. ¿Qué implicaría reconocer legalmente la unión consensual entre personas del mismo sexo o género mientras se rechaza la opción del matrimonio? En primer lugar la legalización de las uniones consensuales pautaría un tratamiento diferenciado, discriminatorio, a un tipo de parejas que no cumplen con los requisitos ideales ante la ley. (El principal de esos requisitos se trata, efectivamente, de la heterosexualidad). Legalizar estas uniones mientras se niega el derecho al matrimonio igualitario deja entrever —a mi juicio— la resistencia homofóbica de muchos sectores descontentos con que las parejas homosexuales y heterosexuales puedan acceder en igualdad de condiciones a los mismos derechos.
Además, la idea de la unión consensual se ajusta perfectamente a uno de los argumentos usados habitualmente contra el matrimonio gay. Muchas personas, en algún tipo de posición homofóbica intermedia, aceptarían que se legalice la unión consensual entre personas del mismo sexo, pero se oponen a que se ese tipo de relación se llame "matrimonio", porque el matrimonio —dicen ellos— fue concebido para el hombre y la mujer. Ese es el argumento o el prejuicio semántico que trasluce la homofobia parapetada detrás de supuestas posturas avanzadas.
Por otro lado, a muchas personas homosexuales no les interesa la institución matrimonial. Es más, la consideran una forma de unión burguesa y obsoleta. Sin embargo, aun en este lado, yo estoy convencido de que el matrimonio igualitario debe existir como posibilidad. Se trata de reconocer iguales derechos a todos los seres humanos. Y no debería suscitarse más debate. Sin embargo, la homofobia persiste e impide que los miembros de la comunidad LGBTI puedan unirse de acuerdo a la ley.
Fíjate, como no existe el matrimonio igualitario, los miembros de las parejas gais y lesbianas no tenemos derecho a la adopción ni a la herencia. Ni tampoco podríamos tomar decisiones trascendentales en el caso de que nuestra pareja sea sometida a procedimientos médicos, por ejemplo. Es que, en realidad, para las leyes cubanas no existen las parejas homosexuales.
La respuesta a la pregunta tiene, a mi entender, tres componentes:  político, estratégico y personal. Desde el punto de vista político abogar por el reconocimiento de una estructura desprestigiada, patriarcal, burguesa, estratificada en poderes (aunque se diga que se basa en la igualdad) es como mínimo una actitud reaccionaria y conservadora. Es conveniente recordar que el matrimonio devino en institución con el surgimiento del Estado burgués moderno y fue una de las concesiones que concedió a la Iglesia cuando esta última perdió el poder político. Dicha concesión no fue gratuita ni una obra de caridad, sino que dio cuerpo al llamado contrato social que institucionalizó la ideología del patriarcado, legitimó los dominios de la esfera pública para los hombres heterosexuales y consideró a las mujeres como naturalmente subordinadas y confinadas al espacio doméstico y privado. Intencionalmente se persiguieron y se intentaron normalizar a las sexualidades y géneros que no se ajustaban a dicho contrato.
 Si miramos a la Cuba actual, las personas heterosexuales han desvalorizado crecientemente al matrimonio y el índice de divorcios es significativamente alto. Las propias familias se han redimensionado de forma diversa y compleja. Sin embargo, para numerosas personas con sexualidades y géneros no heteronormativos (autodefinidas como lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex y otras prácticas, parentescos e identidades no heteronormativos) excluidas totalmente de la Ley, el matrimonio parece ser la única forma de legitimar sus relaciones de parentesco, sin contar con que muchas de ellas creen en sus valores fundacionales religiosos. En nuestro país no conozco que se haya investigado sobre la opinión que este grupo humano tiene sobre el matrimonio.
 En cuanto al componente estratégico, el matrimonio igualitario es una vía para acceder a derechos patrimoniales, de sucesión y de herencia, que son derechos humanos negados a un grupo importante de ciudadanas y ciudadanos.  El matrimonio igualitario, de garantizar todos los derechos, tendría un notable efecto educativo para combatir la discriminación por orientación sexual e identidad de género, aún con los sesgos y las limitaciones de que adolece. El sistema jurídico sería más equitativo y tendría el efecto simbólico de arrancar un privilegio al poder heteronormativo. El desafío está en modificar la institución matrimonial hacia formas verdaderamente equitativas, responsables y libertarias. Podemos tener más derechos, pero de nada vale seguir reproduciendo relaciones filiales y amorosas opresivas.
 Como sujeto profeminista creo que lo personal es político. La mirada que toma como perspectiva mis vivencias de muchos años en una relación amorosa no heteronormativa, abierta y fluida, es también política. Si tuviese que responder a esta pregunta sin los debidos matices, diría que el matrimonio debe desaparecer y abogaría por un mínimo control del Estado sobre las relaciones filiales, solamente aquellas que garanticen la protección de las personas vulnerables o en los casos del patrimonio. También pediría el reconocimiento de las uniones poliamorosas, la inclusión de un enfoque no binario de género que garantice las uniones y las diferentes configuraciones de familias desde construcciones identitarias maleables no asimétricas y equitativas. Despojaría de todo contenido religioso, biomédico y jurídico a las uniones amorosas entre los seres humanos y centraría mis esfuerzos en modificar las bases culturales que perpetúan la hipócrita monogamia y el sentido de posesión entre los seres humanos cuando dicen sentirse enamorados. Mientras tanto, como ser social, debo enmarcarme en una estrategia, sobre las bases políticas y culturales existentes, sin perder la mirada crítica y transformadora.
¿Cuáles son las principales resistencias y barreras a superar en Cuba para reconocer los derechos de las parejas homosexuales?
Cómo te decía, la discriminación y los prejuicios que están enraizados en la mente de algunas personas que creen no tenemos derechos, incluso no merecemos vivir.
Las personas piensan que no nos interesa el matrimonio o la unión legal y que no tenemos pareja estable. Pero eso no es cierto. Yo tuve una relación de siete años y otra de cuatro. Conozco parejas de más de diez años, amigos míos que tienen una vida juntos, casa, negocio.
El matrimonio puede ser algo protector para las personas. Es muy triste saber que un día te puede pasar algo y tu pareja, la persona que estuvo contigo hasta el momento final queda desprotegida, cualquier familiar puede botarla de la casa, dejarla sin nada.
Unos amigos míos, hablando de este asunto, me decía que iban a hacer un testamento pero no todas las personas piensan en eso. Además tampoco todas las relaciones terminan en buenos términos y nosotros también tenemos derecho a la protección que tienen los heterosexuales cuando se divorcian.
Nunca me gustó entrar en el debate simplista que intenta determinar si la sociedad está preparada o no. La sociedad puede estar o no preparada, pero esa valoración me parece secundaria. Lo que debería primar es la voluntad estatal y legislativa de reconocer a todos los cubanos y cubanas como iguales ante la ley. Y esa voluntad, si es firme y sincera, no debería postergar demasiado la aprobación del matrimonio. El acceso al matrimonio igualitario no se trata de un derecho que nadie deba concedernos, es un derecho que nos pertenece. Ni siquiera se me ocurre que el asunto pudiera ser sometido a plebiscito, porque los derechos —como tantas veces se ha dicho— no se plebiscitan. ¿A alguien se le ocurriría someter a referéndum público el derecho de las personas negras —por ejemplo— a formar parte de parejas interraciales? No, claro que no. Y tampoco debería valorarse esa posibilidad trasnochada en el caso del matrimonio igualitario. Deberíamos asumir de una vez el principio de igualdad esgrimido en la Constitución cubana.
Más que derechos de las parejas homosexuales, se trata de derechos para toda la ciudadanía en cuanto a las relaciones de parentescos. Las barreras son de carácter estructural, cultural y políticas.
 Las estructurales requieren de una redifinición del contrato social, que se comprenda como un contrato sexual no excluyente y no estratificado por relaciones de poder. Las políticas definidas por nuestro Estado socialista (en transición) en relación al parentesco y la familia (en singular) son esencialmente burguesas y conservadoras, binarias, y estrechas. Y no me refiero solamente a las Leyes sino al conjunto de todas las políticas que legitiman al matrimonio heterosexual y a la monogamia obligatoria (aunque en la práctica sea bien distinta). Así lo vemos en la práctica pedagógica, en la atención de salud, en los medios de difusión, en los cuerpos armados, en las relaciones de producción, entre muchas otras. Con esto no quiero decir que no se hayan producido cambios sustantivos sobre este particular dentro de la experiencia de la construcción socialista en Cuba, pero aún contamos con demasiados silencios y negaciones en relación a las relaciones de parentesco entre personas con sexualidades no heteronormativas y hacia las personas heterosexuales también.
 Antes de pasar a las otras barreras, quiero mencionar un derecho de parentesco negado a las parejas del mismo género y de difícil acceso para las propias parejas heterosexuales: la adopción. En Cuba es un privilegio vinculado al matrimonio heterosexual, bajo premisas burocráticas arcaicas, que no necesariamente confieren mayor felicidad a la infancia. Ninguna investigación ha podido demostrar que se requiere de la coincidencia de la figura materna y paterna para el normal desarrollo de la infancia. Las propias evidencias científicas han superado este postulado de principios del siglo XX. Adicionalmente se ha comprobado que el desarrollo de la infancia no es muy diferente en las y los infantes que han crecido en el marco de una familia monoparental, homoparental o lesbomaternal.
 Las barreras culturales parten de una tradición religiosa con valores predominante judeocristianos, el impacto social de la organización de Estado burgués liberal moderno en relación a la familia y en el caso de Cuba se adiciona la construcción en curso de una Nación demasiado patriarcal y homofóbica, todavía demasiado conservadora e hipócrita en cuanto a sexualidad y géneros se refiere. De estos antivalores no escapan las personas con sexualidades y géneros no heteronormativos.
 Las barreras políticas tienen que ver con la no cristalización de una ciudadanía con enfoque liberador en relación a la sexualidad y el género. Aunque se cuenta con un activismo naciente que ha abogado por cambios en las políticas en relación a este y otros temas, no se define una línea política ni una estrategia que haya emergido de forma espontánea desde los propios actores sociales como agentes de cambio. El  Estado cuenta con instituciones que abordan estas políticas, pero no reconoce la emergencia de liderazgos múltiples ni favorece la emergencia de grupos de la sociedad civil que aboguen por cambios en la sociedad política. Se habla de voluntad política, pero se canalizan las demandas de forma vertical y en ocasiones bastante autoritarias.
 Al menos se han logrado cambios que significan una apertura en las políticas del propio Partido Comunista en estos temas y se han favorecido espacios limitados de debates durante las Jornadas contra la Homofobia. Por el momento veo un guion con propuestas atractivas pero queda pendiente la puesta en escena. Ojalá y no se escamoteen como muchas otras políticas.
¿Qué instancias o actores sociales son claves en este debate? ¿Cómo valoran su actuación?
Ya nuestra comunidad habla del tema y hace demandas. Aunque todavía no todos estamos dando lo mejor. Hay personas LGBTIQ que viven el día a día y no se vinculan al activismo, no conocen sobre nuestros derechos—como vivía yo antes de comenzar en la Red Trans Cuba—y no creen que pueden hacer otras cosas. Quienes nos beneficiaríamos de estos derechos tenemos que ganar más conciencia.
También haría falta más apoyo de los medios de comunicación y que hablaran más de este tema, de manera inteligente y adecuada, eso es muy importante. Muchas personas en Cuba no se imaginan que las personas gays anhelan, necesitan y merecen el derecho a unirse legalmente.
Yo creo que cualquier institución y grupo es importante como aliado. El Cenesex y el equipo de juristas siempre nos acompañan en este tema, siempre están al lado de nosotros, mano a mano. Por ejemplo creo que la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) también pudiera ser una buena aliada.
En el punto donde estamos ahora creo que la instancia con más responsabilidad es la Asamblea Nacional del Poder Popular, el principal órgano legislativo de Cuba. Sin embargo, el parlamento cubano no se decide de una vez a discutir el anteproyecto de Código de Familia, postergado de un año a otro, por motivos que solo conocen las altas instancias cubanas.
En esa misma Asamblea, Mariela Castro Espín, la directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) ocupa un escaño como diputada. Eso significa que ella, como cualquier otro parlamentario, podría hacer valer su iniciativa legislativa después de cumplir los requisitos dispuestos por la ley. Pero ningún diputado, que yo sepa, se ha atrevido a promover una ley sobre el matrimonio igualitario o las propias modificaciones al Código de Familia.
 Toda la sociedad debe incorporarse a este debate, de lo contrario se podrán aprobar leyes, pero no se desarticularán las relaciones de dominación imperantes en la sociedad civil y política. Las instituciones cubanas todas tienen la responsabilidad de promover estos cambios, así lo establece la política del Partido.
 El mayor consenso posible puede lograrse sin resquebrajar los principios fundamentales que sustenten la unidad nacional. Cuanto más se dialogue y se confronten ideas de forma respetuosa más sólidos será el modelo de Nación que queremos construir. La unanimidad apela más a la simulación que a la unidad.
 En lo particular somos las personas con sexualidades y géneros no heteronormativos los actores claves en este debate. Nadie nos regalará nada.
¿Cuáles acciones creen pudieran impulsar los cambios legales a favor de las parejas homosexuales?
Más que nada hay que ponerlo a debate, por eso la importancia de los medios de comunicación para que se visibilicen más las necesidades sentidas de nuestra población.
Habría también que organizar acciones muy inteligentes y más sistemáticas, porque casi siempre se habla de la unión legal en un cine debate, en un evento específico pero necesitamos un plan que dure en el tiempo, sin llegar a abrumar a la población con demasiada información o acciones.
Ante el rezago de la Asamblea Nacional del Poder Popular, la sociedad civil cubana, los medios de comunicación, otras instituciones del Estado y los ciudadanos, ya sean homosexuales o no, podrían insistir de diversas formas en la necesidad de aprobar el matrimonio igualitario.
Mi novio y yo hemos investigado qué podríamos hacer en calidad de ciudadanos cubanos, como pareja gay. Pero, lamentablemente, parece que todo se reduce a un poco de activismo sin muchas consecuencias: podríamos escribir cartas a la Asamblea, pedir cuentas a nuestros diputados, los mismos que elegimos en nuestros municipios. Al fin y al cabo ellos son nuestros representantes en el parlamento. Y por eso, deberían promover nuestros reclamos.
Implementar una estrategia educativa permanente que se combine con acciones de incidencia política desde el activismo social. La estrategia educativa debe comprender el intercambio con la población y llevar el debate a los medios de difusión, además de incluir las experiencias positivas de uniones entre personas del mismo género y de sus descendientes, según corresponda. Hasta el presente este debate no ha ocurrido fuera de los espacios académicos y de activismo institucional.
 También debe potenciarse el trabajo de numerosas denominaciones religiosas que realizan un trabajo ecuménico a favor de la no discriminación por orientación sexual e identidad de género junto a otros actores de la sociedad civil profesional y no profesional, que pueden articularse con el trabajo institucional.

 Realizar una encuesta a las personas afectadas por la negación de este derecho humano, que incluya los asuntos referentes a la adopción, las uniones entre personas trans antes y después de haberse realizado la transición de género, a las mujeres heterosexuales y homosexuales que desean reproducirse independientemente. Sus resultados serían útiles para edificar nuevas propuestas educativas y de incidencia política a favor de los cambios legales a favor de las personas con sexualidades no heteronormativas.

martes, 14 de junio de 2016

Masacre en Orlando, Estados Unidos: crimen de múltiples odios

La noticia me sorprendió fuera de casa, trabajando. El repugnante asesinato de 49 personas en el Club Pulse en Orlando, Florida, me produjo tristeza e indignación.
Al mismo tiempo despierta la necesidad de un análisis sobre las causas que propiciaron la matanza. Aunque el FBI no ha esclarecido los posibles móviles que llevaron a un estadounidense neoyorquino de ascendencia afgana a perpetrar el masivo asesinato, saltan a la vista varios elementos que permiten clasificarlo como un crimen motivado por muchos odios.
El primer elemento, ignorando rampantemente por el Noticiero Nacional de nuestra televisión, es que se trata de un club de personas lesbianas, homosexuales, bisexuales y trans. La homofobia es sin dudas generadora de violencia física. El odio homofóbico conlleva al exterminio psicológico y físico de la persona con el estigma homosexual, basta incluso tener sospechas.
El segundo elemento es que la noche del crimen el club nocturno abría sus puertas fundamentalmente a la comunidad latina. En este punto se conjugan a la homofobia elementos de carácter étnico y de origen nacional. Cabe resaltar que en la nación norteamericana el melting pot plurinacional nunca cristalizó pues el imaginario social, las ciencias y las políticas siguen clasificando con etiquetas y significados estereotipados a los que no son anglosajones, blancos y protestantes. Ser latino es ser hispano y equivale a no ser blanco y anglosajón, ubica a la persona en un grupo minoritario y subordinado en cuanto a poder, aunque las personas sean de una tercera generación de descendientes de migrantes y su piel y rasgos físicos clasifiquen como «blancos».
Aunque es todavía especulativo, puede que en este caso el asesino sea un fundamentalista religioso islámico aunque naciera en el propio territorio de los Estados Unidos. Inclusive, no tiene que ser islámico, basta con ser protestante y fundamentalista. Aclaro que creer en el Islam o ser prostestante o católico no convierte automáticamente a la persona en asesina, son las ideas religiosas fundamentalistas y extremistas las que conllevan a estos atroces actos.
Para colmo, como agravantes, se suman elementos como la enmienda constitucional que permite a cualquier ciudadano o ciudadana estadounidense comprar armas. Esta última ha estimulado la ocurrencia de muchas otras masacres en semejante ambiente de odio, violencia, exclusión y alienación.
También se evidenció nuevamente la discriminación a las personas lesbianas, gay, bisexuales y trans que les prohíbe donar sangre sin han tenido relaciones sexuales en el último año. Así lo establece la federal Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) en esa ciudad. Las personas heridas no pudieron beneficiarse por el gesto solidario de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y trans. Resulta vergonzosamente paradójico que el mismo Estado que les posibilita el acceso al matrimonio y otros derechos civiles mantenga el estigma sobre la potencial seropositividad al VIH de este grupo humano, discriminando así en el proceso de atención de salud. La macabra Ley atenta contra el derecho a la vida y ejemplifica que el terrorismo no es sólo una amenaza externa, también lo ejerce el Estado.
Quiero expresar mi solidaridad con los familiares de las víctimas y con los sobrevivientes y al mismo tiempo tomemos nota de lo ocurrido para aprender y repensar una vez más nuestras estrategias de lucha en relación a los crímenes de odio. [Santos Suárez, 14 de junio de 2016]