domingo, 4 de mayo de 2014

Conferencia Regional de Derechos Humanos de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex en Cuba

Hace diez años no me pasaba ni remotamente por la cabeza estar escribiendo ese título. La VI Conferencia Regional de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA-LAC) se celebrará en Varadero desde el 6 al 10 de mayo próximos. Lamentablemente no asistiré pues tengo compromisos académicos sobre estos temas en las provincias en esta misma semana. Allí creo ser un tilín más útil pero no significa que pase por alto tan importante reunión.
La cita incluye a activistas de Latinoamérica y el Caribe y la lidera la sede regional que merecidamente se ubica en la Ciudad de Buenos Aires. La región ha tenido avances concretos en el respeto al derecho a libre orientación sexual e identidad de género. Argentina, es de hecho, uno de los países con más avances legislativos al lograr la aprobación del matrimonio igualitario y de la más avanzada Ley de Identidad de Género, que permite el reconocimiento legal de la identidad de género con la que cualquier persona adulta se identifique sin necesidad de intervenciones médicas ni de otras intromisiones del estado ni de las iglesias.
Sin embargo, la región enfrenta desafíos mayúsculos, sobre todo por la penalización de la homosexualidad en numerosos países caribeños, la precariedad de la vida de las personas LGBT, el preocupante índice de crímenes de odio y su pobre tipificación y enfrentamiento por los estados.
Algunas naciones que dicen tener un estado laico tienen una apabullante influencia de las iglesias y han florecido los fundamentalismos religiosos que condenan a las identidades y sexualidades no heteronormativas y no monogámicas. Se mantiene la penalización del aborto en la mayoría de los países y se conocen de estadísticas alarmantes de feminicidios.
La concertación de iniciativas políticas transnacionales es pobre o fragmentada y depende en muchos casos del Sistema Interamericano de Derechos Humanos al cual no están integrados Cuba ni Venezuela. Las más recientes iniciativas integradoras de la región permanecen sin incluir en sus agendas políticas un compromiso serio en la erradicación de la discriminación por orientación sexual e identidad de género.
La marcada división en identidades sexuales y de género de las y los activistas constituye un obstáculo para concertar acciones de abogacía basadas en el consenso. También se suman las marcadas diferencias ideológicas y las rémoras derivadas por el acceso a fondos financieros, muchos de ellos provenientes de agencias y gobiernos de países del norte con agendas destinadas a la desarticulación de los movimientos sociales LGBT y feministas.
La presencia de un liderazgo creciente en la región es un elemento positivo, así como los problemas que enfrentamos por nuestra tradición cultural común.
Para Cuba es un momento ideal, que merece una amplia cobertura mediática, que ojalá no se afecte por la distancia a la que está Varadero de la capital, entre otras malas hierbas potenciales.
Pienso en este momento en nuestros activistas y en la posibilidad de abrir el enfoque más allá de la salud sexual y reproductiva, pues los derechos humanos de las personas LGBT son una cuestión de ciudadanía, en una nación como la nuestra, en plena transición socialista. Quizá comprendamos que además del destacado y necesario papel de las instituciones, deben articularse procesos de participación horizontales que faciliten un creciente autogobierno plural y emancipador. De lograrse esta utopía, lejos de constituir una oposición a las políticas del estado contribuirá a fortalecerlo y hacerlo más equitativo. [Centro Habana, 4 de mayo de 2014]