martes, 29 de septiembre de 2015

Disculpas y rectificación sobre el post «El Papa Francisco me simpatiza, pero.»

Mi post más reciente «El Papa Francisco me simpatiza, pero…» no se ajusta  al contexto del discurso de Su Santidad en las Naciones Unidas. Su contenido se inspira en una nota de prensa sobre una declaración de la reconocida organización chilena por los Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh).

En ningún momento el sumo pontífice se refirió a la homosexualidad en su discurso. Los temas comprendieron la dignidad humana, el respeto a la vida, el desarrollo humano, la protección del medio ambiente, la lucha contra la pobreza, la omnipotencia de minorías humanas, los conflictos bélicos y los derechos humanos, entre otros.

El segmento en cuestión dice:

"Sin el reconocimiento de unos límites éticos naturales insalvables y sin la actuación inmediata de aquellos pilares del desarrollo humano integral, el ideal de «salvar las futuras generaciones del flagelo de la guerra» (Carta de las Naciones Unidas, Preámbulo) y de «promover el progreso social y un más elevado nivel de vida en una más amplia libertad» (ibíd.) corre el riesgo de convertirse en un espejismo inalcanzable o, peor aún, en palabras vacías que sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción, o para promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables. La guerra es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente. Si se quiere un verdadero desarrollo humano integral para todos, se debe continuar incansablemente con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y entre los pueblos."

 

Mi principio es comprobar las fuentes y esperar el tiempo necesario antes de citar. Lamentablemente confié en el reportaje sobre la declaración de Movilh y mi lenta conexión por modem impidió acceder al discurso original (ahora tengo internet en casa, pero con menor acceso a cualquier página por la lentitud de la conexión).

 

Pido disculpas por lo ocurrido. No es justo ni ético citar a persona alguna fuera de contexto. Desde mi propia experiencia sé muy bien lo que eso significa.

 

No obstante, mantengo mis criterios e interrogantes enunciadas en el post en relación a la Iglesia católica y su doctrina sobre el cuerpo, los géneros, las sexualidades y los parentescos.

 

Pecaría de ingenuo si creyese en bellas palabras que se estrellan contra milenios de ignominia y oscurantismo. Reitero: me simpatiza el Papa Francisco, pero no le creo cuando se sexualidades y géneros se trata. [Centro Habana, 29 de septiembre de 2015]

lunes, 28 de septiembre de 2015

El Papa Francisco me simpatiza, pero.

El Papa Francisco me cae bien. Mi ateísmo empedernido no me impide apreciar su carisma, su estilo desenfadado, su cercanía con la gente, sobre todo humilde.

También coincido con muchas de sus declaraciones y me ha sorprendido su posición personal acerca de la igualdad de género, sobre los efectos de la globalización, la transculturalización, su sentido de la solidaridad y el amor al ser humano.

En cuestiones de sexualidad el Santo Padre fue un poco más lejos cuando dijo hace dos años “¿quién soy yo para juzgar a un gay?”. En esa misma declaración agregó que se oponía a cualquier lobby. Se refería sin dudas a los movimientos políticos que abogan por el respeto de los derechos de las personas con sexualidades no heteronormativas.

Durante su visita a Cuba, parece que no se refirió directamente a este tema, de hecho, usó en varias ocasiones la palabra familias, en plural, aunque no quede claro si se refiere a todas sus configuraciones o solamente a la que el dogma católico reconoce como legítima.

En la sede de las Naciones Unidas por fin saltó la liebre. Allí se refirió a las uniones entre personas del mismo sexo como la promoción de una “una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables”.

Francisco, su Santidad, defiende a capa y espada los derechos humanos para todos, al parecer algunos derechos, los que le convienen a la Iglesia Católica desde hace siglos, cuando a golpe de colonización borró culturas edificadas en milenios, saqueó e impuso identidades y maneras de pensar que generaron muertes en la hoguera, torturas y sufrimientos.

Tal irresponsabilidad consideró por siglos a las mujeres como cuerpos sin almas, se instituyó el matrimonio y la familia monogámica como un espacio de sometimiento, estratificado en poderes. El costo lo estamos pagando todavía.

¿Cómo se atreve el Santo Padre a hablar de igualdad de género si no se les permite a las mujeres tener títulos jerárquicos en la Iglesia al igual que los hombres?, ¿por qué se les impone a la curia el celibato?, ¿por qué se controla el cuerpo de las mujeres y su derecho a decidir sobre la reproducción, aun cuando corren peligro de muerte?

Su cinismo sin límites, no condena al pecador, pero sí al pecado de la homosexualidad. Parece progre Jorge Mario Bergoglio, casi suena como de izquierda, me cae bien, pero no le creo. [Centro Habana, 28 de septiembre de 2015]