lunes, 2 de febrero de 2015

Algunas notas queer sobre el feminismo en Cuba

¿Existe en Cuba un movimiento feminista? ¿Se realizan estudios académicos desde una perspectiva feminista? Una destacada activista feminista respondió negativamente a estas preguntas durante una entrevista.

Desde hace varias décadas se investiga y se publica desde Cuba sobre género, con una mirada fundamentalmente centrada en los temas de las mujeres heterosexuales y hacia las masculinidades, pero pobremente enfocada desde una perspectiva feminista. De hecho, para muchas personas en Cuba el feminismo es una palabra incómoda.

Más recientemente, en los diferentes espacios de participación en los que se ha desenvuelto el activismo político sobre género y sexualidad, se evidencian nuevas voces feministas cubanas que interpelan las maneras tradicionales de abordarlos desde una perspectiva binaria, heteronormativa, falocéntrica, salubrista y reproductiva.

Los debates públicos, con su irrupción en el espacio virtual, la aparición de blogueras y blogueros y el encomiable trabajo de los medios informativos alternativos muestran nuevos discursos críticos, revolucionarios y radicales desde diferentes aristas del feminismo. Sus exponentes más destacadas convocan a desnaturalizar las diferencias de género mediante la desarticulación del poder patriarcal y su perpetuación, a pesar del visible empoderamiento de las mujeres y las halagüeñas estadísticas resultantes de las políticas del Estado cubano en relación con sus derechos.

De esta manera, se ha ido conformando una incipiente relectura sobre los géneros y las sexualidades que se interceptan con la racialidad, la orientación erótica del deseo, el nivel escolar y económico, el lugar de residencia, las discapacidades, las migraciones, la religiosidad, entre otras. Dichos discursos invitan a dialogar con la ortodoxia académica y del activismo por la equidad de género y las sexualidades no heteronormativas producidos desde las instituciones cubanas. Muchas de ellas se identifican como feministas queer o toman algunos aspectos de la teoría y práctica queer anglosajona y latinoamericana.

En el presente texto no se pretende realizar un análisis exhaustivo y objetivo sobre la existencia o no de un feminismo cubano en la actualidad. Esa sería una tarea compleja y llena de sesgos marcados por la subjetividad, mucho más cuando se aborda desde una perspectiva masculina.  Más bien se intentará situar en el debate algunos de los elementos que la teoría y las prácticas queer pudieran aportar a la producción académica y a la generación de políticas sobre géneros y sexualidades.

 

Lo queer y la relectura del género y el deseo erótico

Queer proviene del inglés y su traducción se hace difícil en idioma español. Pudiera definirse como torcido, raro, extraño; en la jerga anglosajona se utiliza para calificar peyorativamente a las personas homosexuales.

Las y los activistas estadounidenses por los derechos de las personas homosexuales se apropiaron del término para refundar su movimiento político, que para finales de la pasada década del ochenta enfrentaba nuevos desafíos y mostraba un evidente agotamiento en sus estrategias de lucha. Fue esa una época compleja, caracterizada por el liderazgo casi absoluto de hombres gays anglosajones y de clase media que enfrentaban el dolor por las muertes que provocó la epidemia del sida, en plena implementación de políticas neoliberales por la administración de Ronald Reagan.

Las feministas radicales de izquierda, muchas de ellas marxistas y con una reconocida trayectoria académica, interpelaron la categoría de género basadas en la diferencia sexual, reinterpretaron las relaciones de poder que atraviesan al cuerpo como ente material y simbólico, definieron de forma separada los campos del género y la sexualidad y legitimaron los deseos y cuerpos que no fueron tomados en cuenta ni siquiera por el propio movimiento a favor los derechos homosexuales.

Del orgullo por expresar públicamente el deseo erótico homosexual, lo queer devino en una actitud y práctica políticas subversivas y cuestionadoras de las estructuras institucionales que asimilaban a la persona homosexual en medio de una dictadura heterosexista y patriarcal. También visibilizó a los innombrables, a los que no cuentan ni existen siquiera para los oprimidos por el poder patriarcal: mujeres lesbianas, bisexuales, negras, pobres, migrantes, chicanas, indocumentadas, personas trans, musulmanes, comunistas o socialistas.

Más allá de las políticas y prácticas institucionales, lo queer convoca a desestructurar los mecanismos más sutiles y perversos que mantienen el poder heteronormativo desde una propuesta que sitúa al género como categoría que produce asimetrías jerárquicas si toma como punto de partida a la diferencia sexual.

Lo queer desmonta la relación lineal del sistema sexo-género-deseo, que desde el feminismo de la diferencia ya reconocía que no siempre se nace hembra y se deviene mujer heterosexual apta para la reproducción; desde sus postulados el género nombra al sexo, es decir, le confiere significados a un cuerpo anatómicamente diferente mediante la asignación de normas culturales, sociales y políticas.

La identidad desde lo queer se la considera como un construcción cultural y política que desde las perspectivas del género y la sexualidad implican la pertenencia a una compleja estructuración de poderes jerarquizados.

Cuerpos femeninos en la transición de una Nación sexuada

Ser mujer y lograr ocupar espacios de poder y participar en la toma de decisiones políticas y sociales, pero reproduciendo las mismas prácticas definidas por el poder patriarcal y heteronomativo, no significa que se disfrute de mayor libertad e igualdad. Ser mujer desde la oposición binaria a lo masculino, aún y cuando dicha oposición sea confrontacional o radicalmente femenina no genera mayores espacios de equidad si no se desmontan las formas evidentes o sutiles de la opresión masculina en los discursos —incluye las formas opresivas contenidas en el lenguaje— y en las prácticas cotidianas, tanto en los espacios públicos como privados.

En Cuba las políticas afirmativas han promovido mayor representatividad femenina, incluso en estratos de la alta política. Las féminas han ocupado los espacios públicos como nunca antes en la historia de la Nación cubana, pero atrapadas en los dictados de la norma heterosexista profundamente patriarcal.

La situación es aún más inequitativa y perversa en los espacios privados. Las labores domésticas son un trabajo no remunerado que sigue siendo responsabilidad de las mujeres. La Federación de Mujeres Cubanas (FMC) —organización de masas que funciona como una especie de correa de transmisión entre el Estado y las mujeres cubanas— no ha mostrado una posición clara ni radical en relación a la denominada “segunda jornada”. Esta forma de dominación se naturaliza desde los discursos mediáticos, donde se apela escandalosamente a que las féminas deben recibir la ayuda de los hombres y más recientemente al reconocimiento de sus esfuerzos por sus tareas domésticas.

También se han generado algunos mensajes institucionales que responsabilizan a las mujeres con la urgente necesidad de aumentar las tasas de natalidad, ante el envejecimiento poblacional en un país con una sostenida precariedad económica. Como respuesta, los contradiscursos feministas que defienden la autonomía sobre el cuerpo femenino han sido aislados, fragmentados y recluidos a los espacios virtuales. La FMC se ha hecho públicamente eco de las necesidades del Estado sobre este particular y sigue pendiente el imprescindible debate a nivel de sus organizaciones de base y en las comunidades sobre complejos factores que influyen en las bajas tasas de natalidad.

Lo queer cuestiona la construcción de la feminidad en estos términos y apela a transformar las relaciones de género, al no tomar como punto de partida al sexo y la reproducción, referencias que imponen roles desde la cultura. El pensamiento y la práctica queer plantea que el género es una especie de representación (performance) cotidiana y ritualizada, que se asume de forma subconsciente y en ocasiones conscientemente. En ello radica la posibilidad de ser transformado.

Un feminismo queer nos propone una especie de paleta multicolor para reinterpretar al género y transformarlo paulatinamente hasta su desaparición como categoría basada en  asimetrías de poder. Desde lo queer se reconocen formas heterogéneas, difusas y siempre cambiantes de feminidad, no adscritas a los deseos de una ideología hegemónica de la masculinidad. Las diferencias anatómicas de los sexos no son una condición para que lo femenino signifique la asignación cultural de tareas y roles diferentes y subordinados a lo masculino.

Ni el activismo social ni la academia cubana han realizado una aproximación feminista de las identidades trans, a pesar de que la historia de la Nación cubana cuenta con algunos ejemplos de hombres biológicos que transgredieron las normas de género y sobre todo a la inversa, es decir, mujeres biológicas que irrumpieron en el espacio público con roles y atributos masculinos[i].

El transfeminismo tiene un amplio registro de producción de saberes a nivel internacional, que se ha legitimado desde el activismo político y se ha enriquecido con los aportes de la teoría queer y de numerosas activistas y académicas[ii] que asumen la fluidez y flexibilidad de los géneros como militancia y como una actitud ante la vida.

La plataforma del transfeminismo acoge a una heterogeneidad de expresiones subversivas del poder patriarcal y heteronormativo, que incluyen a las feminidades trans (transexuales femeninas), a las personas que no se identifican con ningún género (agéneros), o expresan atributos de ambos géneros (transgéneros) y a las personas con género queer.

El transfeminismo queer resulta particularmente interesante por ser un movimiento radical que se opone a las políticas y a las relaciones sociales que promueven la asimilación de los géneros y las sexualidades por el poder heteronormativo; rechazan el hecho de que las personas trans tengan que acomodar su cuerpo y el resto de sus expresiones de género a la feminidad o a la masculinidad (según corresponda) hegemónicas. Es decir, una persona trans femenina (varón, biológica y legalmente) debe mostrar en el espacio público, ante su familia y ante el poder biomédico que cumple con la mayoría de los patrones de feminidad extrema que establece la cultura, todo ello para poder integrarse socialmente y que se le reconozca el pleno ejercicio de ciudadanía. No es raro ver a personas trans con  expresiones de género marcadamente femeninas que reproducen los mismos estereotipos de delicadeza, sumisión y subordinación de numerosas mujeres cisgénero[iii].

Para el transfeminismo queer semejante realidad no es integración, se trata de una asimilación por un poder jerarquizado que ubica a estas personas en los márgenes de la sociedad, no es más que una mascarada performativa que no genera automáticamente derechos ni espacios de libertad.

En el contexto cubano es importante destacar que, al reconocimiento de la personalidad jurídica de acuerdo a la identidad con las que las personas trans se identifican, las obligan a pasar por una transformación total del cuerpo, con la pérdida de las funciones reproductivas, y dejan fuera a un grupo importante de individuos trans que solamente solicitan trasformaciones parciales.

Hasta el momento no se avizora el surgimiento de actores sociales trans que propongan o demanden un reconocimiento pleno de identidades fluidas de género. Los sujetos trans sobrevivientes a la violencia real y simbólica desarrollan un activismo empoderador y participativo en Cuba, de acuerdo a intereses institucionales muy definidos, generalmente restringidos al campo de la salud sexual. Ellos aún están muy lejos de apropiarse de las teorías y fundamentos del feminismo, mucho menos con enfoque queer.

Los sujetos con género queer son enfáticos en que se reconozca el derecho a la autonomía de cada persona para nombrarse y autodefinir su identidad tal y como lo considere, sin coerción, ni etiquetas, ni intervenciones médicas. Ellos defienden una integración   transformadora de las relaciones sociales, con pleno goce de la autonomía sobre los cuerpos.

Prácticas, deseos y parentescos queer

Lo queer abraza también a las prácticas y deseos sexuales fluidos, consentidos y responsables, que generen disfrute pleno de una capacidad casi inherente al ser humano: el placer sexual.

El feminismo a nivel internacional ha debatido ampliamente sobre las representaciones del cuerpo femenino, incluyendo el erotismo, el homoerotismo y la pornografía. De hecho, ya se habla de estudios post-pornográficos y de las relecturas sobre el cuerpo en relación con su consumo cultural en tiempos de altos flujos de información, donde prevalece lo visual.

En Cuba se han realizado acercamientos críticos sobre el placer sexual que utilizan un enfoque de género feminista, sobre todo en las artes escénicas. Otros pocos destacados académicos y activistas han incursionado en el ensayismo influido por los estudios queer en las artes visuales y en la literatura.

Sin embargo, el activismo político y la academia siguen posponiendo el tema del placer sexual y los estudios sobre pornografía apenas se realizan, siendo una palabra más proscripta que el feminismo.

Lo queer en este contexto brinda un enfoque amplio y flexible sobre el cuerpo y su potencial erótico que fluctúa desde la legitimidad del autoerotismo hasta las prácticas sexuales no monogámicas responsables, sin importar género, racialidad o estatus social. La abstinencia sexual completa es también válida, siempre y cuando no se deba a coerción o a la limitación de la autonomía de la persona. Desde lo queer se desgenitaliza el placer sexual y se promueve la exploración de todo el potencial erótico del cuerpo.

Un feminismo influido de estos preceptos podría contribuir a derribar los mitos sobre la mujer cubana siempre hermosa y deseada, que nunca se masturba y que siempre tiene relaciones monogámicas. Lo queer promueve la comprensión de otras prácticas sexuales entre las propias mujeres, libres de normativas patriarcales, con entera libertad, donde no sea un mero objeto de deseo sino una participante activa en el intercambio de placeres.

Las uniones sexuales y los tipos de parentescos son otra problemática que perviven en nuestro imaginario y en los marcos institucionales. La ideología patriarcal comprende solamente las uniones monogámicas heterosexuales y, al mismo tiempo, se muestra hipócritamente permisiva con las relaciones poligámicas practicadas por hombres heterosexuales. El resto sigue siendo una aberración, aun y cuando existen en el contexto cubanos los tríos o triejas, muchos de ellos heterosexuales, que tienen que mantenerse ocultos o de forma discreta si pretenden construir un proyecto de vida y una intimidad erótica entre ellos. No es raro que los miembros de estas uniones soliciten evaluación psicológica o de consejería como resultado de las incomprensiones de sus familiares o por la presión social en los espacios donde residen.

Desde el feminismo se propone la posibilidad de construir parentescos múltiples sin que por ello se niegue el derecho a las relaciones monogámicas. Lo queer en este punto propone la desarticulación del matrimonio como institución patriarcal y el reconocimiento legal de múltiples tipos de uniones, independientemente del género y el número de personas que la integren. De esta manera el Estado debería reconocer los derechos patrimoniales y los deberes indispensables que se deriven de estas asociaciones sexo-eróticas, sin intervenir en la autonomía personal de sus integrantes en relación a su sexualidad, con plena garantía de la igualdad y de sus derechos humanos.

Utopía: Nación feminista en Revolución queer

El proyecto de Nación que se construye en Cuba debe pasar por el desmontaje de las relaciones jerarquizadas entre los géneros que se basan en la diferencia sexual, sin asimilaciones ni políticas triunfalistas. No será suficientemente revolucionario un proyecto de país que no genere los espacios de participación que hagan comprender que un ser humano no debe ser clasificado de acuerdo al sexo, el género o la orientación erótica del deseo, así como su conexión con la racialidad, las discapacidades, su estatus económico, el seroestatus al VIH, ideología y creencias religiosas.

No se trata de copiar y aplicar forzosamente teorías sino de combinar dinámicamente los aportes de diferentes saberes y prácticas revolucionarias y emancipatorias. El feminismo, y los aportes de la teoría queer parecen ser propuestas útiles. En el reconocimiento y respeto a esa compleja heterogeneidad de la Nación le va la preservación de su propia unidad.

 Notas:



[i] Ver González Pagés, J. C.: En busca de un espacio: historia de mujeres en Cuba: Ediciones de Ciencias Sociales, 2003.

[ii] Para una mejor comprensión del texto, usamos el género masculino o femenino, aunque muchas de estas personas no se identifican necesariamente con ninguno de los dos. En inglés se autodefinen con los neutros transgender, bigender y gender queer. Cada vez es más frecuente el uso de la @ para incluir a los dos géneros o de la X para expresar una neutralidad total referente a los géneros en la lengua española. La problemática, no aceptada por la Real Academia de la Lengua Española, se origina por la jerarquización de géneros binarios en nuestro idioma, el cual, como ente incesantemente vivo, podría ir adoptando a los nuevos aportes de la academia y de las prácticas sociales sobre el género y la sexualidad.

[iii]    Cisgénero se refiere a las personas no transgénero.


Tomado de: Feminismos de hoy. Retos y perspectivas en Cuba y más allá de sus fronteras. Servicio de Noticias de la Mujer de América Latina y el Caribe. Año I, No. II, 2014