miércoles, 8 de mayo de 2013

Jeffrey Weeks, la justicia sexual y los significados simbólicos del bate de pelota

Estoy feliz: hoy regresé a los viejos predios de la escuela donde comencé mis estudios de Medicina para disfrutar de la conferencia magistral del sociólogo galés Jeffrey Weeks.

El autor de «Los Malestares de la Sexualidad» (1985) asiste como invitado del Centro Nacional de Educación Sexual a las actividades de la VI Jornada Cubana contra la Homofobia. Su conferencia «Justicia Sexual en el Contexto Global» contó con un auditorio formado predominantemente por estudiantes de ciencias médicas del Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas Victoria de Girón, además de profesores, profesionales dedicados al estudio de la sexualidad y un número reducido de activistas por los derechos sexuales.

Escuchar al profesor Weeks es un privilegio, sobre todo por el enfoque humilde, esclarecedor, optimista y profundamente humanista sobre los aspectos teóricos de la sexualidad.

El también autor de «Sexuality» (1986, 2003, 2010) explicó sobre la primera iniciativa de la conmemoración  internacional del Día contra la Homofobia el 17 de mayo de 2004. La fecha conmemora la retirada de la homosexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades  de la OMS, el mismo día y mes de 1990.

Posteriormente hizo un recuento sobre la construcción socio-cultural e histórica de la sexualidad. «La homofobia, la bifobia y la transfobia  están enraizadas en la historia de la opresión sexual y de género, con dimensiones globales», enfatizó.

Resultó interesante su reflexión acerca de la homosexualidad y el desarrollo del  imperialismo. Al respecto apostilló: «la hostilidad hacia la homosexualidad está ligada a la historia del imperialismo, a través de complicadas relaciones de poder de alcance internacional».

Su afirmación abre un diapasón amplísimo para el debate. Por un lado, las corrientes progresistas, el movimiento feminista europeo y la Revolución Bolchevique, liderada por Vladímir Ilich Lénin, promovieron un posicionamiento positivo hacia la homosexualidad, que en el caso de la Unión Soviética fue despenalizada.  Sin embargo, la evolución de otras izquierdas no tuvo el mismo enfoque. Stalin repenalizó la homosexualidad en 1934, el bloque socialista tuvo una postura homofóbica y la Revolución Cubana,  a pesar de sus incuestionables cambios radicales a favor de los oprimidos, mantuvo una política similar en las primeras tres décadas después de 1959.

El surgimiento del  Frente de Liberación Homosexual en los Estados Unidos a finales de la década de 1960 y comienzos de los 70 se caracterizó por una plataforma abiertamente anticapitalista y antiimperialista. Lamentablemente el movimiento transitó hacia una postura menos radical, con predominio  de hombres gay, blancos, anglosajones y de clase media,  que hicieron concesiones con el capitalismo neoliberal y excluyeron de sus luchas a las mujeres lesbianas, a los afrodescendientes, a los pobres, a los migrantes y a las personas trans.

Weeks, reconocido por su promoción del concepto de «ciudadanía sexual» (1), también manifestó que la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) no se refirió en lo absoluto a la sexualidad y agregó que en los últimos tiempos este tema se ha movido desde las márgenes para convertirse en un asunto político central.

Hubo más, tomé notas y participé en la sesión de preguntas y respuestas y tuve el honor de que me firmara su texto Sexuality (Routlege, 2010), que me ha servido parta ampliar mis conocimientos sobre el tema.

La realidad es mucho más compleja que el debate académico que acababa de disfrutar. Cuando salí de la conferencia me enfrenté al «mundo real»: caminé largas cuadras para tomar un taxi.

La mayor parte del viaje de regreso a casa la hice solo con el taxista. Me fijé que junto a su asiento llevaba un viejo bate de pelota en estado deplorable y  sin otros accesorios para jugar nuestro deporte «nacional » (el football le está tomando la delantera).

No me pasaron por la cabeza significados eróticos fálicos con el mencionado artefacto. A todas luces lo usa con fines violentos, para defenderse de potenciales problemas, pues manejaba como loco, sin respetar la senda de otros carros. Como colofón, les gritó groserías a dos muchachas que cruzaban la intersección de Infanta y San Lázaro. El bate y los piropos groseros son necesarios para afirmar su machismo, sobre todo cuando está delante de otros hombres.

Pensé en el profesor Weeks, y que la Jornada que celebramos se haga más extensiva y sistemática hacia la sociedad cubana. ¡Cuánto queda por hacer! [7/5/2013]

 

Citas:

 

1. Weeks J. The sexual citizen. Theory Culture Society [serial on the Internet]. 1998; 15(35): Disponible en: http://tcs.sagepub.com/content/15/3/35.