martes, 14 de junio de 2016

Masacre en Orlando, Estados Unidos: crimen de múltiples odios

La noticia me sorprendió fuera de casa, trabajando. El repugnante asesinato de 49 personas en el Club Pulse en Orlando, Florida, me produjo tristeza e indignación.
Al mismo tiempo despierta la necesidad de un análisis sobre las causas que propiciaron la matanza. Aunque el FBI no ha esclarecido los posibles móviles que llevaron a un estadounidense neoyorquino de ascendencia afgana a perpetrar el masivo asesinato, saltan a la vista varios elementos que permiten clasificarlo como un crimen motivado por muchos odios.
El primer elemento, ignorando rampantemente por el Noticiero Nacional de nuestra televisión, es que se trata de un club de personas lesbianas, homosexuales, bisexuales y trans. La homofobia es sin dudas generadora de violencia física. El odio homofóbico conlleva al exterminio psicológico y físico de la persona con el estigma homosexual, basta incluso tener sospechas.
El segundo elemento es que la noche del crimen el club nocturno abría sus puertas fundamentalmente a la comunidad latina. En este punto se conjugan a la homofobia elementos de carácter étnico y de origen nacional. Cabe resaltar que en la nación norteamericana el melting pot plurinacional nunca cristalizó pues el imaginario social, las ciencias y las políticas siguen clasificando con etiquetas y significados estereotipados a los que no son anglosajones, blancos y protestantes. Ser latino es ser hispano y equivale a no ser blanco y anglosajón, ubica a la persona en un grupo minoritario y subordinado en cuanto a poder, aunque las personas sean de una tercera generación de descendientes de migrantes y su piel y rasgos físicos clasifiquen como «blancos».
Aunque es todavía especulativo, puede que en este caso el asesino sea un fundamentalista religioso islámico aunque naciera en el propio territorio de los Estados Unidos. Inclusive, no tiene que ser islámico, basta con ser protestante y fundamentalista. Aclaro que creer en el Islam o ser prostestante o católico no convierte automáticamente a la persona en asesina, son las ideas religiosas fundamentalistas y extremistas las que conllevan a estos atroces actos.
Para colmo, como agravantes, se suman elementos como la enmienda constitucional que permite a cualquier ciudadano o ciudadana estadounidense comprar armas. Esta última ha estimulado la ocurrencia de muchas otras masacres en semejante ambiente de odio, violencia, exclusión y alienación.
También se evidenció nuevamente la discriminación a las personas lesbianas, gay, bisexuales y trans que les prohíbe donar sangre sin han tenido relaciones sexuales en el último año. Así lo establece la federal Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) en esa ciudad. Las personas heridas no pudieron beneficiarse por el gesto solidario de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y trans. Resulta vergonzosamente paradójico que el mismo Estado que les posibilita el acceso al matrimonio y otros derechos civiles mantenga el estigma sobre la potencial seropositividad al VIH de este grupo humano, discriminando así en el proceso de atención de salud. La macabra Ley atenta contra el derecho a la vida y ejemplifica que el terrorismo no es sólo una amenaza externa, también lo ejerce el Estado.
Quiero expresar mi solidaridad con los familiares de las víctimas y con los sobrevivientes y al mismo tiempo tomemos nota de lo ocurrido para aprender y repensar una vez más nuestras estrategias de lucha en relación a los crímenes de odio. [Santos Suárez, 14 de junio de 2016]