jueves, 13 de febrero de 2014

Amores que importan o que no se atreven decir sus nombres

Aunque pueda parecer ridículo por la obviedad –para algunos puede que hasta cursi-  este post tratará, un día como hoy, sobre el amor. Mejor dicho, sobre los amores, pues hay muchas maneras de amar, aunque algunos se empeñen en establecer normas, decretos, políticas y hasta producir conocimientos sobre y en nombre de las relaciones amorosas.

Los medios de comunicación, en particular la televisión, empezaron temprano con su avalancha de mensajes por el Día de los Enamorados. Cubavisión, "El canal de la familia cubana" [nótese el uso normativo del singular, pues siguen empeñados en que hay un solo tipo de familia o al parecer los demás canales de TV no se dirigen al clan familiar], entre otros, anuncian, sin que falten los corazones rojos, a las relaciones de parejas heterosexuales y a la familia –otra vez el singular- nuclear y heteronormativa.

El insistente mensaje, como un performance de ocurrencia anual, borra una vez más la existencia de otros amores, esos prohibidos y condenados por siglos, percibidos como abyectos y no productivos. Contradice sin cesar la verbalizada voluntad política de construir una nación ≪unida en la diversidad≫.

A mi mente vienen la demonización y patologización de las relaciones amorosas entre hombres por nuestra cultura hetero- machista, que las reducen a puro sexo licencioso, a mera diversión y desorden, donde no median afectos. Se dice gay y se piensa de inmediato en promiscuidad en que somos fornicadores empedernidos.

Aunque las frases apelan a sujetos que pasamos más del noventa por ciento del día pensando en sexo, no es así. Disculpen la ironía: ≪desafortunadamente≫.

También construimos relaciones amorosas otras, aunque algunas no muy diferentes a las normas heterosexistas. Enfrentamos conflictos, alegrías y placeres similares, como cualquier ser humano. Hemos aprendido a sobrevivir con el estigma y algunos lo utilizamos como afronta al poder de las hipócritas normas que pretenden regular nuestros cuerpos y sexualidades.
 
Hablo desde mi propia experiencia de quince años junto a un hombre maravilloso, imperfecto en tanto humano. No es la mía una relación modélica, evito semejante término que adoran los psicólogos cuando se refieren normativamente a los "ideales de pareja" (heterosexuales, claro está")
 
Los desafíos son diarios y grandes, tanto en el ámbito público como en el privado. Nadie legitimará por nosotros las relaciones entre personas del mismo género ni otras prácticas afectivo-eróticas también válidas. Esa es nuestra responsabilidad absoluta. Parafraseando a Judith Butler y a Oscar Wilde: somos cuerpos y amores que importan, que no tememos decir –alto y claro­­- nuestros nombres. [Centro Habana, 14 de febrero de 2014]