sábado, 1 de febrero de 2014

A la memoria de Cary

 
No me agrada escribir obituarios. Quizás por ser intensivista y mi constante relación directa con la muerte y con momentos extremos en la vida de las personas. Sin embargo, desde hace varios días he sentido la necesidad de dedicar unas líneas a la memoria de Caridad García Hernández, o simplemente Cary, como la llamamos todos.

  La noticia de su muerte me llegó de golpe, mientras me encontraba hospitalizado. De la triste sorpresa pasé de inmediato a recordar cuando la conocí en el año 2011 durante una actividad por el Día de la Salud Sexual en la intercepción de las calles G y 23.
 
El grupo Hombres por la Diversidad (HxD) había aumentado al doble su membrecía y ya no era un colectivo exclusivo de hombres blancos, urbanos y casi todos universitarios. Me fascinó conocer a aquella singular mujer que pasando los sesenta años usaba gorra deportiva y quería formar parte de HxD.
 
Desde entonces jamás faltó a ningún encuentro. Siempre dispuesta a aprender y aportar sus experiencias, humilde, optimista, capaz de relacionarse con personas con sexualidades y credos tan diversos.

  Nunca olvidaré aquella capacitación, en la que tanto aprendí desde la facilitación, cuando debatimos sobre las identidades sexuales y de género, sus significados y sus limitaciones. Cary, desde su heterosexualidad, nos enseñó sobre el respeto a la dignidad de los seres humanos.

Siempre me dijo ≪profe≫. Creo que fue a una de las pocas personas que se lo permitía. Quizás, por su venerable edad y su autenticidad, no me atreví a prohibírselo.

  Aún después de mi renuncia a la coordinación del grupo y en los momentos más difíciles que prosiguieron a tantos acontecimientos desagradables, no olvidaré sus llamadas a mi casa brindándonos su apoyo y su humilde solidaridad. La lealtad de Cary la hacía singular. Sólo la muerte detuvo a un ser humano con tantas ganas de hacer y de aportar. [Centro Habana, 1 de febrero de 2014]