8/07/2016

SemLac: Uniones homosexuales en Cuba, contrapunteo a favor de los derechos

Carlos Alejandro Rodríguez
Alberto Roque
Nomi Ramírez

El activismo a favor de los derechos humanos de la población LGBTIQ en la isla ha puesto en el centro de los reclamos el reconocimiento legal de las relaciones no heterosexuales. El gobierno y la sociedad cubana no han resuelto a favor de las parejas homosexuales, pese a los adelantos que vive el mundo y la región latinoamericana con la aprobación del matrimonio igualitario, entre otras leyes. El debate Uniones homosexuales en Cuba, contrapunteo a favor de los derechos presenta las opiniones de Nomi Ramírez, activista trans integrante de la Red TransCuba; el joven periolosdista Carlos Alejandro Rodríguez y Alberto Roque, médico y activista por  derechos de las personas LGBTIQ.
¿Estaría a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo o del reconocimiento legal de las uniones consensuales? ¿Por qué?
Estoy a favor de cualquier solución, matrimonio o reconocimiento legal. Lo importante es que las personas encuentren un apoyo legal porque es una necesidad en nuestra comunidad. A mí me gustaría casarme, eso es algo bonito. Si encuentro a la persona ideal y se dan las condiciones lo haría, sería rico. Yo creo que es algo que ayuda a desmitificar un poco a las personas LGBTIQ, con el prejuicio de que son "promiscuas".
Estoy a favor del matrimonio entre personas del mismo. Por eso no creo que la legalización de las uniones consensuales resulte una vía legítima para reconocer el vínculo entre las parejas homosexuales. ¿Qué implicaría reconocer legalmente la unión consensual entre personas del mismo sexo o género mientras se rechaza la opción del matrimonio? En primer lugar la legalización de las uniones consensuales pautaría un tratamiento diferenciado, discriminatorio, a un tipo de parejas que no cumplen con los requisitos ideales ante la ley. (El principal de esos requisitos se trata, efectivamente, de la heterosexualidad). Legalizar estas uniones mientras se niega el derecho al matrimonio igualitario deja entrever —a mi juicio— la resistencia homofóbica de muchos sectores descontentos con que las parejas homosexuales y heterosexuales puedan acceder en igualdad de condiciones a los mismos derechos.
Además, la idea de la unión consensual se ajusta perfectamente a uno de los argumentos usados habitualmente contra el matrimonio gay. Muchas personas, en algún tipo de posición homofóbica intermedia, aceptarían que se legalice la unión consensual entre personas del mismo sexo, pero se oponen a que se ese tipo de relación se llame "matrimonio", porque el matrimonio —dicen ellos— fue concebido para el hombre y la mujer. Ese es el argumento o el prejuicio semántico que trasluce la homofobia parapetada detrás de supuestas posturas avanzadas.
Por otro lado, a muchas personas homosexuales no les interesa la institución matrimonial. Es más, la consideran una forma de unión burguesa y obsoleta. Sin embargo, aun en este lado, yo estoy convencido de que el matrimonio igualitario debe existir como posibilidad. Se trata de reconocer iguales derechos a todos los seres humanos. Y no debería suscitarse más debate. Sin embargo, la homofobia persiste e impide que los miembros de la comunidad LGBTI puedan unirse de acuerdo a la ley.
Fíjate, como no existe el matrimonio igualitario, los miembros de las parejas gais y lesbianas no tenemos derecho a la adopción ni a la herencia. Ni tampoco podríamos tomar decisiones trascendentales en el caso de que nuestra pareja sea sometida a procedimientos médicos, por ejemplo. Es que, en realidad, para las leyes cubanas no existen las parejas homosexuales.
La respuesta a la pregunta tiene, a mi entender, tres componentes:  político, estratégico y personal. Desde el punto de vista político abogar por el reconocimiento de una estructura desprestigiada, patriarcal, burguesa, estratificada en poderes (aunque se diga que se basa en la igualdad) es como mínimo una actitud reaccionaria y conservadora. Es conveniente recordar que el matrimonio devino en institución con el surgimiento del Estado burgués moderno y fue una de las concesiones que concedió a la Iglesia cuando esta última perdió el poder político. Dicha concesión no fue gratuita ni una obra de caridad, sino que dio cuerpo al llamado contrato social que institucionalizó la ideología del patriarcado, legitimó los dominios de la esfera pública para los hombres heterosexuales y consideró a las mujeres como naturalmente subordinadas y confinadas al espacio doméstico y privado. Intencionalmente se persiguieron y se intentaron normalizar a las sexualidades y géneros que no se ajustaban a dicho contrato.
 Si miramos a la Cuba actual, las personas heterosexuales han desvalorizado crecientemente al matrimonio y el índice de divorcios es significativamente alto. Las propias familias se han redimensionado de forma diversa y compleja. Sin embargo, para numerosas personas con sexualidades y géneros no heteronormativos (autodefinidas como lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex y otras prácticas, parentescos e identidades no heteronormativos) excluidas totalmente de la Ley, el matrimonio parece ser la única forma de legitimar sus relaciones de parentesco, sin contar con que muchas de ellas creen en sus valores fundacionales religiosos. En nuestro país no conozco que se haya investigado sobre la opinión que este grupo humano tiene sobre el matrimonio.
 En cuanto al componente estratégico, el matrimonio igualitario es una vía para acceder a derechos patrimoniales, de sucesión y de herencia, que son derechos humanos negados a un grupo importante de ciudadanas y ciudadanos.  El matrimonio igualitario, de garantizar todos los derechos, tendría un notable efecto educativo para combatir la discriminación por orientación sexual e identidad de género, aún con los sesgos y las limitaciones de que adolece. El sistema jurídico sería más equitativo y tendría el efecto simbólico de arrancar un privilegio al poder heteronormativo. El desafío está en modificar la institución matrimonial hacia formas verdaderamente equitativas, responsables y libertarias. Podemos tener más derechos, pero de nada vale seguir reproduciendo relaciones filiales y amorosas opresivas.
 Como sujeto profeminista creo que lo personal es político. La mirada que toma como perspectiva mis vivencias de muchos años en una relación amorosa no heteronormativa, abierta y fluida, es también política. Si tuviese que responder a esta pregunta sin los debidos matices, diría que el matrimonio debe desaparecer y abogaría por un mínimo control del Estado sobre las relaciones filiales, solamente aquellas que garanticen la protección de las personas vulnerables o en los casos del patrimonio. También pediría el reconocimiento de las uniones poliamorosas, la inclusión de un enfoque no binario de género que garantice las uniones y las diferentes configuraciones de familias desde construcciones identitarias maleables no asimétricas y equitativas. Despojaría de todo contenido religioso, biomédico y jurídico a las uniones amorosas entre los seres humanos y centraría mis esfuerzos en modificar las bases culturales que perpetúan la hipócrita monogamia y el sentido de posesión entre los seres humanos cuando dicen sentirse enamorados. Mientras tanto, como ser social, debo enmarcarme en una estrategia, sobre las bases políticas y culturales existentes, sin perder la mirada crítica y transformadora.
¿Cuáles son las principales resistencias y barreras a superar en Cuba para reconocer los derechos de las parejas homosexuales?
Cómo te decía, la discriminación y los prejuicios que están enraizados en la mente de algunas personas que creen no tenemos derechos, incluso no merecemos vivir.
Las personas piensan que no nos interesa el matrimonio o la unión legal y que no tenemos pareja estable. Pero eso no es cierto. Yo tuve una relación de siete años y otra de cuatro. Conozco parejas de más de diez años, amigos míos que tienen una vida juntos, casa, negocio.
El matrimonio puede ser algo protector para las personas. Es muy triste saber que un día te puede pasar algo y tu pareja, la persona que estuvo contigo hasta el momento final queda desprotegida, cualquier familiar puede botarla de la casa, dejarla sin nada.
Unos amigos míos, hablando de este asunto, me decía que iban a hacer un testamento pero no todas las personas piensan en eso. Además tampoco todas las relaciones terminan en buenos términos y nosotros también tenemos derecho a la protección que tienen los heterosexuales cuando se divorcian.
Nunca me gustó entrar en el debate simplista que intenta determinar si la sociedad está preparada o no. La sociedad puede estar o no preparada, pero esa valoración me parece secundaria. Lo que debería primar es la voluntad estatal y legislativa de reconocer a todos los cubanos y cubanas como iguales ante la ley. Y esa voluntad, si es firme y sincera, no debería postergar demasiado la aprobación del matrimonio. El acceso al matrimonio igualitario no se trata de un derecho que nadie deba concedernos, es un derecho que nos pertenece. Ni siquiera se me ocurre que el asunto pudiera ser sometido a plebiscito, porque los derechos —como tantas veces se ha dicho— no se plebiscitan. ¿A alguien se le ocurriría someter a referéndum público el derecho de las personas negras —por ejemplo— a formar parte de parejas interraciales? No, claro que no. Y tampoco debería valorarse esa posibilidad trasnochada en el caso del matrimonio igualitario. Deberíamos asumir de una vez el principio de igualdad esgrimido en la Constitución cubana.
Más que derechos de las parejas homosexuales, se trata de derechos para toda la ciudadanía en cuanto a las relaciones de parentescos. Las barreras son de carácter estructural, cultural y políticas.
 Las estructurales requieren de una redifinición del contrato social, que se comprenda como un contrato sexual no excluyente y no estratificado por relaciones de poder. Las políticas definidas por nuestro Estado socialista (en transición) en relación al parentesco y la familia (en singular) son esencialmente burguesas y conservadoras, binarias, y estrechas. Y no me refiero solamente a las Leyes sino al conjunto de todas las políticas que legitiman al matrimonio heterosexual y a la monogamia obligatoria (aunque en la práctica sea bien distinta). Así lo vemos en la práctica pedagógica, en la atención de salud, en los medios de difusión, en los cuerpos armados, en las relaciones de producción, entre muchas otras. Con esto no quiero decir que no se hayan producido cambios sustantivos sobre este particular dentro de la experiencia de la construcción socialista en Cuba, pero aún contamos con demasiados silencios y negaciones en relación a las relaciones de parentesco entre personas con sexualidades no heteronormativas y hacia las personas heterosexuales también.
 Antes de pasar a las otras barreras, quiero mencionar un derecho de parentesco negado a las parejas del mismo género y de difícil acceso para las propias parejas heterosexuales: la adopción. En Cuba es un privilegio vinculado al matrimonio heterosexual, bajo premisas burocráticas arcaicas, que no necesariamente confieren mayor felicidad a la infancia. Ninguna investigación ha podido demostrar que se requiere de la coincidencia de la figura materna y paterna para el normal desarrollo de la infancia. Las propias evidencias científicas han superado este postulado de principios del siglo XX. Adicionalmente se ha comprobado que el desarrollo de la infancia no es muy diferente en las y los infantes que han crecido en el marco de una familia monoparental, homoparental o lesbomaternal.
 Las barreras culturales parten de una tradición religiosa con valores predominante judeocristianos, el impacto social de la organización de Estado burgués liberal moderno en relación a la familia y en el caso de Cuba se adiciona la construcción en curso de una Nación demasiado patriarcal y homofóbica, todavía demasiado conservadora e hipócrita en cuanto a sexualidad y géneros se refiere. De estos antivalores no escapan las personas con sexualidades y géneros no heteronormativos.
 Las barreras políticas tienen que ver con la no cristalización de una ciudadanía con enfoque liberador en relación a la sexualidad y el género. Aunque se cuenta con un activismo naciente que ha abogado por cambios en las políticas en relación a este y otros temas, no se define una línea política ni una estrategia que haya emergido de forma espontánea desde los propios actores sociales como agentes de cambio. El  Estado cuenta con instituciones que abordan estas políticas, pero no reconoce la emergencia de liderazgos múltiples ni favorece la emergencia de grupos de la sociedad civil que aboguen por cambios en la sociedad política. Se habla de voluntad política, pero se canalizan las demandas de forma vertical y en ocasiones bastante autoritarias.
 Al menos se han logrado cambios que significan una apertura en las políticas del propio Partido Comunista en estos temas y se han favorecido espacios limitados de debates durante las Jornadas contra la Homofobia. Por el momento veo un guion con propuestas atractivas pero queda pendiente la puesta en escena. Ojalá y no se escamoteen como muchas otras políticas.
¿Qué instancias o actores sociales son claves en este debate? ¿Cómo valoran su actuación?
Ya nuestra comunidad habla del tema y hace demandas. Aunque todavía no todos estamos dando lo mejor. Hay personas LGBTIQ que viven el día a día y no se vinculan al activismo, no conocen sobre nuestros derechos—como vivía yo antes de comenzar en la Red Trans Cuba—y no creen que pueden hacer otras cosas. Quienes nos beneficiaríamos de estos derechos tenemos que ganar más conciencia.
También haría falta más apoyo de los medios de comunicación y que hablaran más de este tema, de manera inteligente y adecuada, eso es muy importante. Muchas personas en Cuba no se imaginan que las personas gays anhelan, necesitan y merecen el derecho a unirse legalmente.
Yo creo que cualquier institución y grupo es importante como aliado. El Cenesex y el equipo de juristas siempre nos acompañan en este tema, siempre están al lado de nosotros, mano a mano. Por ejemplo creo que la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) también pudiera ser una buena aliada.
En el punto donde estamos ahora creo que la instancia con más responsabilidad es la Asamblea Nacional del Poder Popular, el principal órgano legislativo de Cuba. Sin embargo, el parlamento cubano no se decide de una vez a discutir el anteproyecto de Código de Familia, postergado de un año a otro, por motivos que solo conocen las altas instancias cubanas.
En esa misma Asamblea, Mariela Castro Espín, la directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) ocupa un escaño como diputada. Eso significa que ella, como cualquier otro parlamentario, podría hacer valer su iniciativa legislativa después de cumplir los requisitos dispuestos por la ley. Pero ningún diputado, que yo sepa, se ha atrevido a promover una ley sobre el matrimonio igualitario o las propias modificaciones al Código de Familia.
 Toda la sociedad debe incorporarse a este debate, de lo contrario se podrán aprobar leyes, pero no se desarticularán las relaciones de dominación imperantes en la sociedad civil y política. Las instituciones cubanas todas tienen la responsabilidad de promover estos cambios, así lo establece la política del Partido.
 El mayor consenso posible puede lograrse sin resquebrajar los principios fundamentales que sustenten la unidad nacional. Cuanto más se dialogue y se confronten ideas de forma respetuosa más sólidos será el modelo de Nación que queremos construir. La unanimidad apela más a la simulación que a la unidad.
 En lo particular somos las personas con sexualidades y géneros no heteronormativos los actores claves en este debate. Nadie nos regalará nada.
¿Cuáles acciones creen pudieran impulsar los cambios legales a favor de las parejas homosexuales?
Más que nada hay que ponerlo a debate, por eso la importancia de los medios de comunicación para que se visibilicen más las necesidades sentidas de nuestra población.
Habría también que organizar acciones muy inteligentes y más sistemáticas, porque casi siempre se habla de la unión legal en un cine debate, en un evento específico pero necesitamos un plan que dure en el tiempo, sin llegar a abrumar a la población con demasiada información o acciones.
Ante el rezago de la Asamblea Nacional del Poder Popular, la sociedad civil cubana, los medios de comunicación, otras instituciones del Estado y los ciudadanos, ya sean homosexuales o no, podrían insistir de diversas formas en la necesidad de aprobar el matrimonio igualitario.
Mi novio y yo hemos investigado qué podríamos hacer en calidad de ciudadanos cubanos, como pareja gay. Pero, lamentablemente, parece que todo se reduce a un poco de activismo sin muchas consecuencias: podríamos escribir cartas a la Asamblea, pedir cuentas a nuestros diputados, los mismos que elegimos en nuestros municipios. Al fin y al cabo ellos son nuestros representantes en el parlamento. Y por eso, deberían promover nuestros reclamos.
Implementar una estrategia educativa permanente que se combine con acciones de incidencia política desde el activismo social. La estrategia educativa debe comprender el intercambio con la población y llevar el debate a los medios de difusión, además de incluir las experiencias positivas de uniones entre personas del mismo género y de sus descendientes, según corresponda. Hasta el presente este debate no ha ocurrido fuera de los espacios académicos y de activismo institucional.
 También debe potenciarse el trabajo de numerosas denominaciones religiosas que realizan un trabajo ecuménico a favor de la no discriminación por orientación sexual e identidad de género junto a otros actores de la sociedad civil profesional y no profesional, que pueden articularse con el trabajo institucional.

 Realizar una encuesta a las personas afectadas por la negación de este derecho humano, que incluya los asuntos referentes a la adopción, las uniones entre personas trans antes y después de haberse realizado la transición de género, a las mujeres heterosexuales y homosexuales que desean reproducirse independientemente. Sus resultados serían útiles para edificar nuevas propuestas educativas y de incidencia política a favor de los cambios legales a favor de las personas con sexualidades no heteronormativas.

6/14/2016

Masacre en Orlando, Estados Unidos: crimen de múltiples odios

La noticia me sorprendió fuera de casa, trabajando. El repugnante asesinato de 49 personas en el Club Pulse en Orlando, Florida, me produjo tristeza e indignación.
Al mismo tiempo despierta la necesidad de un análisis sobre las causas que propiciaron la matanza. Aunque el FBI no ha esclarecido los posibles móviles que llevaron a un estadounidense neoyorquino de ascendencia afgana a perpetrar el masivo asesinato, saltan a la vista varios elementos que permiten clasificarlo como un crimen motivado por muchos odios.
El primer elemento, ignorando rampantemente por el Noticiero Nacional de nuestra televisión, es que se trata de un club de personas lesbianas, homosexuales, bisexuales y trans. La homofobia es sin dudas generadora de violencia física. El odio homofóbico conlleva al exterminio psicológico y físico de la persona con el estigma homosexual, basta incluso tener sospechas.
El segundo elemento es que la noche del crimen el club nocturno abría sus puertas fundamentalmente a la comunidad latina. En este punto se conjugan a la homofobia elementos de carácter étnico y de origen nacional. Cabe resaltar que en la nación norteamericana el melting pot plurinacional nunca cristalizó pues el imaginario social, las ciencias y las políticas siguen clasificando con etiquetas y significados estereotipados a los que no son anglosajones, blancos y protestantes. Ser latino es ser hispano y equivale a no ser blanco y anglosajón, ubica a la persona en un grupo minoritario y subordinado en cuanto a poder, aunque las personas sean de una tercera generación de descendientes de migrantes y su piel y rasgos físicos clasifiquen como «blancos».
Aunque es todavía especulativo, puede que en este caso el asesino sea un fundamentalista religioso islámico aunque naciera en el propio territorio de los Estados Unidos. Inclusive, no tiene que ser islámico, basta con ser protestante y fundamentalista. Aclaro que creer en el Islam o ser prostestante o católico no convierte automáticamente a la persona en asesina, son las ideas religiosas fundamentalistas y extremistas las que conllevan a estos atroces actos.
Para colmo, como agravantes, se suman elementos como la enmienda constitucional que permite a cualquier ciudadano o ciudadana estadounidense comprar armas. Esta última ha estimulado la ocurrencia de muchas otras masacres en semejante ambiente de odio, violencia, exclusión y alienación.
También se evidenció nuevamente la discriminación a las personas lesbianas, gay, bisexuales y trans que les prohíbe donar sangre sin han tenido relaciones sexuales en el último año. Así lo establece la federal Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) en esa ciudad. Las personas heridas no pudieron beneficiarse por el gesto solidario de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y trans. Resulta vergonzosamente paradójico que el mismo Estado que les posibilita el acceso al matrimonio y otros derechos civiles mantenga el estigma sobre la potencial seropositividad al VIH de este grupo humano, discriminando así en el proceso de atención de salud. La macabra Ley atenta contra el derecho a la vida y ejemplifica que el terrorismo no es sólo una amenaza externa, también lo ejerce el Estado.
Quiero expresar mi solidaridad con los familiares de las víctimas y con los sobrevivientes y al mismo tiempo tomemos nota de lo ocurrido para aprender y repensar una vez más nuestras estrategias de lucha en relación a los crímenes de odio. [Santos Suárez, 14 de junio de 2016]

6/10/2016

«La familia nuclear es radioactiva», ¿en serio?

El título entre comillas de la entrada hace alusión a un cartel —bastante creativo por cierto— portado por integrantes de un grupo radical que luchaba por el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo en España hace algunos años.

La contraprotesta en realidad  se dirigía entonces  a los grupos conservadores y neofascistas que defendían a la familia nuclear,  tradicional o heteroparental y que compartían el mismo campo de batalla de las calles madrileñas.

Aunque la pancarta tiene mucho de humor por el  juego de palabras y sus significados, muchas personas allí, autodefinidas como gays, lesbianas, bisexuales, trans, queer, bolleras, prostitutas, osos y feministas, pretendían denunciar que la familia donde crecieron no era modélica de paz, unión, ni bienestar, sino el marco propicio para la discriminación, la violencia física, psicológica, sexual, real y simbólica.

En sus familias nucleares fue donde escucharon, se apropiaron y sintieron por primera vez el peso de los términos peyorativos y discriminatorios con que se prentende normalizar a las personas raritas, a los que no encajan con los dictados heterosexistas y patriarcales que le da forma a la familia tradicional.

En Cuba tenemos algunos de estos inventarios, pero también contamos con magníficos ejemplos de familias nucleares que han significado el espacio de apoyo, crecimiento y realización de las personas con sexualidades y géneros que no se ajustan a la norma heterosexual.

Desde hace tiempo existen muchas otras configuraciones de familias en nuestro país, inclusive, antes de aprobarse el Código de Familia en 1976. Acá el debate sobre su legitimidad llega tarde, y de verdad que ni siquiera ha empezado.

Como mis amigos más queridos me advierten que deje ser un poquito hipercrítico, más otras lindezas que escucho de los que dicen ser mis enemigos, creo que es momento de reconocer que el diario oficial del Partido Comunista de Cuba comenzó a poner el dedo en la llaga de forma positiva, bastante objetiva y sosegada.

El 7 de junio Granma publicó una entrevista al doctor Leonardo Pérez Gallardo, profesor titular de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, titulado «Las nuevas construcciones familiares, desafío para el Derecho».

La señal es buena, pero como un pequeño aporte a ese debate necesario que mencionaba antes, creo que debe considerarse que para el Derecho no son nuevas estas familias. Tanto expertos como público en general saben que las familias no nucleares son visibles y existen desde hace muchos años. No debe confundirse lo nuevo con lo miopía, con la negación de lo que está;  o dicho de manera más simple: una cosa es que las familias no nucleares sean nuevas y otra bien distinta es que se nieguen, se borren o no se visualicen.

Otro aspecto que menciona el experto de la Universidad de la Habana es que las familias homoparentales es la de más interés mediático. Al parecer se refiere a los medios masivos de los países occidentales del primer mundo, porque en Cuba se habla de familia en singular. Las imágenes y contenidos mediáticos refuerzan el estereotipo de familia heteroparental (nuclear y «no radiactiva»), blanca, pulcra (casi estéril) y urbana. Tanto fuera como en Cuba esos son los mensajes que predominan, lo que son percibidas de forma tan natural que cualquier variación de la norma despierta interés, atención y hasta morbo.

La primera parte de este artículo no habla de las familias creadas a través de técnicas de reproducción asistida (derecho reproductivo negado a las lesbianas cubanas), embarazos subrogados o vientres de alquiler, sobre las familias compuestas por personas trans e intersex, las integradas por varias figuras paternales o maternales entre otros «modelos». Me pregunto: ¿serán también tema de debate en la segunda parte, en los que están por venir?

Me preocupa que  incluso las personas más sensibilizadas y aliadas en el reconocimiento de todas las configuraciones de familias, utilicen a la nuclear como referente o norma desde la que se legitima o compara a las «otras», a las «nuevas». Escarbemos un poquito y veremos cómo se reproducen estereotipos discriminatorios y normativos en todas.

Pero a mi entender unos de los temas más importantes a debatir son: ¿se modificarán las relaciones de poder y las asimetrías en todas las configuraciones de familias?, ¿Cómo lograr que no sean tan «radioactivas» y se conviertan en espacios humanos de paz, concordia, crecimiento, bienestar y respeto a la dignidad de sus integrantes? [Santos Suárez, 10 de junio de 2016]

5/17/2016

IX Jornada Cubana contra la Homofobia: entre discursos y hechos

Por primera vez veo la Jornada Cubana contra la Homofobia desde cierta
distancia. Mi alejamiento no es voluntario, he estado muy ocupado con
los buenos cambios que hemos tenido mi familia y yo en este mes de
mayo.
La distancia, sin embargo, me permite una valoración desde el cubano
de a pie, que no es activista.
Pero no trataré en esta entrada sobre si el Noticiero de TV de las 8
de la noche obvió la cobertura de la Conga el pasado sábado, que hasta
el Miami Herald dijo haber sido estrepitosa; más bien quiero
reflexionar sobre algunas líneas discursivas y los hechos más
recientes en relación a la conmemoración en Cuba.
Esta edición fue dedicada nuevamente a la discriminación por
orientación sexual e identidad de género en los espacios laborales. Me
llamó poderosamente la atención la insistencia en este aspecto, sobre
todo porque es sabido que la Ley Código de Trabajo no se ha traducido
en leyes concretas que contemplen este aspecto, ni siquiera en los
reglamentos laborales ni en las funciones que el Sindicato debiera
asumir en casos de discriminaciones.
Más utópico aún sería pensar que en los centros de trabajo se
debatiese la Ley aprobada en 2013, ni mucho menos sobre
discriminaciones y vulnerabilidades en los espacios laborales.
También leí que durante las actividades académicas trataron sobre el
matrimonio igualitario y sobre el activismo LGBTI. Sobre el primero no
leí nada sustantivo, al menos se esgrimieron los mismos argumentos de
hace nueve años y se dejó ver que tendremos que esperar la reforma
constitucional de 2018 para promover el "revolucionario cambio" en el
reconocimiento de los derechos humanos de miles de cubanas y cubanos.
Sobre el activismo me llamó la atención que desde el CENESEX se ha
dicho que el activismo LGBT en Cuba se basa en el conocimiento
científico y en los resultados de las investigaciones sociales bien
diseñadas.
Nadie se atreverá en poner en tela de juicio el valor de la ciencia en
el activismo social, sobre todo cuando de discriminaciones se trata.
Sin embargo, tomo distancia sobre los enfoques ideológicos y
científicos que se dictan desde una institución o persona determinada.
Hasta el momento percibo mucho esencialismo, mucho olor a positivismo
pedagógico y a binarismo ortodoxo en la mayoría de los discursos
académicos cuando de sexualidades no heteronormativas se trata. En el
mejor de los casos se producen acercamientos constructivistas,
cuidadosamente cuestionadores de la realidad social.
Esperaba a esta altura de casi una década enfoques más heterodoxos,
flexibles, radicales, feministas y antihegemónicos, verdaderamente
representativos de nuestro tiempo histórico y de las evidencias
científicas de hace más de dos décadas.
Con frecuencia se repite machaconamente que el marxismo es la guía y
la fuente de inspiración del activismo LGBTI en las instituciones
cubanas. Me parece muy bueno que así sea pero me produce preocupación
cuando no se sobrepasan los temas sobre división sexual del trabajo y
el papel de las relaciones de producción desde una lectura en clave
de manual soviético post estalinista, que ni siquiera supera la
cuestión de género como independiente de la lucha de clases. Tampoco
se toman en cuenta los aportes de Rosa Luxemburgo, o de las feministas
marxistas norteamericanas y francesas del postmoderno, que desde hace
tiempo en América Latina han tenido una apropiación enriquecedora por
los movimientos sociales y políticos y son más cercanos a nuestro
contexto.
No se mencionan en los discursos académicos las palabras postcolonial,
descolonial, desconstrucción, performatividad, heteronormatividad.
Todo ello a pesar de ser Cuba una Nación postcolonial, en construcción
desde un enfoque que se autodefine como revolucionario. Otras voces,
más inteligibles como patriarcado o machismo son políticamente
incorrectas.
En este estado de cosas, tampoco se enuncia ni se estimula un
activismo LGBTI espontáneo, que parta de las necesidades reales y
concretas de la gente que lo hace, rico en contradicciones y con una
autonomía posible, que no tiene que estar necesariamente en oposición
al trabajo institucional.
Creo que sería más provechoso dirigir la mirada científica a los
objetos y a los sujetos inmersos en una praxis política y social
vibrante y revolucionaria, pues lo contario corre el riesgo del sesgo,
la homogeneidad y la prescripción autoritaria de cómo se quiere
estudiar al tejido social cubano.
Se insiste en la voluntad política del Partido Comunista y del
Gobierno cubanos en avanzar en la garantía de los derechos de las
personas con sexualidades no heteronormativas mientras vivimos en un
marasmo legislativo de varios años y aún no se conoce el contenido de
los documentos que se "debatieron" en el recién concluido Congreso del
Partido en relación a las discriminaciones.
Vi y escuché en la TV nacional que se había incluido la identidad de
género como causa de discriminación en la letra final del informe,
pero no me queda claro cuáles son las políticas concretas que
respondan a la persistente voluntad que dicen los discursos y los
documentos.
Se mantiene la censura —sin pausa— de blogueros que denunciamos las
discriminaciones desde una posición revolucionaria y constructiva. Lo
peor es que por décadas este modo operandi no cambia: un grupo exiguo
de funcionarios y funcionarias, desde la sombra y sin explicaciones,
dejan caer sin piedad su hacha cercenadora de opiniones.
Hace pocos días se produjo en la ciudad de Matanzas un hecho
homo-transfóbico lamentable. Oficiales de la Policía Nacional
Revolucionaria, en desacato a la voluntad política del Partido
Comunista, realizaron un operativo en el que condujeron
arbitrariamente a la estación de policía a varias personas
presumiblemente homosexuales y a personas trans.
Y no se trata de propaganda enemiga alrededor de la conmemoración
nacional en esa ciudad, pues la denuncia proviene de los intelectuales
cubanos Alberto Abreu Arcia y Víctor Fowler.
Se sabe que la Jornada Cubana contra la Homofobia era necesaria en
Matanzas, pero nuestros servidores públicos deben responder en casos
de abuso de poder y arbitrariedades que contradicen las políticas y no
se ajustan a Ley alguna.
Insisto en que la Jornada debe mantenerse todo el año, con acciones
educativas y una participación real, en la que la ciudadanía se sienta
parte del proceso de cambio que se requiere.
Es sabido que tenemos un mal de fondo: la estatización de todos los
espacios que lastra la participación y aborta las iniciativas y la
autogestión, además de las actitudes retrógradas, los miedos, los
sectarismos y los dogmatismos.
Casi al fin de un día como hoy, 17 de mayo, en que se garantizaron en
el pasado derechos plenos a los campesinos cubanos y se retiró la
homosexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades, sigo
creyendo en la utopía de tener una Cuba donde la prosperidad también
signifique poder vivir en paz. [Santos Suarez, 17 de mayo de 2016]

3/29/2016

Racismo en prensa cubana a propósito de Obama

«No cabe dudas, a Obama se le fue la mano. No puedo menos que decirle –al estilo de Virulo- “¡Pero Negro, ¿tú eres sueco?!”». Así se ha expresado el periodista Elias Argudín en Tribuna de la Habana en relación a la reciente visita del presidente estadounidense.

Confieso que me estremecí cuando leí en la versión impresa del periódico el título del artículo: «Negro, ¿tú eres sueco?». Es rampantemente racista y me alarma que fuese escrito por una persona de piel negra y que se publicase en un diario controlado por el Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba.

El periodista parafrasea al humorista cubano Virulo, bien conocido por ese estilo de la década de 1980 que no ponía reparos en hacer chistes sobre homosexuales, negros, pinareños —para nada superado en la actualidad— y demás otredades.

El propio Virulo declaró hace unos años en televisión, al regresar de una larga estancia en el exterior, que el humorista podía reírse de cualquier cosa.

Discrepo frontalmente con el humorista, pues hasta en el humor hay límites muy claros cuando se trata de la dignidad y el decoro de las personas.

Denuncio públicamente al periodista Argudín y al periódico por el uso irresponsable de un lenguaje racista, que en este caso pretende criticar al presidente Obama a través de un refrito de argumentos superficiales, más o menos cuestionables, que no promueven la reflexión ni el diálogo.

Si en nuestro país se aplicase con rigor el peso de la Ley penal en relación a las discriminaciones, estos hechos no quedarían impunes y tendrían un marcado efecto educativo. [Centro Habana, 29 de marzo de 2016]

2/14/2016

Jerarcas cristianos por la paz y la no violencia o la hipocresía de los patriarcas

El patriarca ruso, Kirill, y el patriarca de Roma, Francisco, han escogido a Cuba como sede de conversaciones después de 2000 años de haber ocurrido el sisma entre las Iglesias Ortodoxa y Católica.

 

La movida de nuestro gobierno al propiciar el histórico encuentro envía un mensaje político resonante a nivel internacional. Tanto así, que Francisco ha dicho que Cuba se convertirá en la capital de la unidad.

 

Pudiera sentirme orgulloso al escuchar semejante afirmación, pero en temas de políticas domésticas en relación al género y la sexualidad me suena a candil de la calle y oscuridad de la casa.

 

Los medios digitales cubanos omitieron el último punto de la declaración conjunta de ambos líderes religiosos en relación a las nuevas configuraciones de familia, el matrimonio, el aborto, la anticoncepción y la eutanasia.

 

Según el sitio web de la televisora Russia Today, ambos patriarcas dijeron:

 

Entre otros temas, los líderes de las iglesias han criticado "la crisis de la familia en muchos países" y han lamentado que "otras formas de convivencia se igualan" al matrimonio de una mujer y un hombre. Han llamado a "respetar el derecho inalienable a la vida" en referencia a "millones de niños que son privados de la oportunidad de nacer". Asimismo, han criticado que la divulgación de la eutanasia lleva a que personas mayores empiecen a sentirse una carga para sus familiares y la sociedad.

 

No me canso de decirlo: estos mortales patriarcas, representantes de las Iglesias que han acumulado durante milenios tanto poder y riqueza, son los que denuncian la violencia, el consumo, la inequidad, la injusticia, el sufrimiento, pero no consideran una crisis en la familia al poder del patriarcado con sus significados violentos, ni la discriminación y odio hacia las mujeres y hacia las personas con sexualidades no heteronormativas.

 

Ellos critican y se preocupan por la intolerancia hacia los cristianos, pero jamás han alzado su voz para denunciar los feminicidios ni las ejecuciones extrajudiciales de personas homosexuales por grupos fundamentalistas y por  la Ley del Islam.

 

Ambas Iglesias, que tanto hablan de amor y diálogo y se erigen arrogantemente como la voz autorizada de todos los cristianos, siguen ancladas a sus ideas medievales sobre el matrimonio y ejercen un poderoso lobby para bloquear cualquier iniciativa jurídica nacional que reconozca otras configuraciones de familias que no se ajusten su dogma. El poder jurídico del Estado sigue dando una concesión gratuita a estos purpurados en estos asuntos.

 

Más allá de las distancias y opiniones polémicas sobre la eutanasia, resulta además simplista y lamentable decir que su divulgación provoque un sentimiento de dependencia de los ancianos hacia sus familiares, sobre todo, con el precepto postmoderno individualista y utilitario de nuestra cultura occidental —y judeo-cristiana— de considerar a lo viejo como descartable (desechable en español).

 

Los derechos de las mujeres a decidir sobre sobre su cuerpo y las justas políticas aplicadas en Cuba en relación al aborto nada tienen que ver con los preceptos de dichas Iglesias. Por eso me preocupa significativamente que al patriarca Kirill lo han condecorado con la Orden José Martí.

 

A esta altura, no me cabe duda que en nuestro país habrá por mucho tiempo un retardo significativo en el avance de los derechos de las personas con sexualidades no heteronormativas.

 

Aunque en Rusia la homosexualidad se despenalizó desde 1993 —después de la repenalizarse por Stalin en 1934—, el patriarca de Moscú y toda Rusia y el gobierno de Putin han mostrado un rechazo rampante a la homosexualidad. El primero con su silencio ante la represión brutal ejercida por el gobierno del segundo hacia los participantes de la  marcha del Orgullo Gay en Moscú desde 2006.

 

Uno de las víctimas de tal represión fue el reconocido activista gay británico Peter Tatchel, quien perdiera la visión en el ojo derecho por el brutal ataque de las fuerzas policiales rusas.

 

El patriarca ruso, honrado con la Orden José Martí, considera a la homosexualidad como «una señal muy peligrosa del Apocalipsis». Su Iglesia ha hecho silencio en relación a la ley contra la propaganda homosexual aprobada en 2013 y no se ha pronunciado contra las acciones de grupos como «Occupy Paedophilia», que buscan a jóvenes homosexuales por Internet, para atraerlos y luego maltratarlos.

 

La Iglesia Ortodoxa también ha promovido un referéndum para socavar las iniciativas de aprobar el matrimonio igualitario en Rusia. Con estos truenos parece que las oscuras fuerzas conservadoras están de moda en Cuba.

 

A propósito del apóstol José Martí, en momentos como estos resulta pertinente recordarlo cuando dijo: «En la justicia no cabe demora: y el que dilata su cumplimiento, la vuelve contra sí». [Centro Habana, 13 de febrero de 2016]

 

2/02/2016

"Homosexualidad y poder: textímulo" :Encuentro con el dramaturgo argentino Rocco Carbone

"Homosexualidad y poder: textímulo" reflexiona sobre el autoritarismo de la política y el autoritarismo de los cuerpos y del acceso al orgasmo. En un contrapunto, 1959/actualidad, y más concretamente en Paraguay. Desde el Paraguay de Stroessner al Paraguay de la comunidad queer contemporánea. En ese excursus, la interrogación –menos histórica que filosófica– que propone la charla toma en consideración las discursividades aparecidas en dos diarios de la época –El País y El Independiente– y dos caricaturas de Fiorello Botti, publicadas en la revista Ñande.

Rocco Carbone (Cosenza, Italia, 1975). Es un filósofo italiano, argentino naturalizado. Reside en Buenos Aires desde 2004. Se ocupa de discursividades y procesos políticos y culturales de América Latina. Estudió en la Università degli Studi della Calabria (Italia) y en la Universidad de Zürich, (Suiza). Actualmente, trabaja en la Universidad Nacional de General Sarmiento y en el CONICET, Buenos Aires, Argentina. 

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Viernes 5 de febrero de 2016, 11 de la mañana
Sala Caracol de la UNEAC (17 y H, Vedado)

1/12/2016

Dos años sin leyes sustantivas en el parlamento cubano: demasiadas pausas, ninguna prisa

Estuve tentado a escribir una entrada antes de concluir el año, que pretendía hacer un análisis balanceado sobre los derechos de las personas con sexualidades no heteronormativas en Cuba.

Por adversas circunstancias profesionales no estaba de humor para hacerlo, además del desbalance evidente con que se mueve este tema en nuestro país, propiciado por un marasmo en el marco de las políticas y por el postergado debate participativo en la sociedad cubana.

Al mismo tiempo noté como el  2015 cerró con cuatro legislaturas de la Asamblea Nacional de Poder Popular en las que no se aprueba ninguna Ley sustantiva y las cuestiones de la economía nacional siguen acaparando «los debates» de las diputadas y diputados.  La Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos trató muchos temas, pero no se debaten —al menos en público— sobre como perfeccionar nuestra democracia a todos los niveles.

Me preocupa en lo particular por qué nuestros legisladores no ejercen su función de hacer propuestas legislativas y que el protagonismo siga siendo ejercido por los funcionarios de nuestros ministerios, estrechamente monitoreados por el Partido.

Los cambios que se requieren para promover políticas que se ajusten a las apremiantes y crecientes necesidades de nuestra población también deben operar en el marco legislativo.

¿Por qué no se hace público — de acuerdo a los derechos del soberano, es decir los electores— el programa o plan legislativo?, ¿hasta cuándo vamos a seguir presenciado debates interminables llenos de lugares comunes y que no conllevan a acciones específicas?, ¿por qué nuestros diputadas y diputados, tan diversos y representativos de la sociedad cubana, no tienen la preparación profesional para legislar?

En una de las sesiones de la Comisión de asuntos de la mujer y la juventud, transmitidas edición mediante por la televisión nacional, se trató el tema de la violencia de género. En el soso intercambio se mencionó por fin la palabra género, pero no se pronunció en ningún momento machismo o patriarcado, este último una ideología tan consustancial y naturalizada por el imaginario de hombres y mujeres.

Digo todo esto porque en términos de derechos de las personas con sexualidades no heteronormativas cualquier iniciativa o demanda institucional o de la sociedad civil colisiona con estos problemas.

En Cienfuegos las Redes Sociales Comunitarias por los Derechos Sexuales acaban de publicar una carta abierta al Parlamento cubano, que según se ha dicho, será canalizada a través del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). En ella se reunieron más de 300 firmas por el reconocimiento del matrimonio igualitario.

Tengo un flash back recurrente cuando leo esas iniciativas y sé muy bien sobre sus frustres impactos. Pero eso no significa que no sigamos demandando desde el activismo social lo que nos corresponde como ciudadanos que seguimos viviendo en esta isla.

Me sumo con mi firma,  siempre y cuando se genere un debate con propuestas de cambios tangibles en la institución del matrimonio, de la estructura de las familias nucleares, del poder del patriarcado en todos los órdenes de la vida familiar. También demando la inclusión de la facilitación de la adopción para toda la ciudadanía interesada en ejercerla,  en términos legales no burgueses.

Abogar por el matrimonio tal y como se define en la actualidad es como mínimo un gesto reaccionario. Por eso debe extenderse la discusión a otros elementos relacionados con el ámbito familiar, como son la violencia de género (tanto real como simbólica), los derechos reproductivos de las mujeres lesbianas, de las personas transgénero y de los hombres, entre otros.

Nuestro presidente ha llamado reiteradamente a actuar contra toda acción de derrotismo. Tomemos entonces acciones concretas dentro del marco de la legalidad para impulsar nuestros derechos para este año. De pronto logramos que algunos de los vicepresidentes —también diputados con larga experiencia—, que aparecen en televisión reunidos con los ciudadanos en importantes centros económicos, también lo hagan con los grupos sociales más desfavorecidos y escuchen de primera mano sus demandas. [Centro Habana, 12 de enero de 2016]

12/04/2015

Invitación al estreno del documental "Enriqueta y Adela"

Dos mujeres trans que han enfrentado al patriarcado en tiempos históricos diferentes. “Enriqueta y Adela”  es un documental del realizador Rolando Almirante, basado en el texto de Julio César González Pagés “Por andar vestido de hombre”.

 

Te invito a la premier el próximo lunes 7 de diciembre a las 5:30 pm en el Cine – Teatro América, en Galeano entre Neptuno y Concordia. Allá nos vemos.

 

11/04/2015

Los pensamientos parafílicos de Luque o la Ley, lo moral y lo natural

Luis Luque, ex periodista de Juventud Rebelde, es un católico practicante. Desde hace años expresa continuamente sus malestares y preocupaciones en relación a las sexualidades y los cuerpos que no se ajustan al dogma de la Iglesia católica. En la publicación de mi entrada sobre el poliamor, compartida en la página de Facebook de mi amigo Paquito el de Cuba, Luque ha opinado:

 

«Ya puestos, ya sobrepasado cualquier límite dictado por la ley moral natural, la relación podría incluir al gato, con lo que sería una cuatrieja zoofílica. Y a un cactus, con lo que sería una quinteja zoofitofílica. Claro, que eso de meterle mano a un cactus es cosa que hinca un poco.»

 

gato Sobre los pensamientos parafílicos y el derroche de fantasías sexuales de Luque no me extenderé, solamente puedo asegurar médicamente que muchas prácticas parafílicas no son necesariamente enfermedades mentales, mientras ninguno de los participantes salgan dañados, además de que alguna de ellas comienzan expresándose desde los deseos y fantasías más interiores. Los colegas psicólogos le llaman a eso proyección.

 

CactusPero lo más importante es cómo Luque usa los términos «ley moral natural». Al parecer se refiere al dogma de una Iglesia que se ha tambaleado de un escándalo sexual en otro, convenientemente barridos bajo la alfombra y que sigue causando víctimas tanto dentro como fuera de sus templos. Ni la moral es un asunto natural ni acepto Ley alguna que coapte la libertad para expresar la sexualidad y las potencialidades del cuerpo, ni cómo me relaciono eróticamente con los demás, siempre y cuando sea consensuado entre las partes y se haga de forma responsable.

 

Al parecer ese ha sido el sentir del Krysztof Charamsa, sacerdote excomulgado por declarar públicamente su homosexualidad. El ex miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Estado Vaticano ha dicho que después de un “largo y atormentado período de discernimiento y oración”, había tomado la decisión de “rechazar públicamente la violencia de la Iglesia hacia las personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales”.

 

Otro tema sobre la sexualidad en las iglesias cristianas, que se ha movido en los medios internacionales recientemente, tiene que ver con el documental Amores Santos. Considerada la primera película grabada desde la internet, un joven actor tuvo relaciones sexuales on-line con 5000 religiosos  de 36 países de las iglesias católicas, anglicana, evangélica y bautista. Al parecer ninguno era cubano, si no hubiese sido muy difícil acceder al contenido de la escandalosa noticia.

 

Aunque no concuerdo con las declaraciones del mencionado actor cuando considera como enfermas a determinadas prácticas sexuales virtuales realizadas con atuendos religiosos, el filme parece decir a gritos lo que todo el mundo sabe: la represión de las relaciones sexuales (heterosexuales y  homosexuales)  desde los dogmas de las iglesias genera sufrimientos, angustias y una avidez intencional por practicarlas.

 

Esta entrada no es antirreligiosa ni anticatólica, ni siquiera contra Luque, sino más bien antifundamentalista, antioscurantista y contra el poder de las iglesias. Creer en un Dios desde la culpa y apelar a una moral aparentemente natural para controlar el cuerpo, niegan a muchos valores humanos proclamados históricamente por las religiones. Urge un cambio de las doctrinas de las iglesias en relación al cuerpo y las sexualidades. Lo de Luque es su opinión y nada más. [Centro Habana, 3 de noviembre de 2015]

10/23/2015

Poliamor: entre la monogamia y matrimonio

Mi pareja y yo llevamos diecisiete años en una relación amorosa feliz, imperfecta y riquísima en experiencias gratificantes. Hace siete meses compartimos la relación con otro hombre, con quien convivimos actualmente.

Una trieja puede ser más difícil que una pareja. Ya sabemos que consensuar intereses entre dos son de por sí complejos, con uno más que integre una relación consolidada es todo un desafío.

La cultura, la familia, la sociedad están preconcebidas para la monogamia heterosexual. Ese es el paradigma, lo que se concibe como políticamente correcto y como natural, pues se piensa desde el control social y desde la deseable reproducción de la especie humana.

El poliamor es totalmente legítimo, aunque no sea tema de interés de la política ni de la academia en Cuba. Proporciona tanto bienestar y placer como la convivencia en pareja. Las triejas existen en nuestro país, no sólo entre parejas del mismo género sino también con géneros diferentes. No son una rareza, sólo que deben ser discretas.

Los acuerdos que cada unión son siempre individuales, más o menos flexibles. Las relaciones eróticas en un trio amoroso pueden ser abiertas o cerradas, pues no siempre se comparte eróticamente entre todos sus miembros, aunque exista intimidad, compromiso y un proyecto de vida conjunto.

Una trieja implica modificaciones de las dinámicas familiares, que transitan por un reajuste de la relación amorosa, tanto material, como en los planos espirituales y eróticos. Se enfrentan incomprensiones, que en nuestro caso son pan comido, pues ya estamos entrenados en vivenciar muchos duelos y pérdidas, solamente por amar a una persona del mismo género.

Más allá de la complejidad que esto implica, el poliamor desarticula la hipócrita monogamia impuesta por la heterosexualidad, reproducida fielmente por muchísimas parejas del mismo género.

Aunque muchas personas la proclama y la defiende,  la monogamia no siempre se corresponde con los deseos más íntimos. La fidelidad, el sentido de la posesión hacia la persona amada, terminan problematizando las relaciones con las frecuentes “traiciones”, “desamores” y  otros demonios que tornan a los seres humanos muy infelices.

Un colega, terapeuta sexual, decía en una de sus brillantes conferencias que no entendía por qué el ser humano se empeñaba en convivir en pareja cuando su consulta estaba llena de personas con malestares de este tipo.

Otra destacada especialista cubana, ya reconoce en su discurso que las relaciones poliamorosas son parte de la cotidianidad, pero le preocupaba «el derecho» de las niñas y los niños a la hora de las posibles rupturas de estas uniones. Claro, ella habló desde su enfoque personal y no científico, porque la vida, desde que nacemos, tiene ganancias y pérdidas y lo duelos son parte de esa experiencia maravillosa que es vivir. Tampoco existen evidencias científicas que sustenten lo que la experta dijo en relación a la disolución de las triejas y los derechos de la infancia. En definitiva, algunas separaciones son una bendición para las y los infantes, cuando estas ponen fin a la violencia doméstica acumulada por años.

Si de matrimonios se trata, esta entrada se escribe con la llegada a mi buzón de mensajes de avanzada y otros muy reaccionarios. Se supo con beneplácito que una pareja de hombres canadienses disolvieron su matrimonio para igualar su estatus con otro hombre al que se unieron hace tres años. La noticia puede ser vista como un retroceso, pero tiene una carga simbólica muy radical, que deviene en denuncia a las políticas inflexibles que no reconocen la diversidad de uniones y se alejan, con su utilitarismo, de las múltiples dimensiones del amor.

La noticia reaccionaria y persistentemente homofóbica viene de la experta en Derecho de Familia Heteroparental, la Dra. y profesora titular de la Universidad de La Habana, Olga Mesa. En el recién culminado evento sobre Abogacía, la académica conminó a la ciudadanía a casarse, porque el cuarenta por ciento de las uniones de hecho consensuales no prosperan legalmente cuando tratan de disolver el vínculo. Lejos de adoptar una posición revolucionaria y atemperada que incluya el reconocimiento legal de nuevas formas de unirse, en pleno siglo XXI convoca escandalosamente a las parejas heterosexuales a casarse, so pena de no ser reconocidas legalmente. Si esto no es violencia epistémica en complicidad con los medios de difusión que alguien me lo demuestre.

Mientras tanto, Camilo, Frank y yo seguiremos apostando por aprender a convivir amorosamente los tres. Ya comenzamos a sentirnos hombres muy afortunados, el tiempo, y solamente el tiempo, tiene la última palabra. [Centro Habana, 23 de octubre de 2015]

 

9/29/2015

Disculpas y rectificación sobre el post «El Papa Francisco me simpatiza, pero.»

Mi post más reciente «El Papa Francisco me simpatiza, pero…» no se ajusta  al contexto del discurso de Su Santidad en las Naciones Unidas. Su contenido se inspira en una nota de prensa sobre una declaración de la reconocida organización chilena por los Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh).

En ningún momento el sumo pontífice se refirió a la homosexualidad en su discurso. Los temas comprendieron la dignidad humana, el respeto a la vida, el desarrollo humano, la protección del medio ambiente, la lucha contra la pobreza, la omnipotencia de minorías humanas, los conflictos bélicos y los derechos humanos, entre otros.

El segmento en cuestión dice:

"Sin el reconocimiento de unos límites éticos naturales insalvables y sin la actuación inmediata de aquellos pilares del desarrollo humano integral, el ideal de «salvar las futuras generaciones del flagelo de la guerra» (Carta de las Naciones Unidas, Preámbulo) y de «promover el progreso social y un más elevado nivel de vida en una más amplia libertad» (ibíd.) corre el riesgo de convertirse en un espejismo inalcanzable o, peor aún, en palabras vacías que sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción, o para promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables. La guerra es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente. Si se quiere un verdadero desarrollo humano integral para todos, se debe continuar incansablemente con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y entre los pueblos."

 

Mi principio es comprobar las fuentes y esperar el tiempo necesario antes de citar. Lamentablemente confié en el reportaje sobre la declaración de Movilh y mi lenta conexión por modem impidió acceder al discurso original (ahora tengo internet en casa, pero con menor acceso a cualquier página por la lentitud de la conexión).

 

Pido disculpas por lo ocurrido. No es justo ni ético citar a persona alguna fuera de contexto. Desde mi propia experiencia sé muy bien lo que eso significa.

 

No obstante, mantengo mis criterios e interrogantes enunciadas en el post en relación a la Iglesia católica y su doctrina sobre el cuerpo, los géneros, las sexualidades y los parentescos.

 

Pecaría de ingenuo si creyese en bellas palabras que se estrellan contra milenios de ignominia y oscurantismo. Reitero: me simpatiza el Papa Francisco, pero no le creo cuando se sexualidades y géneros se trata. [Centro Habana, 29 de septiembre de 2015]

9/28/2015

El Papa Francisco me simpatiza, pero.

El Papa Francisco me cae bien. Mi ateísmo empedernido no me impide apreciar su carisma, su estilo desenfadado, su cercanía con la gente, sobre todo humilde.

También coincido con muchas de sus declaraciones y me ha sorprendido su posición personal acerca de la igualdad de género, sobre los efectos de la globalización, la transculturalización, su sentido de la solidaridad y el amor al ser humano.

En cuestiones de sexualidad el Santo Padre fue un poco más lejos cuando dijo hace dos años “¿quién soy yo para juzgar a un gay?”. En esa misma declaración agregó que se oponía a cualquier lobby. Se refería sin dudas a los movimientos políticos que abogan por el respeto de los derechos de las personas con sexualidades no heteronormativas.

Durante su visita a Cuba, parece que no se refirió directamente a este tema, de hecho, usó en varias ocasiones la palabra familias, en plural, aunque no quede claro si se refiere a todas sus configuraciones o solamente a la que el dogma católico reconoce como legítima.

En la sede de las Naciones Unidas por fin saltó la liebre. Allí se refirió a las uniones entre personas del mismo sexo como la promoción de una “una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables”.

Francisco, su Santidad, defiende a capa y espada los derechos humanos para todos, al parecer algunos derechos, los que le convienen a la Iglesia Católica desde hace siglos, cuando a golpe de colonización borró culturas edificadas en milenios, saqueó e impuso identidades y maneras de pensar que generaron muertes en la hoguera, torturas y sufrimientos.

Tal irresponsabilidad consideró por siglos a las mujeres como cuerpos sin almas, se instituyó el matrimonio y la familia monogámica como un espacio de sometimiento, estratificado en poderes. El costo lo estamos pagando todavía.

¿Cómo se atreve el Santo Padre a hablar de igualdad de género si no se les permite a las mujeres tener títulos jerárquicos en la Iglesia al igual que los hombres?, ¿por qué se les impone a la curia el celibato?, ¿por qué se controla el cuerpo de las mujeres y su derecho a decidir sobre la reproducción, aun cuando corren peligro de muerte?

Su cinismo sin límites, no condena al pecador, pero sí al pecado de la homosexualidad. Parece progre Jorge Mario Bergoglio, casi suena como de izquierda, me cae bien, pero no le creo. [Centro Habana, 28 de septiembre de 2015]

 

8/12/2015

Carta abierta a Rector Universidad de Camagüey

La Habana, 11 de agosto de 2015

 

Dr. Santiago Laje Choy
Rector de la Universidad de Camagüey

 

Estimado Rector,

 

El profesor de Teoría Sociopolítica y Máter en Ciencias Noel Manzanares Blanco publica en varios sitios digitales internacionales de izquierda, supuestamente desde una posición político ideológica marxista, revolucionaria y martiana.

En numerosas artículos el también miembro del Consejo de las Ciencias Sociales y Humanistas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, ha opinado sobre las personas con sexualidades y géneros que no se ajustan a las normas heterosexistas imperantes en Cuba a nivel institucional y cultural. Me refiero específicamente a las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgénero.

Desde el punto de vista ideológico, sus postulados no tienen referente alguno con la teoría marxista, más bien se centra en el viejo enfoque estalinista que en la versión cubana devino en la conjunción de un marxismo-leninismo dogmático, del cual sabemos muy bien sus perniciosas consecuencias en relación a las sexualidades y géneros no heterosexuales. De hecho, contradice los Objetivos de Trabajo del Partido Comunista de Cuba en relación a las discriminaciones por orientación sexual.

Más recientemente el consejo editorial del sitio español de izquierda Cubainformación se vio obligado a retirar una columna homofóbica del profesor Manzanares y en la nota aclaratoria reconoció que  «existen ciertas líneas rojas que en este y otros artículos del autor se sostiene una postura que rebasa algunas de ellas». Los desatinos del profesor provocaron una amplia repulsa en los blogs y las redes sociales, fuera y dentro de Cuba.

Aunque he sabido que en estos momentos el profesor Manzanares se encuentra cumpliendo misión en la República Popular de Angola, la presente misiva pretende denunciar su recurrente enfoque anticientífico, biologicista, positivista, discriminatorio, homofóbico y patriarcal, además de dejar constancia de mi profunda preocupación ética y política por los posicionamientos de un profesional que integra las filas del prestigioso centro de altos estudios que usted dirige.

 

Saludos cordiales,

 

 

Dr. Alberto Roque Guerra
Miembro de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad
Profesor  e investigador de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana

7/31/2015

Ley de Identidad de Género andaluza: el terror de los psiquiatras y la larga espera de las personas trans en Cuba

Una querida colega, licenciada en Psicología, Máster en Sexualidad y experta en la atención a las personas transexuales en Cuba ha compartido entre algunos profesionales su preocupación por el negativo impacto que, a su entender, ha tenido la aplicación de la Ley integral 2/2014, de 8 de julio, para la no discriminación por motivos de identidad de género y reconocimiento de los derechos de las personas transexuales de Andalucía.

Mi colega, ahora jubilada, pero muy activa en los avatares científicos y académicos sobre sexualidad, vive temporalmente en España y ha expresado su alarma  porque no se tome en cuenta la evaluación psicológica obligatoria en la atención a las personas transexuales desde que se promulgó la mencionada Ley.

Ella alude que se ha generado una cruzada contra los profesionales de la salud mental, que se pueden infligir daños ante la posibilidad de que las personas transexuales reciban atención de profesionales de la salud no calificados (violación del principio bioético de no maleficencia) y que los servicios privados lucrarán aún más con las necesidades de estas personas.

Aunque hice mis indagaciones con activistas ibéricos y con algunos profesionales del ramo y me han dicho todo lo contrario, puede que mi colega tenga razón, yo en definitiva vivo en La Habana y no puedo opinar sobre lo que pasa en la Comunidad Autónoma de Andalucía.

Pero si echamos una ojeada a la Ley andaluza veremos que es muy integral, y debo destacar que es mucho más abarcadora y revolucionaria que la argentina. En ella se reconocen la autonomía de la persona para decidir libremente sobre el reconocimiento  y expresión de la identidad de género con la que se identifica sin mediación alguna de los profesionales de la salud.

Que pase en Andalucía no es casual, pues fue esa la comunidad pionera en ofrecer un modelo de atención de salud a las personas transexuales de forma gratuita y universal, además de la influencia decisiva del fuerte movimiento por los derechos humanos de las personas trans.

 

La flamante Ley comprende principalmente los siguientes elementos:

 

1.      medidas de integración e inserción social y contra la transfobia;

 

2.     de asesoramiento, orientación, apoyo y defensa de los derechos reconocidos y lucha contra la discriminación en los ámbitos social, sanitario, cultural, laboral y educativo;

 

3.     de protección especial a las mujeres transexuales (doble discriminación);

 

4.     de capacitación y sensibilización del personal al servicio de las administraciones públicas de Andalucía;

 

5.     de fomento del asociacionismo, redes de autoapoyo y ayuda;

 

6.     de evitación de estereotipos y su difusión a través de los medios de comunicación;

 

7.     de fomento de la formación y la investigación en las universidades andaluzas en materia de autodeterminación de género;

 

8.     de participación social; de confidencialidad y protección de datos personales;

 

9.     de dotación de acreditaciones acordes a la identidad de género para el acceso a los servicios administrativos en condiciones de gratuidad sin alteración de sus derechos y obligaciones;

 

10.  de atención sanitaria a través del Servicio Andaluz de Salud mediante el acceso a la cartera de servicios existente y con tratamiento acorde a su identidad de género y consentimiento informado;

 

11.   de formación específica de los profesionales clínicos; de establecimiento de indicadores de seguimiento sobre tratamientos, terapias, intervenciones y técnicas, entre otros;

 

12.  medidas antidiscriminatorias en el ámbito laboral y políticas activas de ocupación;

 

13.   medidas diversas en el ámbito educativo y de coordinación con el ámbito sanitario en relación con los menores que manifiesten una identidad de género distinta a la asignada al nacer;

 

14.  de apoyo y protección a las víctimas de delitos, especialmente cuando se trate de crímenes de odio basados en la identidad de género, expresión de género u orientación sexual, con acceso a los servicios de apoyo y protección de víctimas de violencia de género.

 

Las personas trans andaluzas deben sentirse en una especie de nirvana si se cumple todo lo que la Ley comprende. Su letra y espíritu resuenan con enfoque emancipatorio, de corte progresista y socialista. Me sonrojo con sana envidia cuando escribo estas líneas.

Es lógico que los especialistas de la salud mental estén aterrorizados, sobre todo han perdido el poder sobre los cuerpos de las personas transexuales. Doy fe de que la mayoría de mis colegas de la salud mental que he conocido profesionalmente han ofrecido apoyo y han logrado aliviar el sufrimiento que experimentan estas personas, muchas veces a contrapelo del stablishment salubrista vigente que no reconoce ni invierte en políticas para estas personas. Pero al mismo tiempo los protocolos vigentes en la mayoría de los países, siguen considerando al especialista de salud mental como el líder y portero de los grupos multidisciplinarios que se dedican a la atención de las personas transexuales.

En nuestro país sigue siendo de esa manera y hasta donde tengo conocimiento se continúa considerando a la transexualidad como una trastorno de la identidad de género (mi colega antes citada sigue usando esa terminología diagnóstica que cambió en 2011). Más aún, desde mi experiencia percibí que las cuestiones teóricas sobre el género eran del dominio preponderante de los expertos en salud mental, situación que crea considerables contradicciones en el desempeño profesional.

La atención en Cuba a las personas transexuales es gratuita y universal, pero pobremente accesible, pues sigue siendo centralizada en La Habana. Aunque se utiliza el consentimiento informado con enfoque dialógico, las personas transexuales deben cumplir con criterios de eligibilidad y aptitud para las cirugías de reasignación sexual, lo cual conlleva al cumplimiento de estereotipos de género masculinos o femeninos que son revisados por las y los expertos en salud mental que integran la comisión. Las y los infantes con expresiones de género que no coinciden con el sexo asignado no disponen de la misma cobertura que las personas trans adultas.

Adicionalmente, la identidad personal y la personalidad jurídica  en Cuba están ancladas a la categoría sexo (léase aspecto de los genitales y excepcionalmente los cromosomas sexuales) y nuestros juristas y legisladores siguen considerando que el género se refiere solamente a la equidad entre hombres o mujeres mientras que la identidad de género es un asunto que solamente le atañe a las personas transexuales. No es ocioso recordar la alta resistencia ignorante de algunos de los diputados que opinaron sobre el tema en la discusión del anteproyecto de la Ley Código de Trabajo.

Mientras tanto, las personas trans en Cuba siguen esperando. Sobre todo porque desde 2010, cuando declaramos que estábamos a favor de la despatologización de la transexualidad, no hemos hecho mucho por hacer realidad este sueño.

Desde los discursos y prácticas académicas se percibe todavía demasiado autoritarismo y muy poca humildad en comprender que los enfoques bioéticos deben extenderse a una dimensión de derechos humanos y no solamente en su aplicación utilitaria y principalista.

Resulta raro ver una persona trans cubana abogar por cambios en las políticas que reconozcan sus derechos, que a mi entender deben partir de no considerar a las identidades trans o cualquier transgresión de las normas de género como trastornos mentales.

Percibo una tendencia sostenida de las personas trans a orbitar con demasiado acatamiento a las decisiones institucionales en relación a sus derechos humanos. Aunque el CENESEX ha dado pasos positivos en este sentido, creo fervientemente que el proceso de cambio que se requiere debe articular a todas las instituciones, a la academia y a una sociedad civil robusta y vibrante, que proponga, participe e interpele para mejorar las cosas continuamente. De esa manera habrá menos terrores, preocupaciones y sufrimientos. [Centro Habana, 31 de julio de 2015]